La
ciencia y la academia siempre se mostraron reacias a discutir las cuestiones
relacionadas con el amor porque en su lógica tales asuntos involucran al sujeto
que en principio había sido borrado o tachado.
Nada distinto al objeto, y que pudiese ser explicado en función de
variables y elementos experimentables por los sentidos, ha interesado a los empíricos. Con respeto a las inquietudes del individuo,
como el sentido de la vida, no había otra alternativa que guardar silencio. Otras disciplinas, distintas a la ciencia,
usaron ideologías o mitologías para tratar de llenar ese vacío científico y
responder a las inquietudes e interrogantes que partían de ese sujeto; pero
fracasaron en su intento. No hay un
conocimiento de valor universal sobre el amor y sobre el sujeto o la persona
humana.
Cuando
estamos solos o deprimidos nos invade una sensación de vacío comparable con la
falta de autoestima o con la sensación de no ser; es como si mi persona o mi yo
se desvaneciera de tal manera que algunas individuos no tienen mayor dificultad
en terminar con su vida en estas circunstancias. Mas si en esos momentos difíciles de la vida
aparece una persona que me sonría, me acompañe o me ayude en las dificultades,
sucede una especie de milagro, me encuentro conmigo mismo y siento la sensación
de volver a la vida; me siento importante, me alegro o, lo que es lo mismo, mi
yo resucita, recupera su aspecto: yo existo.
En
otras palabras, la presencia del otro obró el milagro. Una forma de expresar esa sensación de ser
por acción de otra persona puede ser la siguiente: la mirada del otro me devolvió
la vida; el otro constituye o crea mi subjetividad con su presencia o su
mirada. El amigo, un nuevo amor que llega, el hijo que volvió a casa o los
nietos que se acordaron en navidad del abuelo y todos aquellos que posan su
mirada amorosa sobre mí, logran darme el aliento para seguir viviendo, para ser
yo mismo y no diluirme en el terror de la soledad, del no ser o de la muerte…
Como
se ve, el sujeto o mi yo es algo que se pierde y se recupera en cada evento de
la vida. Es una especie de ilusión o creación imaginaria similar al deseo de
vivir. No es que yo ame o que los otros me amen; no, sin amor no somos…
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