Cuando usted va por el carril izquierdo con afán
porque lleva a un enfermo en el carro o teme perder su avión y mediante el
cambio de luces o con el pito pide vía, ¿qué hace el pereirano que va
adelante? En franco gesto de desafío,
disminuye su velocidad o, después de una señal obscena con su mano izquierda,
orienta el dedo índice hacia arriba como queriendo decir “pase por encima”.
Nuestra ciudad, con buenas vías que nos permiten
disfrutar la vida y lograr que el tiempo rinda, se ha convertido en un dolor de
cabeza en materia de movilidad porque los carros y motos lentos se han
apoderado de ambos carriles en las grandes avenidas. Parece que no se hace el curso de conducción
porque casi nadie sabe que el carril izquierdo es solo para adelantar o ir
rápido. O no les importa. Ya no está en TV Alfonso Lizarazo para enseñarnos a
conducir sin odio.
Cuando usted hace un pare para ceder la vía a la calle
congestionada que se cruza con la suya, los pereiranos de atrás empiezan a
pitar a insultarlo y a amenazarlo, a diferencia de lo que pasa en otras
culturas donde los carros compiten para colaborar con usted. En Pereira se olvidó el civismo de los abuelos
y no existe la menor consideración con el otro.
Esa misma incultura de las vías se encuentra en muchos
condominios o unidades residenciales. En
muchas de ellas, cuando usted ingresa le presentan un resumen del manual de
convivencia que es la lista de las normas que más se violan: no haga ruido que
perturbe la paz de sus vecinos; siga las normas para botar las basuras; recoja
las heces de su mascota...
Hace unos días usé un parqueadero del centro comercial
La Arboleda con dificultad porque el carro contiguo estaba muy mal
parqueado. Cuando regresé, encontré una
nota pegada sobre el parabrisas que decía: “no encontró más donde parquear
HP?” No pude entender que el conductor
del otro carro, cuyas placas terminaban en 789, se bajara del auto y se bajara a
insultar a un extraño, cuando el mal parqueado era él. Eso hace un pereirano.
En el parqueadero de Home Center, alguien rompió una
de las farolas de mi carro. Si
viviéramos en la época en que existía una condición llamada "clase" o "dignidad",
el culpable me habría esperado para responder por el daño; pero estamos en la
edad de las mafias y los carteles.
Pereira era la ciudad cívica por excelencia. En los últimos años la ciudad viene siendo
tomada por la cultura del “traqueto”,
del arribista, del resentido, del irresponsable; de quien vive amargado
por un odio sin sentido contra él mismo y
contra los otros.
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