Películas como Temple Grandin y Mi nombre es Khan nos
han familiarizado con el autismo, un trastorno del desarrollo cerebral que
generalmente comienza en los dos primeros años de vida, se definió hace apenas
hace unos setenta años, se ha aumentado su frecuencia de manera alarmante, es
cuatro o cinco veces más frecuente en los varones que en las niñas y tiene tres
características clásicas: dificultad para la interacción social, problemas de
comunicación verbal y no verbal, y comportamientos repetitivos.
Contra toda la falsa información que circula en
internet, ya la ciencia nos ha mostrado que las vacunas no son causa del
autismo y se mantiene la hipótesis que involucra factores genéticos y
ambientales. La sorpresa en este campo fue
dada por el Dr. Richard Sandler en el año 2000 en un estudio que correlacionó
el crecimiento excesivo de bacterias intestinales potencialmente patógenas y el
autismo.
Ese dato lo acabo de leer en el nuevo libro del
neurólogo y nutricionista David Perlmutter, Alimenta tu cerebro. En esta misma columna de La Tarde reseñé su
texto Cerebro de Pan que también fue número uno entre los libros más vendidos
del New York Times. El nuevo libro se subtitula “el sorprendente
poder de la flora intestinal para sanar y proteger tu cerebro”. Se trate de un nuevo paradigma médico que ya
habíamos empezado a conocer con el libro de la Dra. Giulia Enders, La digestión
es la cuestión.
Algunas bacterias intestinales producen sustancias
tóxicas, como el ácido propiónico, que penetran a la circulación general y
alteran el cerebro. Si el autismo está
relacionado con la flora bacteriana intestinal, el tratamiento consiste en
reemplazarla con probióticos o darle al paciente antibióticos específicos,
aunque la causa misma de esa alteración en las cepas bacterianas pudo haber sido producida por los
antibióticos dados al niño para tratar una infección cualquiera. En algunos casos de niños autistas se utiliza
en Estados Unidos de Norteamérica el trasplante de microbiota fecal (FMT, por
sus siglas en inglés), es decir, la aplicación al paciente de enemas de materia
fecal de una persona sana, con excelentes resultados, como el caso de un
pacientico del Dr. Perlmutter.
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