miércoles, 10 de agosto de 2016

LA MINISTRA MINTIÓ OTRA VEZ


Los colombianos nos hemos acostumbrado a los montajes hipócritas del Ministerio de Educación, como en el caso de los contratos para la alimentación de los escolares, adjudicados algunos por el mismo Ministerio; o en aquel otro programa de Ser pilo paga, cuestionado por muchas fallas, pero especialmente por los miles de millones de pesos gastados en una publicidad inútil y que solo sirve a los intereses personales de Gina Parody.  Ahora, esperó dos semanas para montar otro sainete aprovechando algunas cartillas pornográficas que circularon en las redes para salir a denunciar, con todo el cinismo del caso, “una campaña de manipulación masiva” contra el MEN organizada desde la Procuraduría General de la Nación por los homofóbicos llenos de odio, contra otros, como ella, que solo quieren la paz y que no se discrimine a los niños. ¡Qué ternura!
En la entrevista de la W estuvo a punto de salirse con la suya cuando Julio Sánchez retomó una pregunta de Camila Zuluaga que con gran habilidad la Ministra había evadido y la farsa quedó en evidencia.  Se trataba de las mismas “guías” cuestionadas por una diputada santandereana, una asociación de colegios de la misma ciudad y muchos padres de familia.  La salida de la Ministra no pudo ser más olímpica: se trata de unos borradores, dijo, que se filtraron. Cualquier oyente pudo pensar que se habían lanzado las guías por medio de terceros para que la Ministra pudiera lavarse las manos; pero eso sí, quedó claro que el cuento de las cartillas pornográficas era solo una coartada.
Pero profundicemos un poco en los contenidos de las guías. Uno de los puntos más discutibles del documento -así lo haya lanzado la ONU con todas las organizaciones de gustos eróticos exquisitos- es el exabrupto de que los niños aprenden la identidad de género o, lo que es lo mismo, que la biología o la genética nada cuentan.  Nótese que es exactamente lo contrario a lo dicho por Fanny Kertzman en una entrevista para El Tiempo: El homosexual nace; no se hace.  Pues bien, este último criterio era sostenido por la ciencia médica en el pasado.  Ambas posiciones extremas están equivocadas en la medida en que son parcializadas.  El gran problema de las ciencias en esta materia es definir la influencia mutua que ya sabemos que existe entre la biología y la cultura, entre los genes y el medio ambiente, entre lo natural y lo simbólico.  El tabú del incesto, base de nuestra organización social, se encuentra en ese límite entre lo que se hereda y lo que se aprende.

Tampoco se trata, como escribió un bloguero despistado, que no se debe escuchar a los moralistas religiosos porque nuestra Constitución en laica; más que moral el problema es cultural, análogo en este aspecto al generado por las corridas de toros.  El MEN o sus guías deben respetar las diferencias culturales y no caer en los abusos de la administración Petro con sus cartillas de educación sexual francamente perversas.

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