miércoles, 9 de marzo de 2016

EL ARCHIVO VATICANO


Vamos al año 1492, cuando Cristóbal Colón nos descubrió, y repasemos otros acontecimientos importantes ocurridos ese mismo año: un cardenal de origen español, llamado Rodrigo Borja o Borgia, compró los votos de algunos de sus colegas para que lo eligieran Papa con el nombre de Alejandro VI; los bárbaros reyes católicos tomaron la ciudad de Granada, el último centro cultural y económico musulmán de España, y aprovecharon también para sacar de su territorio a los judíos que todavía quedaban; ese año murió Lorenzo el Magnífico, de la poderosa familia Medici, la misma que en los años siguientes  logrará imponer a algunos de sus miembros en el trono del apóstol Pedro.  En el año de 1493, el nuevo Papa, sin consultar a su hermosa amante, Giulia Fernese, ni a sus nueve hijos, decidió que tenía el poder, dado por el mismo Dios y el emperador romano Constantino, de repartir los territorios recién descubiertos entre españoles y portugueses, utilizando documentos falsos como suporte.  Esa declaración del Papa podrá leerla usted mismo aunque en latín.   Por favor, no se ría cuando vea la traducción.

Pocos años después, en 1517, un sacerdote llamado Martín Lutero publicó, en una ciudad de lo que luego sería Alemania, 95  tesis de Teología para ser discutidas en la academia y que incluían tremendas críticas a la desprestigiada Iglesia de Roma, sobre todo relacionadas con el sucio negocio de las indulgencias: por unas cuantas monedas para construir la basílica de San Pedro usted podía asegurar el perdón de sus pecados y comprar un lote en el cielo para usted mismo o para un familiar que estuviese penando en el Purgatorio.  Existe el documento que declaró herejías 41 de las 95 tesis de Lutero y lo excomulgó.  El Papa  León X era Juan de Medici, hijo de Lorenzo el Magnífico.  Corría el año 1519.  Más tarde, mientras muchos príncipes de Europa central y del norte apoyaban la rebelión de Lutero como una forma de liberarse de los abusos de los papas, en Inglaterra, Enrique VIII se aburría con la fría española Catalina de Aragón y decidió pedirle al Papa, otro Médici, Clemente VII, que anulara su matrimonio para casarse con la bella Ana Bolena.  Usted puede leer en los archivos vaticanos las amenazas que el rey inglés le enviaba al Papa y la negativa de este.   Así nació la Iglesia Anglicana.  Ya vamos en 1530.

Pasemos a 1543 cuando muere el monje polaco Nicolás Copérnico luego de publicar su teoría heliocéntrica según la cual  la tierra gira alrededor del sol. La Iglesia sostenía, como el pagano Ptolomeo en el siglo II, que la tierra era el centro del Universo y que los planetas y las estrellas giraban en torno a ella.  Casi un siglo después, otro estudioso, Galileo Galilei, italiano, demostró ayudado por un telescopio que Copérnico tenía razón.  Si no se retractaba de sus escritos, la tenebrosa Inquisición lo torturaría y luego lo llevaría a la hoguera, por lo que el pobre viejo de 70 años escribió un documento en nombre de la ciencia humillada por la soberbia e ignorancia del clero.

Por favor, cuando usted vaya a Roma y lea la versión castellana de la confesión de  Galileo, contrólese a pesar de la ira que usted sentirá, sobre todo cuando piense que esa religión oscurantista fue la que se coló en las carabelas de Colón y mantuvo a nuestra América en las tinieblas durante cinco siglos.  Estas son palabras de Galileo: “(…) Por lo tanto, deseando borrar de la mente de vuestras eminencias, así como de las de todos los fieles cristianos, esta grave sospecha, concebida razonablemente en mi contra, con el  corazón contrito e inquebrantable fe, yo abjuro, maldigo y detesto los susodichos errores y herejías,  y en general cualquier otro error y ofensa contrario a la dicha Santa Iglesia; asimismo, juro que en lo futuro nunca expresaré ni aseveraré, verbalmente o por escrito, nada que pueda dar ocasión a sospecha similar contra mi persona…”  Si vas a Roma este año, contrólate.









No hay comentarios:

Publicar un comentario