Iván Tabares Marín
Si pensamos unos minutos en
las condiciones vividas por los norteamericanos a comienzos del siglo XIX,
podemos comprender la necesidad de los nativos de tener una religión propia:
las religiones existentes habían sido creadas en otras culturas; el número de
extranjeros aumentaba en forma alarmante; muchos sentían la urgencia de dar
identidad a la nación mediante nuevos valores; era un período de crisis,
pobreza y confusión religiosa.
Se trataba entonces de crear
una saga en la que Estados Unidos apareciera como el pueblo elegido de Dios, y
qué mejor manera de hacerlo que mostrarlo emparentado con las tribus perdidas
de Israel y con Cristo, el Hijo de Dios.
Para ello, el cuento debe empezar hacia el año 600 antes de Cristo,
cuando el Abraham gringo, Lehi, huye de Jerusalén pues los ejércitos babilonios
van a llegar a destruirla. El patriarca
pasa a Arabia y después de un largo viaje logra llegar a la “deshabitada” Norteamérica.
Entonces surgirán dos razas,
una buena y otra mala, de piel blanca los primeros y los otros de raza oscura. Estos últimos llamados lamanitas destruirán a
los virtuosos y darán origen a los indios que vemos en las películas de
vaqueros. La tribu elegida por Dios, los
nefitas, que recibirá la visita de Jesús resucitado, desaparecerá mil años
después de haber salido de Israel. Toda
esa leyenda será el tema del Libro del Mormón, que Joseph Smith descubrirá en
tierra americana, guiado por un ángel, cuando apenas tenía 22 años, en 1827.
Como sucede casi siempre con los profetas,
Smith era pobre y se había dedicado a leer cuanto libro caía en sus manos. Sufrió el fenómeno sicológico, ya descrito en
esta columna, del retiro-retorno. Cuando
alguien se retira del mundo por alguna razón y se dedica a leer o a meditar,
puede salir de su aislamiento convencido de que tiene una misión divina y se le
aparece un ángel. Así nació la iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Como todos sabemos, la
comunidad de los mormones sufrió muchas persecuciones, en particular, por
aprobar la poligamia, la que se abolió en 1890. Su último refugio, después del asesinato de
Smith, fue Salt Lake City, Utah. Aunque
apenas cuenta con un poco más del 2 % de los norteamericanos entre sus seguidores,
es una iglesia de gran poder económico, con muchos seguidores en el FBI, la CIA
y el ejército americano.
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