lunes, 29 de octubre de 2018

UNA GUÍA PARA EUROPA




Viajar por en Europa en uno de esos planes baratos es una oportunidad para cuestionarnos a nosotros mismos y, también, para escudriñar la opinión que las guías españolas o tal vez todos los europeos tienen de los latinoamericanos en materia cultural.

En Madrid, por ejemplo, nos señalaron el edificio de donde se arrojó la bomba que por poco le quita la vida al rey Alfonso XIII y, una cuadra más adelante, el edificio donde probablemente estuvo encarcelado el rey de Francia, Francisco II. Entonces me pregunté por qué no se ampliaba la información: si era por la velocidad de esos paseos, porque la guía suponía que todos sabíamos de las circunstancias de esos hechos o simplemente se pensaba que a esos “pobres indiecitos” no les importa la historia.

Ya en Alemania sucedió algo más desconcertante. Mientras tomaba un café con la guía le pregunté por qué no había dedicado una parte de sus comentarios al evento tan importante de la Reforma protestante con motivo de sus 500 años. “Ya lo hice”, me contestó sin disimular cierto fastidio. “Cierto -le contesté- pero solo hablaste un minuto”. “Es suficiente”, me dijo.

Luego, dedicó la guía más de media hora a contarnos los chismes y desamores de Isabel de Baviera, mejor conocida como Sissi, esposa del emperador de Austria Hungría, Francisco José, de la dinastía de los Habsburgo. Recordemos que la historia de la neurótica y enferma Sissi se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX, después de revolución de 1848 que marcó el principio del fin de las monarquías europeas. Sin embargo, de aquello nada se dijo. Entonces empecé a dudar de la preparación de estas señoras.

Estuve a punto de parar el bus para bajarme cuando la guía, una italiana, nos informaba que estábamos pasando por el campo de Fiori en Roma. Quería rendir un homenaje a Giordano Bruno, llevado a la hoguera allí mismo por la Inquisición en el año 1600; también quería recordar la tragedia del pueblo judío cuando en esa misma plaza fueron quemados en el siglo XIII sus libros sagrados, como el Talmud y los textos de la cábala, porque contenían doctrinas que no se acomodaban a los dogmas católicos. Los libros eran “los herejes mudos” entonces

En Venecia sucedió un episodio muy desagradable. La guía italiana explicaba los orígenes de la devoción al evangelista san Marcos que da nombre a la plaza. “Debe ser una leyenda porque no se sabe quién o quiénes escribieron los evangelios”, comenté. “Es la fe, señor”, dijo la señora elevando su voz sin ocultar su fastidio.
Fuera de algunas referencias a los estilos arquitectónicos y a las obras de arte en los museos, la información histórica es escasa. Las guías europeas prefieren hablarnos del caníbal de Rotemburgo que de nuestras raíces culturales. Algo está fallando en las agencias de viaje. Tendré que viajar con Diana Uribe

viernes, 26 de octubre de 2018

UN DIVÁN PARA PETRO





Hace unos años intenté en mi columna de prensa una introducción a la lingüística.  Para regresar a ese cuento, debemos recordar que lo real no es lo que está frente a nuestros sentidos, según nos han enseñado la física moderna desde principios del siglo pasado; que nuestra mente tiene una manera de conocer que modifica, construye u organiza las sensaciones que nos llegan del mundo exterior. Para comprenderlo debemos imaginar nuestro paisaje externo antes de que existiera una mente humana capaz de conocerlo y traducirlo en palabras. Ese mundo prehumano sería como el que nos describe la física cuántica: un mundo de energías y corpúsculos sin colores, sin formas, sin olores y sin sonidos, porque estos últimos aparecieron cuando surgió un cerebro humano capaz de definirlos.

Para ordenar ese mundo caótico de lo real nuestra mente tiene un registro que se conoce como simbólico o, lo que es igual, el registro de las palabras o del lenguaje articulado.  Si bien, los animales tienen un lenguaje, el nuestro es articulado, distinto al de ellos, que nos permite interpretar o leer la realidad de una manera lógica o con sentido. De allí que cuando un paciente llega a una clínica diciendo que es Napoleón Bonaparte y que va a acabar con los corruptos, el médico dirá: “tiene una falla en el registro simbólico”.  Es la misma experiencia que alguna vez hemos tenido cuando despertamos en una finca después de una fiesta o en el hotel de otro país. En el momento no sabemos dónde estamos (falla del registro simbólico), pero pronto recordamos y ordenamos la película, nuestro tiempo y nuestro espacio.

