Por
el giro que ha dado la Semana Santa en
los últimos años y por la poca información que circula al respecto, hemos
perdido la trascendencia de esa celebración, sin duda la más importante del
año, no solo por lo que significa para los cristianos de todo el mundo sino
también por las implicaciones que tiene para nuestra organización democrática y
para la historia de Occidente.
Aunque
todavía se escuchan voces que niegan la existencia del Galileo, los muy
juiciosos estudios sobre Jesús histórico no dejan duda alguna sobre ella aunque, claro está, con la certeza de que los
evangelios no reflejan los hechos pero sí contienen lo fundamental de su
maravilloso mensaje, y eso es lo importante.
Todos esos principios que hablan de perdón, amor a los enemigos y que
resumen el reino de Dios en unas sencillas y bellas parábolas fueron enseñados
por ese hombre misterioso, según nos explican los análisis realizados por
teólogos y eruditos de muy diversas disciplinas. Sí, al menos un 32 por ciento de las palabras
puestas en boca de Jesús fueron pronunciadas por él aunque no sepamos cómo pudo
inspirarse.
En
1517, hace casi 500 años, el cristianismo sufrió una auténtica revolución
gracias a un monje alemán llamado Martín Lutero. En la puerta de la capilla de la universidad
donde dictaba sus clases, ese hombre rebelde pegó sus 95 tesis para ponerlas en
consideración de alumnos y profesores.
Su nueva lectura de las sagradas escrituras cambió la forma de pensar de
muchos, puso en contacto a los más humildes con unos textos que hasta entonces
eran ininteligibles porque solo se encontraban en latín; despertó la conciencia
individual que desde ese momento se entendería directamente con su Creador; a
partir de allí se empezó a hablar de libertad de pensamiento y conciencia;
nació la posibilidad de ser y pensar distinto a los demás sin que por eso el
hombre fuese condenado o marginado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario