Amor
líquido
Iván
Tabares Marín
Las
relaciones humanas, y en particular las relaciones de pareja, vienen
presentando tales cambios que los análisis de los expertos parecen claramente
anacrónicos. Ya el amor no es lo que era
en el período romántico. El objetivo de
todo ser humano era la estabilidad
cuando de encontrar pareja se trataba. El amor era sólido; ahora, por el contrario, es líquido.
Todos,
jóvenes y adultos, nos movemos entre dos extremos. Por un lado, el número de personas que viven
solas sigue aumentando, de tal manera que hoy llega al 12 % de los colombianos;
por el otro, el miedo al compromiso estable se está convirtiendo en un motivo
universal. Si la soledad nos aterra, la
desconfianza en el otro es casi una obsesión.
Inventamos juegos para que la infidelidad sea aceptada y no nos
angustie, como el intercambio de parejas o los tríos, entre otros. Además, las parejas semiadosadas o de tiempo
parcial que aborrecen compartir la casa es ahora el ideal, síntoma inequívoco
de la superficialidad de nuestras relaciones.
Se trata de compartir tiempo y espacio si hay ganas, pero es mejor no
compartir el apartamento, la cuenta bancaria y el círculo de amigos. Toda
relación de pareja es una relación de bolsillo, desechable o fácil de cambiar,
como una mercancía cualquiera.
Si
antes buscábamos pareja, hoy el mundo virtual nos ofrece una red, cuyos lazos
son tan débiles que no amenazan nuestra libertad y es fácil romperlos. El sexo, como el amor, se ha vuelto virtual. “Las uniones no tienen en qué apoyarse salvo
en el chateo y los mensajes de texto”.
“Actualmente, la sexualidad ya no es el epítome del posible placer y la
felicidad. Ya no está mistificada
positivamente en tanto éxtasis o transgresión, sino negativamente, en tanto
fuente de opresión, desigualdad, violencia, abuso e infección letal”.
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