Siempre he
considerado ambiguos los calificativos de izquierda y derecha aplicados a los
movimientos guerrilleros, en particular al M-19, dados sus claros vínculos con
el peronismo y con la ANAPO del General Rojas Pinilla. Significativo es el
vínculo del médico Carlos Toledo Plata, uno de los fundadores del M-19, con
esos dos movimientos de derecha. También
debemos recordar la importancia del catolicismo y su teología de la liberación
en la organización revolucionaria gaucha como la ruptura que se dio entre las
FAR, Fuerzas Armadas Revolucionarias, y la izquierda marxista. En Colombia,
además, se complica el análisis si algunos líderes del M-19, como Iván Marino
Ospina, fueron expulsados de las FARC.
Toda esa
confusión obedece, sin duda, a que estos movimientos revolucionarios
aparecieron en nuestra América cuando el descrédito del marxismo era un hecho
en todo el mundo, aunque su fracaso definitivo no se hizo evidente hasta el año
1989 con la simbólica caída del Muro de Berlín.
Es la misma confusión que apreciamos en todos esos partiditos de la mal
llamada izquierda colombiana, en los que cabe toda la gama del espectro político
siendo los casos del Polo y de la Alianza Verde los más llamativos. Por eso, tal vez, presenciamos el desacuerdo
entre Navarro Wolff y Gustavo Petro cuando este empezó a incurrir en todo tipo
de errores y arbitrariedades en su paso por la alcaldía de la Capital.
Si el enredo
es grande entre los líderes de ese sancocho llamado Polo Democrático
Alternativo, mayor es entre los ciudadanos mal informados que nada saben de
ideologías. No, para el pueblo todos
esos movimientos contestatarios, sean de derecha o izquierda, son la esperanza
o la vía adecuada para expresar su impotencia y su protesta contra una casta
política tradicional descaradamente corrupta e inepta. Al menos dos ejemplos confirman el
planteamiento anterior. Uno, cuando
Petro se retiró del Polo, organizó su partidito y obtuvo los votos de los
inconformes bogotanos, mientras Aurelio Suárez, el candidato oficial del Polo,
apenas sí superó el uno por ciento de los votos. Dos, Pasto y Nariño han sido
gobernados, con excelentes resultados, por militantes de la izquierda, pero
ninguno tiene una clara tradición marxista.
Recordemos los últimos cinco gobernadores de Nariño: Parmenio Cuéllar,
Eduardo Zúñiga, Antonio Navarro Wolff, Raúl Delgado y Camilo Romero; todos
ellos han realizado una excelente gestión que contrasta con los desaciertos de “Lucho”
Garzón, Clara López, el nieto del General Rojas Pinilla y Gustavo Petro en
Bogotá.
La conclusión
me parece obvia: si las FARC hacen las cosas bien, podemos apostar que sin
mucho esfuerzo podrán tomarse indefinidamente las alcaldías de Pasto y Bogotá
como la gobernación de Nariño; pero la condición para que eso suceda es
elemental: que sus elegidos actúen como Navarro y no como Petro. Mas si a la Presidencia logran llevar un
personaje con el estilo de Petro, el castro-chavismo se tomaría a Colombia, y
quienes votaron “sí” en el plebiscito se arrepentirán de haberlo hecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario