miércoles, 17 de febrero de 2016

¿Qué hace un pereirano?




Cuando usted va por el carril izquierdo con afán porque lleva a un enfermo en el carro o teme perder su avión y mediante el cambio de luces o con el pito pide vía, ¿qué hace el pereirano que va adelante?   En franco gesto de desafío, disminuye su velocidad o, después de una señal obscena con su mano izquierda, orienta el dedo índice hacia arriba como queriendo decir “pase por encima”.

Nuestra ciudad, con buenas vías que nos permiten disfrutar la vida y lograr que el tiempo rinda, se ha convertido en un dolor de cabeza en materia de movilidad porque los carros y motos lentos se han apoderado de ambos carriles en las grandes avenidas.  Parece que no se hace el curso de conducción porque casi nadie sabe que el carril izquierdo es solo para adelantar o ir rápido.  O no les importa.  Ya no está  en TV Alfonso Lizarazo para enseñarnos a conducir sin odio.

Cuando usted hace un pare para ceder la vía a la calle congestionada que se cruza con la suya, los pereiranos de atrás empiezan a pitar a insultarlo y a amenazarlo, a diferencia de lo que pasa en otras culturas donde los carros compiten para colaborar con usted.  En Pereira se olvidó el civismo de los abuelos y no existe la menor consideración con el otro.

Esa misma incultura de las vías se encuentra en muchos condominios o unidades residenciales.  En muchas de ellas, cuando usted ingresa le presentan un resumen del manual de convivencia que es la lista de las normas que más se violan: no haga ruido que perturbe la paz de sus vecinos; siga las normas para botar las basuras; recoja las heces de su mascota...

Hace unos días usé un parqueadero del centro comercial La Arboleda con dificultad porque el carro contiguo estaba muy mal parqueado.  Cuando regresé, encontré una nota pegada sobre el parabrisas que decía: “no encontró más donde parquear HP?”   No pude entender que el conductor del otro carro, cuyas placas terminaban en 789, se bajara del auto y se bajara a insultar a un extraño, cuando el mal parqueado era él.  Eso hace un pereirano.

En el parqueadero de Home Center, alguien rompió una de las farolas de mi carro.  Si viviéramos en la época en que existía una condición llamada "clase" o "dignidad", el culpable me habría esperado para responder por el daño; pero estamos en la edad de las mafias y  los carteles.

Pereira era la ciudad cívica por excelencia.  En los últimos años la ciudad viene siendo tomada por la cultura del “traqueto”,  del arribista, del resentido, del irresponsable; de quien vive amargado por un odio sin sentido contra él mismo y  contra los otros.






No hay comentarios:

Publicar un comentario