Hay otro registro necesario para conformar nuestra mente y nuestra realidad. Es el imaginario. Este completa nuestro mundo y es el responsable de nuestras ilusiones, sentimientos, sueños y utopías; si no fuera para este registro, en el “otro” humano solo veríamos un conjunto de músculos, tendones, órganos y desechos. Gracias al imaginario, el otro es el objeto de mi deseo o el motivo de mi odio.

Nuestra realidad humana se constituye, pues, por medio de tres registros: lo real, lo imaginario y lo simbólico. El proceso a través del cual ingresamos a ese mundo de lo simbólico se da en los primeros años de vida en el drama de encuentros y desencuentros con los otros, con mi madre y mi padre o con quienes cumplan tales funciones.

Decía el psicoanalista Jacques Lacan: “Lo que es demasiado traumático para quedar integrado en los simbólico regresa a lo real como construcción paranoica”. Pensemos en el trauma de Petro al no poder llegar a la presidencia después de obtener ocho millones de votos que jamás imaginó.  Después de las elecciones no ha expresado una sola idea sensata o positiva; ataca, insulta, calumnia, ve enemigos por todas partes. “Tiene una falla en lo simbólico”, diría el psicoanalista. Está paranoico.

jueves, 25 de octubre de 2018

EL ERROR FUNDAMENTAL DE LA IGLESIA




Hace unos treinta años, uno de esos magos que leen el futuro en una bola de cristal pronosticó que por estos días se acabaría la iglesia católica como consecuencia de las revelaciones de los Rollos del mar Muerto. Aunque fue grande la discusión en torno a esos textos descubiertos a mediados del siglo pasado, no tuvieron ninguna influencia importante en los creyentes ni en la doctrina.

Cualquier persona podría pensar que el error primordial cometido por el catolicismo fue el establecimiento del celibato obligatorio del clero, determinante de la crisis actual y que pone en peligro los cimientos mismos de la religión de Pablo. Otros, como el teólogo Hans Küng, dirían que el error garrafal de Roma fue no haber aceptado la Reforma luterana y no haber dialogado con los protestantes. Para otros eminentes teólogos luteranos las cosas habrían marchado mejor si no se hubiesen fusionado las sencillas y sublimes enseñanzas de Jesús con la filosofía griega o las creencias paganas de los gnósticos.

¿Cuál fue el error fundamental del cristianismo? Una respuesta particular la dio el filósofo y psicoanalista nacido en Constantinopla Cornelius Castoriadis (1922–1997): el error básico de los cristianos es creer que podemos amar a Dios. En íntima relación con este planteamiento se encuentra en todos los monoteísmos (judaísmo, cristianismo e islam) la crítica al antropomorfismo o a la consideración de Dios como persona.  Desde el siglo VI antes de Cristo los filósofos griegos se mofaban de esa forma de ver a los dioses: “si lo caballos creyeran en los dioses, los pintarían como caballos”. 

Tales discusiones llevaron a algunos a optar por el panteísmo o por el escepticismo. Así sucedió entre los judíos después de los siglos XII Y XIII cuando nació en el sur de Francia el movimiento de la cábala. Con esta forma de interpretación se buscaba un sentido oculto de las sagradas escrituras pues Yahvé no habla como los humanos.  En el siglo XVII, también dentro del judaísmo, el filósofo Baruch Spinoza se planteó el mismo asunto y concluyó que Dios es todo, motivo por el cual fue expulsado de su religión por los rabinos. Hasta el mismo Albert Einstein respaldaría esta visión panteísta de Dios en el siglo XX como también lo harían otros científicos.

A finales del siglo XVIII, cuando en Alemania se iniciaba una de las revoluciones culturales más trascendentales de la humanidad, el romanticismo, también se discutió el problema de Dios como persona, pero esta vez en un ambiente protestante. Mientras algunos poetas veían a Dios en cada elemento de la creación, otros iniciaron el movimiento del desencanto o del ateísmo que en algunos países europeos ya comparte el 80 por ciento de la población.

