Uno de los aspectos más chocantes del proyecto de
educación sexual montado por la izquierda en Bogotá reside en que se hizo a
nombre de la ciencia y la democracia, como si la ciencia autorizara desconocer
las tradiciones culturales, éticas y religiosas de la familias de los
niños. Cuando los padres protestaron,
los imberbes maestros rechazaron sus críticas porque, según ellos, obedecían a
la mentalidad adultocentrista. Como
quien dice, “nosotros los maestros de izquierda representamos la visión de los
párvulos y les enseñamos lo que nosotros consideramos más adecuado. No nos importa sus tradiciones, como para
Petro nada significa la cultura taurófila de la burguesía”. Es el mismo argumento de las guerrillas
comunistas: “nosotros podemos cometer todo tipo de crímenes porque
representamos al proletariado y nos tiene sin cuidado su Derecho y su moral”.
Por otro lado, la intención no disimulada de los
maestros de la libertad sexual absoluta era suprimir todo tabú, todo misterio,
toda reglamentación de la relación sexual o, lo que es lo mismo, dar rienda
suelta a todo tipo de perversiones. Nunca
consultaron a otros expertos o a los padres de familia sobre las consecuencias
de su improvisada estrategia. Nunca se
preguntaron los funcionarios de la Secretaría de Educación si esos muchachos
tenían la madurez emocional y sexual para dictar el curso. Nunca se plantearon si el problema de la
identidad sexual de los niños era asunto exclusivo del saber o si en ello tenía
alguna importancia el proceso de identificación con los padres. Tampoco se preguntaron sobre las
implicaciones del inconsciente de los niños o sobre su futuro emocional y
sexual. Simplemente, despreciaron
cualquier otro concepto burgués o adultocentrista porque tales cosas no tienen
mayor importancia para la única y verdadera ciencia revolucionaria.
En el año 2012, el programa de Caracol televisión,
Séptimo día, denunció el proyecto de educación sexual importado de España sin
ningún estudio previo sobre sus eventuales implicaciones en nuestros niños o
sobre las opiniones de los padres.
Impresionaba el desprecio por nuestras tradiciones de los responsables
de la Secretaría de Educación y de los encargados de proyecto.
Lo grave del asunto es que hoy, en 2015, se sigue
utilizando en otras ciudades esa metodología perversa para educar a los
muchachos, como si los maestros de Fecode y del marxismo criollo hubiesen
descubierto la sexualidad a su manera y no tuviesen que rendir cuentas a nadie,
y menos ahora que la ministra de Educación, la mediocre Gina Parody, se ha
dedicado a complacer al sindicato de educadores en todas sus exigencias para
que no molesten los planes de Juampa, orientados a entregar la presidencia de
la República a alias Timochenko.
Más grave aún que los comunistas acaben con la
economía de un país como Venezuela es su absoluto desprecio por las tradiciones
culturales, morales y religiosas de una comunidad porque siempre las han
considerado parte de la superestructura o ideología burguesa que debe
desaparecer como su economía de mercado.
Yo no puedo entender que después del fracaso de Maduro, del inepto
Petro, del carrusel de la contratación en Bogotá y de la locura de las
guerrillas haya todavía colombianos dispuestos a votar por la izquierda. Es
mejor pícaro conocido que honrado por conocer.
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