La mala experiencia sufrida por la Capital de la República
durante el dominio del Polo por los cuestionados programas de educación sexual,
denunciados en televisión por Séptimo Día y en este blog, es un
buen referente para intervenir en la polémica que ha desatado la demanda del
art. 14 de la ley 1146 de 2007. La
discusión se centra en la edad en que los muchachos deben comenzar a recibir
información sobre sexualidad. Mientras
la norma señala que debe ser en el bachillerato, el demandante, con buen
criterio, cree que debe ser antes, la Ministra de Educación va hasta el
preescolar con el objetivo primordial de evitar los abusos y violaciones de los
pequeños.
Muchos ciudadanos han expresado sus opiniones en el
sentido de que se debe tener en cuenta el material que se va a poner a
disposición de los párvulos, la idoneidad de los docentes y las circunstancias
de cada comunidad. Nada fácil. Para que no se cometan los mismos errores de
Bogotá, los padres de cada colegio o escuela deben ser escuchados porque la
sexualidad atañe a la familia y no es una materia de exclusivo dominio de la
ciencia o el saber académico. Y aunque
nos molesten un poco las intervenciones del señor Procurador, debemos aceptar
que la sexualidad también se relaciona con la moral y la religión, lo que complica
más la discusión y hace más valiosa la opinión de los padres.
Los científicos no se han puesto de acuerdo, por
ejemplo, en los mecanismos biológicos y culturales que definen el deseo o que
hacen que una persona sea heterosexual u homosexual. Es un asunto tan enredado que los fantasmas
inconscientes o los problemas emocionales del tutor son básicos en la buena o
perversa orientación de los niños. De
allí el peligro enorme que implican para los niños aquellas corrientes
académicas que intentan borrar el tabú del incesto, desaparecer las normas
inconscientes que definen la orientación sexual o acabar con el misterio del
sexo: todo es normal o todo está permitido.
Ese es el comienzo de las perversiones, de los conflictos emocionales y,
tal vez, del sin sentido, las drogas y el suicidio.
Cuando hablamos de sexo, tocamos elementos
sociológicos, sicológicos, biológicos, psiquiátricos, éticos, religiosos y
hasta jurídicos. Por eso resulta tan
difícil encontrar un buen maestro de sexología que conozca y respete todos esos
aspectos. Si se trata de “acabar con
todo tabú”, ¿para qué un curso de educación sexual?
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