Cada uno de nosotros puede proponer el error fundamental del cristianismo. Lo mismo podemos hacer con otras organizaciones. ¿Cuál fue el error fundamental del marxismo?  En otra nota lo discutiré.

miércoles, 24 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS IV




En 1930 apareció en París un profesor ruso, Alexander Kojéve, dispuesto a enseñarles a los franceses los planteamientos filosóficos de un alemán activo por allá en el 1800, Federico Hegel. Entre sus discípulos se encontraban algunos de los futuros genios del pensamiento europeo de gran influencia en todo el mundo.

Un norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama, quien había estudiado en París las ideas de Hegel y Kojéve, publicó en 1991 el texto El fin de la historia y el último hombre. Con el fracaso del marxismo, no quedaba otra alternativa para la humanidad que la democracia y liberal y el capitalismo como mejor forma de reconocimiento a todo ser humano.  Pues si algo caracteriza al ser humano, o su deseo fundamental, es ser reconocido o aceptado por los otros, y ningún otro sistema podría satisfacerlo. Como es obvio, la izquierda se opuso a semejante conclusión porque, para ella, el fin de la historia era otro, como también para las religiones monoteístas.

Cuando Fukuyama estudiaba en París, el movimiento filosófico que predominaba era el estructuralismo; entre sus principales impulsores estaban el marxista Louis Althusser, Michel Foucault, el psicoanalista Jaques Lacan, el etnólogo Claude Levi-Strauss y Roland Barthes, entre otros.

El estructuralismo es una aplicación de la lingüística y la semiología a la reflexión sobre el hombre dado que toda relación humana puede ser reducida a una relación de sentido. El lenguaje es la prisión del hombre; la razón está estructurada como un lenguaje; vivimos en una dimensión simbólica de la que no podemos escapar; el juego de significados y significantes nos determina y define.

Así como cada palabra o fonema (unidad básica del lenguaje) se determina por su relación o diferencias con los otros elementos del discurso, el individuo o cada ser humano se define por el lugar que ocupa en la estructura social, familiar, política y económica, o por las relaciones o diferencias con los otros elementos de la estructura. El sujeto humano como entidad autónoma o como esencia o como ser único e irrepetible no existe. Cada uno es parte de un engranaje o una pieza de un rompecabezas o una palabra en un párrafo. Y es solo eso.

Como siempre pasa, a cada movimiento filosófico el sigue otro que llega para destruirlo. En un texto, que el francés Michel Onfray escribió el año pasado y se tradujo al español en junio de este año, intenta ridiculizar al estructuralismo. “Este es el sentido del antihumanismo estructuralista: el hombre ha sido expulsado del mundo, que ya no está constituido sino por estructuras. Ya no hay obrero explotado por su patrón, ya no hay mujer golpeada por su marido violento, ya no hay niños sometidos a la sexualidad de un pedófilo (…) solo hay relaciones invisibles, estructuras indefinibles (…) Lo real se ha disuelto. Al menos en los libros” (Decadencia, 2018, editorial Paidós)
“Nunca antes el nihilismo filosófico había llegado tan lejos” (ibidem)

martes, 16 de octubre de 2018

FRACKING




De la forma como la nación colombiana enfrente este asunto dependerá nuestra seguridad económica futura y la posibilidad de que nuestros municipios reciban mil millones de dólares al año por regalías; un incremento de nuestras exportaciones de hidrocarburos calculado en aproximadamente 15.000 millones de dólares; el abastecimiento suficiente en gas que evite los incrementos de las tarifas de energía en el anunciado fenómeno del niño; una reservas de gas para los próximos 20 o 30 años, y muchos otros beneficios.

 El primer obstáculo que tenemos para que todo eso sea una realidad es político o ideológico. Tanto la extrema derecha como la izquierda intentan manipular el terror del cambio climático y de la inevitable futura desaparición de nuestro planeta para ganar seguidores, obtener votos y ratificar sus mediocres ideologías. En este caso particular, buena parte de la falsa información procede de los Verdes desde 1970 aproximadamente.

Contra esa orientación cuasirreligiosa de la ecología ha surgido otro movimiento soportado por la ciencia y que ha tomado diversos nombres: ecomodernismo, ecopragmatismo, ecologismo humanista y movimiento azul turquesa.  Steven Pinker presenta una de las premisas de esta nueva ecología: “la disyuntiva que enfrenta el bienestar humano contra el daño ambiental puede renegociarse mediante la tecnología”.

