Cuando usted se mete en los laberintos de la Historia
puede terminar enamorado de muchos personajes.
En mi caso, no he podido dejar de admirar antepasados fascinantes, casi
todos rebeldes, de las más diversas nacionalidades, religiones o épocas:
Aníbal, Alejandro Magno, Ibn Jaldun,
Giordano Bruno, Catalina la Grande, Jesús de Nazaret, Martín Lutero, Baruch
Spinoza, Federico II, Juliano y muchos otros.
Uno de ellos protagonizó una película estupenda que
pudo haber cambiado la historia de occidente a favor de la tolerancia, con lo
que nos habríamos ahorrado muchas guerras y genocidios. Me refiero a Juliano,
conocido en la mala prensa católica como “el apóstata”, aunque en realidad
nunca lo fue. Fue emperador romano entre
los años 361 y 363, cuando el cristianismo se había consolidado como una de las
instituciones más poderosas del Imperio y los emperadores cristianos habían
empezado a perseguir al paganismo y al judaísmo.
Aunque Juliano, como toda la familia real, había
recibido instrucción cristiana, continuó siendo fiel a su politeísmo y a la filosofía griega. En su corto mandato restableció los cultos
paganos, exigió de los cristianos el respeto por otras expresiones religiosas y
escribió algunas sátiras contra el Galileo.
Para disgusto de los cristianos, Juliano intentó reconstruir el Templo
de Jerusalén que su antepasado Tito había destruido en el año 70 con motivo de
la rebelión judía de zelotes y sicarios.
En los años siguientes, el antisemitismo de los
cristianos se volvió más agresivo en la voz de sus líderes, posteriores santos,
como Juan Crisóstomo y Jerónimo. Por su
parte, Agustín, que también vivió en esos años, tenía una postura conciliadora.
En el año 380 el emperador Teodosio declaró que el cristianismo era la religión
del imperio y de esa manera proscribió cualquiera otra. En el siglo VI, se ordena que las sinagogas
sean convertidas en iglesias.
Si Juliano no hubiese muerto en una guerra a la edad
de 32 años y hubiese podido consolidar la tolerancia y la libertad de cultos, tal
vez los cristianos no se habrían salido con la suya en el proyecto de iniciar
la Edad Oscura; otra habría sido la evolución del Islam que apenas iba a nacer
en el siglo VII; la tragedia judía de veinte siglos no habría avanzado; la
ciencia y la democracia habrían llegado antes; en fin, todos habríamos
ganado. Juliano fue otra víctima de la
historia oficial y merece ser reivindicado.
Hemos sido engañados muchas veces…
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