Los
colombianos nos hemos acostumbrado a los montajes hipócritas del Ministerio de
Educación, como en el caso de los contratos para la alimentación de los
escolares, adjudicados algunos por el mismo Ministerio; o en aquel otro
programa de Ser pilo paga, cuestionado por muchas fallas, pero especialmente
por los miles de millones de pesos gastados en una publicidad inútil y que solo
sirve a los intereses personales de Gina Parody. Ahora, esperó dos semanas para montar otro
sainete aprovechando algunas cartillas pornográficas que circularon en las
redes para salir a denunciar, con todo el cinismo del caso, “una campaña de
manipulación masiva” contra el MEN organizada desde la Procuraduría General de
la Nación por los homofóbicos llenos de odio, contra otros, como ella, que solo
quieren la paz y que no se discrimine a los niños. ¡Qué ternura!
En la
entrevista de la W estuvo a punto de salirse con la suya cuando Julio Sánchez
retomó una pregunta de Camila Zuluaga que con gran habilidad la Ministra había
evadido y la farsa quedó en evidencia. Se
trataba de las mismas “guías” cuestionadas por una diputada santandereana, una
asociación de colegios de la misma ciudad y muchos padres de familia. La salida de la Ministra no pudo ser más
olímpica: se trata de unos borradores, dijo, que se filtraron. Cualquier oyente
pudo pensar que se habían lanzado las guías por medio de terceros para que la
Ministra pudiera lavarse las manos; pero eso sí, quedó claro que el cuento de
las cartillas pornográficas era solo una coartada.
Pero
profundicemos un poco en los contenidos de las guías. Uno de los puntos más
discutibles del documento -así lo haya lanzado la ONU con todas las
organizaciones de gustos eróticos exquisitos- es el exabrupto de que los niños
aprenden la identidad de género o, lo que es lo mismo, que la biología o la
genética nada cuentan. Nótese que es
exactamente lo contrario a lo dicho por Fanny Kertzman en una entrevista para
El Tiempo: El homosexual nace; no se hace.
Pues bien, este último criterio era sostenido por la ciencia médica en
el pasado. Ambas posiciones extremas
están equivocadas en la medida en que son parcializadas. El gran problema de las ciencias en esta
materia es definir la influencia mutua que ya sabemos que existe entre la
biología y la cultura, entre los genes y el medio ambiente, entre lo natural y
lo simbólico. El tabú del incesto, base
de nuestra organización social, se encuentra en ese límite entre lo que se
hereda y lo que se aprende.
Tampoco se
trata, como escribió un bloguero despistado, que no se debe escuchar a los
moralistas religiosos porque nuestra Constitución en laica; más que moral el
problema es cultural, análogo en este aspecto al generado por las corridas de
toros. El MEN o sus guías deben respetar
las diferencias culturales y no caer en los abusos de la administración Petro
con sus cartillas de educación sexual francamente perversas.
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