Ahora entremos en materia. El domingo pasado, se publicó en El Tiempo una separata con amplia información sobre el fracking, respaldada por las más importantes empresas vinculadas a la explotación de hidrocarburos y las asociaciones de profesionales del ramo con el propósito de ilustrarnos y denunciar la mitología que circula en diversos medios. Este artículo solo intenta resumir ese informe.

Hay dos tipos de yacimientos de hidrocarburos. En el convencional, la roca en la cual se encuentra el hidrocarburo es altamente porosa, lo que facilita el flujo de hidrocarburos; en el yacimiento no convencional (YNC), los hidrocarburos se encuentran atrapados en lo que se llama la roca generadora que es de baja permeabilidad, ya que sus poros no están conectados entre sí y no les permiten fluir”. El fracking o técnica del fracturamiento hidráulico de la roca que genera el hidrocarburo se utiliza en el YNC.

Enumero a continuación algunos de los mitos inventados por el fanatismo ecologista:

- El fracking genera sismos. En realidad, solo puede generar microsismos imperceptibles para el ser humano.

- Contaminación de los acuíferos. No es cierto. Los pozos quedan hasta con seis barreras (tubería y cemento) que aíslan los acuíferos aprovechables para prevenir su contacto con los fluidos inyectados o producidos por el yacimiento.

- Uso de químico tóxicos y secretos.  Falso. Los aditivos usados no entran en contacto con el ambiente ni con las comunidades porque el manejo se hace en sistemas cerrados.

- Sale a la superficie material radiactivo. En Colombia no se han encontrado materiales radioactivos en los YNC.

En fin, hay otras falacias, pero los colombianos tenemos normas estrictas que nos protegen de abusos o daños ecológicos.

sábado, 13 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS III


El significado y el significante


Esta es la tercera parte de un escrito que titulé inicialmente “Filosofía para todos” y que luego llamé “la presencia”. Comentaba que entre el pueblo de Israel en diáspora surgió la cábala o una nueva forma de interpretar la Torá o lo que en nuestra Biblia llamamos el Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Los judíos vivían en guetos en las distintas ciudades cristianas de Europa, en el siglo XIII, cuando fueron denunciados los comentarios que sus eruditos habían hecho en el libro del Talmud y en las interpretaciones de la cábala aparecida en esos años. La Iglesia ordenó la incautación y quema de tales libros por considerarlos heréticos. No se podía buscar un nuevo significado para las palabras de la Biblia distinto al que la Iglesia de Roma había establecido.  El libro no autorizado por Roma se llamó “el hereje mudo”.

Pero pronto aparecieron sacerdotes y líderes cristianos que cuestionaban las doctrinas de la Iglesia, convencidos de que cada palabra o significante de los textos sagrados permitía otros significados u otras interpretaciones, de tal forma que era imposible determinar un significado o un sentido último de cada palabra. El significante no se dejaba agarrar o reducir a un solo sentido. Esta situación interna del cristianismo llegó a su pleno desarrollo con la Reforma protestante en el siglo XVI. Lutero y sus seguidores establecieron que la palabra de Dios tiene un significado personal para cada creyente y que no era necesaria la autoridad de la Iglesia para entender el mensaje.  

De la primacía del significado establecido por el poder del rey y del papa pasó occidente a la primacía del significante. Comenzaba la era moderna. Si la palabra de Dios era diferente para cada ser humano, el fin de la Iglesia y del poder del rey era cuestión de tiempo. Ya se anunciaba la democracia, la libertad de pensamiento, la igualdad de todos los seres humanos, el surgimiento de la ciencia. Ya todo estaba dado para una revolución del significante.

Fueron necesarios los avances científicos del siglo XX y los logros de la lingüística o de la semiología para que se completara la denuncia de la vieja filosofía u ontología y de la mitología de “la presencia”. El logocentrismo o metafísica del ser nos había engañado; ningún pueblo tiene el secreto de la verdad o de Dios y por eso se reveló la ilusión del etnocentrismo; el falocentrismo, el lenguaje de los machos para esclavizar a las mujeres, mostraba su aberración. La verdad no está en el principio; no hay un centro o referente del discurso; el significante no está amarrado a un significado; no hay sentido.

