La confrontación del orden social se ha presentado
durante toda la historia de la humanidad.
En los últimos años hemos visto el desfile de rebeldes deseosos de
enfrentar la sociedad en que les ha tocado vivir, desde los jipis de la década
de 1960 y los guerrilleros comunistas hasta los movimientos ecológicos o de las
ecoaldeas con su permacultura y la ilusión de que salvarán el Planeta.
En la tradición judeocristiana, los profetas son la
primera expresión revolucionaria, aunque no sabemos con certeza si eran
personajes reales o parte de la mitología inventada por los sacerdotes de Yahvé
para ganarse el favor del pueblo y de los reyes. De lo que sí estamos seguros, porque así nos
lo muestran las investigaciones arqueológicas modernas, es que antes del exilio
babilónico Israel era politeísta y entre sus dioses figuraba ese tal Yahvé,
cuyos sacerdotes querían todo el poder y al cual accedieron después del exilio
cuando contaban con el apoyo del imperio persa: remplazaron al rey y anularon
los otros dioses con sus sacerdotes.
Moñona. Si usted revisa la Biblia
encontrará que no hay profetas después de que el clero asume el gobierno como
lacayo del imperio, recaudador de impuestos y administrador de justicia: ya no
eran necesarios en los planes del clero.
También el cristianismo apareció como un movimiento
alternativo. Sus “guerrilleros” eran
monjes y sacerdotes dispuestos a asesinar para asumir el control de un imperio
pagano o politeísta que estaba en crisis.
Uno de los casos de la violencia cristiana fue el asesinato, en el año
415, de la investigadora y profesora Hipatia de Alejandría, para no contar la
bárbara persecución y discriminación de quienes no querían someterse al nuevo
sistema totalitario. Siempre los
revolucionarios blancos o rojos terminan convertidos en terroristas para
imponer su ideología. Los miembros del
movimiento alternativo que combatía al régimen cristiano se llamaban
herejes. Como siempre ha sucedido en
toda sociedad cerrada, los enemigos del sistema fueron masacrados por la
Inquisición y las cruzadas.
Con el fracaso del racismo nazi y la sociedad sin
clases de los marxistas, el capitalismo ha recibido ataques de muchos frentes
que en los últimos años se atrincheran en torno al movimiento ecológico. Consideran que el desarrollo de la sociedad
de consumo, o su fracaso, necesariamente acabará con el planeta o nos conducirá
al caos. Como no sirvió mucho la protesta
de los artistas ni el terror de la guerrilla, la moda es huir al campo y crear
comunidades vegetariana autosuficientes.
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