Acoso sexual y laboral
Iván
Tabares Marín
Andrés
Pastrana había llegado a la presidencia de la República y nombrado a Jaime
Arias Ramírez en la presidencia del Seguro Social. El partido Conservador decidió sacar a un
profesional del volante de su taxi y llevarlo a una de las gerencias de la
seccional del ISS en Pereira. Este
sujeto trató de acariciar contra su voluntad a una doctora liberal, con el
argumento de que como ahora mandaban los godos, ella tenía que “aguantarse” si
no quería perder el puesto. El
presidente del Seguro prometió que destituiría al delincuente; pero pasaron los
meses y no cumplió. Unos cuatro meses
después La Tarde publicó una denuncia mía sobre el caso, previa autorización de
la víctima. Al día siguiente, Jaime
Arias destituyó al infame.
La
historia tiene sus efectos colaterales que la comunidad no conoce. Dos semanas después fui llamado a indagatoria
por la Fiscalía, acusado por todos los gerentes seccionales, como cinco, de
injuria y calumnia pues, en su cínica opinión, yo no había dado el nombre del
agresor y todos se sintieron afectados, a pesar de que todos conocían el
asunto. El bandido se presentó con éxito
unos meses después a las elecciones para el Concejo de Dosquebradas. La Fiscalía archivó el proceso contra él
porque la justicia nuestra es ciega, sorda y vive en cruceros por el Caribe.
El
objetivo de mi denuncia no era la destitución del acosador; quería mostrar los
extremos a que se puede llegar cuando los trabajadores y las trabajadoras no
tienen estabilidad laboral que garantice
sus derechos y su dignidad. Por ese
entonces se habían generalizado en el sector asistencial los contratos de
prestación de servicios que, como lo ha repetido la Corte Suprema de Justicia,
sirven para robarles a los empleados sus prestaciones y de contera –cosa que no
ha dicho la Corte- acosar a las damas y mantener una forma de esclavitud o de
acoso laboral manejado por los políticos de todos los partidos: “si no me
consigues votos, te quito el respaldo y perderás el puesto en el hospital”; “si
no vas a mi catre, tu familia morirá de hambre”.
De
nada han servido las reiteradas solicitudes de los sindicatos y los movimientos
de izquierda para que el Congreso cumpla con el mandato constitucional de
expedir un estatuto del trabajo. Por el
contrario, ahora se están inventando mil artificios para eludir la discusión de
la reforma a la seguridad social. Por la
presión de las EPS que no quieren perder
su tajada en el negocio, como también por los intereses de los partidos, que no
van a sacrificar su oportunidad de ganar votos mediante el acoso sexual y
laboral, la reforma fracasó.
La
doctora ultrajada fue citada a una reunión con el agresor y con otros gerentes
para tratar de convencerla de que no denunciara el hecho. En esa reunión uno de los gerentes del ISS
dijo que él se acostaba con todas las funcionarias de su oficina y ninguna
había dicho nada (existe una grabación de esa reunión). Si bien algunas empleadas se dejan seducir
voluntariamente por su superior, otras aceptan por el temor de ser reubicadas o
perder su puesto.
De
esta historia debe quedar muy claro que el sistema empleado por los políticos
para alimentar la nómina del sector público es una conducta perfectamente bien
tipificada como acoso laboral.
Necesitamos ciudadanos y ciudadanas con valor, sometidos a esa forma
moderna de esclavitud, que denuncien penalmente
a los políticos que se aprovechan de la miseria y el desempleo para sus
fechorías.
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