Es muy curioso que dos judíos, Jaques Derrida y Emmanuel Levinas, hayan sido dos de lo principales artífices de la crítica a todo el pensamiento occidental. El segundo cambiará la filosofía del logos por la ética del Otro; pero es otro cuento.




viernes, 12 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS II

LA PRESENCIA


Señalaba en la nota anterior que algunos pensadores contemporáneos han tomado una posición crítica frente a toda la cultura occidental, en particular contra la filosofía y la tradición judeocristiana.  Para entendernos mejor, partiré de los orígenes de la religión judía, tal como aparece en sus libros sagrados, antes de referirme a la filosofía.  La validez del judaísmo se basa en una presencia, la de Yahvé, que hablaba a los patriarcas y le entregó los diez mandamientos a Moisés en medio de gran aparato.

Por los mismos años, en los siglos VI y V antes de Cristo, los griegos iniciaban la filosofía o la versión de la razón sobre el mundo y la condición humana. Allí también el soporte del discurso o de la verdad es una “presencia” llamada “el Ser”. Como correspondía a esa edad precientífica, los pensadores creían estar conociendo la realidad, explicando el mundo y lo humano, por medio de su razón, y se imaginaban que la presencia, el ser, estaba ahí, al frente, como el Dios de los hebreos, el logos, la verdad.

Con el cristianismo, Dios y el Ser se convierten en uno.  Dios mismo toma un cuerpo en Cristo, y el evangelista Juan lo llamaría el “logos”, la verdad o la razón. La síntesis del pensamiento griego, politeísta y pagano, con el judaísmo, monoteísta y trascendente, es lograda por san Pablo. Recordemos que Pablo era judío, hablaba griego, y pensaba que con el cristianismo se acababan todas las diferencias, somos una hermandad con un solo Dios, con una palabra que solo tiene un significado y que no admite nuevas interpretaciones. Un solo padre, una humanidad, un Dios, una autoridad, una verdad, una presencia, un dogma.

Solo faltaba una espada como garantía o condición del pensamiento único. Cuando el evangelista puso en labios de Jesús aquello de “dad a Dios lo que es del Dios y a Cesar…” comenzó ese coqueteo con el imperio que terminaría con un dañado y punible ayuntamiento en las postrimerías del siglo IV. Un emperador cristiano y español, Teodosio el Grande, y un papa también español, Dámaso I, fundaron la única verdad. Occidente comenzó la oscura y larga noche de la Edad Media.

En el siglo XIII, se consolidó la unión del cristianismo con la filosofía griega a través de la Escolástica y de la Suma Teológica de Tomás de Aquino. Sin embargo, poco tiempo después empezaron a surgir pensadores inconformes como el monje franciscano Guillermo de Ockham que cuestionaba el sentido del lenguaje. También apareció por ese entonces en el sur de Francia un movimiento místico y de nueva interpretación de los libros sagrados del judaísmo conocido como la cábala.

La cábala buscaba un nuevo sentido en los libros sagrados dando, por ejemplo, un número a cada letra, relacionando distintos párrafos o textos e intentando explicar la situación adversa del pueblo elegido.  (Continuará)

jueves, 11 de octubre de 2018

FILOSOFÍA PARA TODOS




En secundaria nos enseñaban que el problema que más inquietaba a los filósofos era el de la relación sujeto-objeto y de la forma como nuestra mente conocía la realidad. Por influencias religiosas y de la filosofía escolástica, se nos enseñaba que la verdad era la concordancia o proximidad que existía entre nuestra idea y la realidad o el objeto.  Esa perspectiva ingenua o elemental, precientífica todavía se mantiene en las discusiones que tenemos en las redes sociales.

Desde finales del siglo XVIII con pensadores como Emmanuel Kant y F. Hegel todo ese cuento cambió y se nos mostró con la mente no es como una cámara fotográfica que capta la realidad, sino que es activa o crea su propia realidad. En otras palabras, nuestra manera de conocer, las posibilidades de nuestros sentidos y nuestras categorías o estructuras cerebrales solo nos permitían llegar a la realidad de una manera muy limitada y acomodada.

Luego aparecieron los maestros de la sospecha, como Marx, Freud y Nietzsche, que mostraron que, además, nuestra visión del mundo y de nosotros mismos estaba supeditada a nuestras relaciones con la economía o materia, con los conflictos del inconsciente y las arbitrariedades del lenguaje. Estábamos tan equivocados, que el edificio creado por la humanidad hasta entonces empezó a derrumbarse, Dios fue declarado muerto y comenzamos el siglo XX sin saber qué camino tomar.

