lunes, 8 de agosto de 2016

ESTÁN COMO LOCOS LOS DEFENSORES DEL SÍ


Es tal la locura o la posición cerrada y terca de los defensores del “sí” que cuando un extraño nos dice que el enfoque general de los diálogos es equivocado, inmediatamente aparecen los insultos y las correcciones sin importar que el entrometido sea profesor de Harvard y especialista en economía latinoamericano.  Me refiero al profesor James A. Robinson, uno de los autores del libro Por qué fracasan los países, quien escribió un artículo en El Espectador el pasado mes de diciembre para sostener que un acuerdo de paz con las guerrillas, basado en una reforma agraria, estaba condenado a fracasar y que debiéramos pensar en la educación como la mejor estrategia para salir del subdesarrollo y dar mejores oportunidades a todos.
Varios columnistas de ese mismo periódico trataron de imbécil y mal informado al profesor de Harvard; la Silla Vacía recopiló alrededor de 21 artículos de diversos medios, casi todos en contra del “metiche”, que no presentaban al menos un argumento serio; aunque algunos expertos ponderaron el aporte de Robinson, las cosas se quedaron así hasta cuando otro “metido”, Andrés Oppenheimer, dijo lo mismo con la elemental metáfora del tinto, ya comentada en mis escritos.

Son muchos los colombianos que no somos uribistas y que tenemos serias reservas con relación a los diálogos de paz; pero la planadora de la Unidad Nacional y del mamertismo fariano ha intentado desprestigiarnos con el sambenito uribista y el insulto.   El simple hecho de que los acuerdos van a ser usados como coartada para dejar en la impunidad más de 40 años de falsos positivos del ejército colombiano me parece razón suficiente para negar el plebiscito. Además, creo que Robinson tiene toda la razón y que, por eso, los acuerdos están creando, con las ZRC, las condiciones para que el conflicto se mantenga.  

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