miércoles, 24 de febrero de 2016

Hablemos de sexo con los niños




La mala experiencia sufrida por la Capital de la República durante el dominio del Polo por los cuestionados programas de educación sexual, denunciados en televisión por Séptimo Día y en este blog, es un buen referente para intervenir en la polémica que ha desatado la demanda del art. 14 de la ley 1146 de 2007.  La discusión se centra en la edad en que los muchachos deben comenzar a recibir información sobre sexualidad.  Mientras la norma señala que debe ser en el bachillerato, el demandante, con buen criterio, cree que debe ser antes, la Ministra de Educación va hasta el preescolar con el objetivo primordial de evitar los abusos y violaciones de los pequeños.

Muchos ciudadanos han expresado sus opiniones en el sentido de que se debe tener en cuenta el material que se va a poner a disposición de los párvulos, la idoneidad de los docentes y las circunstancias de cada comunidad.  Nada fácil.  Para que no se cometan los mismos errores de Bogotá, los padres de cada colegio o escuela deben ser escuchados porque la sexualidad atañe a la familia y no es una materia de exclusivo dominio de la ciencia o el saber académico.  Y aunque nos molesten un poco las intervenciones del señor Procurador, debemos aceptar que la sexualidad también se relaciona con la moral y la religión, lo que complica más la discusión y hace más valiosa la opinión de los padres.


Los científicos no se han puesto de acuerdo, por ejemplo, en los mecanismos biológicos y culturales que definen el deseo o que hacen que una persona sea heterosexual u homosexual.  Es un asunto tan enredado que los fantasmas inconscientes o los problemas emocionales del tutor son básicos en la buena o perversa orientación de los niños.  De allí el peligro enorme que implican para los niños aquellas corrientes académicas que intentan borrar el tabú del incesto, desaparecer las normas inconscientes que definen la orientación sexual o acabar con el misterio del sexo: todo es normal o todo está permitido.  Ese es el comienzo de las perversiones, de los conflictos emocionales y, tal vez, del sin sentido, las drogas y el suicidio.


Cuando hablamos de sexo, tocamos elementos sociológicos, sicológicos, biológicos, psiquiátricos, éticos, religiosos y hasta jurídicos.  Por eso resulta tan difícil encontrar un buen maestro de sexología que conozca y respete todos esos aspectos.  Si se trata de “acabar con todo tabú”, ¿para qué un curso de educación sexual?

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