Los filósofos decidieron cuestionar el conocimiento científico y buscar una opción para que la filosofía siguiera existiendo al principio del siglo XX, en el momento en que la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica tomaban la delantera.  Un genio alemán, llamado Edmund Husserl, encontró la salida con lo que se llamó la fenomenología. Se trataba de volver a las cosas mismas, a todos los matices y aspectos que ellas tienen y que eran ignorados por los científicos, siempre dedicados a aspectos parciales de las mismas.

De manera simultánea, un enfoque lingüístico o semiológico empezó a predominar en las ciencias sociales y en la filosofía. Descubrimos que entre nuestras ideas y las cosas estaban las palabras; que el lenguaje es como una prisión en la que vivimos; que los filósofos jugaban con el lenguaje pero que la realidad misma nos era esquiva; que toda relación humana se reducía a una relación simbólica o de juegos del significante con el significado; que, en fin, no hay sujeto ni hay objeto: ambos eran creaciones de la mente.

Pero faltaba lo mejor y más loco. A finales del siglo XX algunos pensadores empezaron a cuestionar toda la filosofía o cultura de occidente. Llevábamos 25 siglos de equivocaciones. Tanto la filosofía desde los griegos como la religión desde los hebreos tenían un soporte falso y, lo que es peor, ese discurso o ese lenguaje ha generado guerras, abusos del poder, discriminaciones, el Holocausto, el nazismo, el marxismo… (Continuará)

sábado, 6 de octubre de 2018

EL LENGUAJE DE SEÑAS




Nicolás Maduro se declaró en la ONU como un continuador de Mandela. Sin embargo, el gobierno de Nelson Mandela fue frustrante para la izquierda porque, en su perspectiva, no pasó nada importante; “Sudáfrica siguió siendo una democracia multipartidista con prensa libre y una economía integrada en el mercado global e inmune a los precipitados experimentos sociales”; además, se mantuvo la miseria de los tiempos del apartheid y una nueva élite negra se unió a la blanca.  De esa forma resume Slavoj Zizek la reciente situación de Sudáfrica. Él es filósofo, psicoanalista, sociólogo y divulgador del pensamiento marxista con gran éxito en todo el mundo con más de cuarenta libros publicados.

En el funeral de Mandela, ocurrido el 10 de diciembre del 2013 con la participación de grandes personalidades de todo el mundo en Johannesburgo, el encargado de repetir los discursos en lenguaje de señas resultó ser un farsante. El hombre alegó, en el momento de ser interrogado por sus extravagantes movimientos, que había sufrido un ataque esquizofrénico incontrolable. Nadie el creyó porque, además, tenía antecedentes delictivos.

En el análisis de Zizek, todo el funeral fue una pantomima porque el mandato de Mandela no llevó a una verdadera revolución socialista, los negros seguían sufriendo, y eso era lo que interesaba a los representantes del capitalismo. De allí que los movimientos sin sentido del falso señante estaban reflejando la realidad de lo ocurrido.

Esa explicación es perfectamente coherente con la ideología del autor, para quien “el comunismo sigue siendo el único horizonte desde el cual no solo se puede juzgar, sino incluso analizar adecuadamente lo que ocurre en la actualidad”. Sin embargo, en una entrevista reciente concedida a un medio argentino, Zizek señaló que la situación actual del mundo es tan confusa que “la izquierda no tiene nada para ofrecer”.

Es un nuevo sofista del intelectual experto en diversos lenguajes que combina de forma caprichosa para criticar el mundo de hoy, capitalista, burgués y próximo a fracasar. No tiene ningún respeto por los códigos pues en una misma página cita a Lacan, Marx, una película de Batman, F. Hegel y hasta una epístola de San Pablo para ratificar sus planteamientos ambiguos. Solamente juega con diversos lenguajes para hacer su lucrativo negocio; es el malabarista de las metáforas y las metonimias como el farsante del lenguaje de señas en el sepelio de Mandela.

Transcribo algunas frases de Zizek para que nos formemos una idea de su pensamiento de izquierda: “Necesitamos una Thatcher de la izquierda”. “Deberíamos seguir la lección del psicoanálisis: el único camino hacia la liberación se da a través de la transferencia, y por eso la figura del amo es inevitable”. “Los auténticos líderes no hacen lo que la gente quiere o planea; le dicen a la gente lo que ellos quieren, y solo a través de estos la gente comprende lo que desea”. “Los sueños ideológicos estructuran la realidad”.