Iván Tabares Marín
El estudio de la historia de las religiones nos
permite, entre muchas posibilidades interesantes, la oportunidad de escoger la
que mejor se adapte a nuestras expectativas.
Ahora, si su selección se limita al cristianismo, el menú ofrecido es
muy variado. Veamos.
Las discusiones
entre los teólogos determinaron caprichosamente los componentes de cada secta o
“platillo” y dejaron en cada ciudadano la opción de comprar lo que más le
apetecía aunque, claro, la mayoría de las veces se nos obligaba “comer” el
plato ordenado por el rey o el imperio invasor. A los colombianos se nos obligó a consumir el
plato fuerte guisado por el mal gusto de los españoles en el preciso momento en
que Europa degustaba de la Reforma protestante, la “sopa” de los ricos.
Pero vamos al principio. La Iglesia romana decidió que Jesús era Dios
y hombre al mismo tiempo. Para mi gusto,
la receta de los nestorianos tiene mejor sazón.
Nestorio predicaba que Jesús había sido creado por Dios y compartía
exclusivamente nuestra naturaleza. En
cuanto al pecado original, considero que es una mala salsa. Me gusta más el condimento de los cristianos
ortodoxos y otros hermanos nuestros:
Cristo no vino redimirnos de un supuesto pecado transmitido a través de
los genes; vino a enseñarnos el camino de la perfección y del amor.
Por otro lado, Pablo, Agustín, Lutero y sus amigos
coincidieron en que la fe, dada por Dios a unos y negada a otros, era la
condición necesaria de la salvación. Estamos predestinados. Me rebelo a aceptar tal barbaridad, aunque la
Iglesia de Francisco le haya agregado que la buena conducta también cuenta. Para mi gusto la fórmula de Pelagio es
mejor: el mérito de las buenas acciones es lo que nos salva. Una vida disciplinada y respetuosa de los
otros tiene que valer por sí misma y asegurar la felicidad. El cielo y el infierno están aquí.
Las tres grandes religiones de un solo Dios, el Islam,
el Judaísmo y el Cristianismo, ofrecen en su menú el misticismo como plato
fuerte. Para el caso cristiano, esta
perspectiva ha tomado mucha fuerza entre algunos fieles. Si usted es de aquellas personas dedicadas a
capacitarse, trabajar, hacer una familia y buscar la felicidad, está
equivocado. Dios está al final de un
largo camino de meditación. Venimos al
mundo para negarlo. ¡Pamplinas! Disfruta la comida con un buen vino y ama a
tu pareja; esa es tu parte.
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