Cuando apenas era un adolescente –y de eso hace muchos
años- me llevé una sorpresa con un libro del Nobel de Economía Milton Friedman
(1912 – 2006) en el que se criticaba los programas de subsidios para los pobres
creados por el Estado. Para quien había
sido educado en la ética caritativa del Catolicismo eso era una herejía: no se
debe dar ayuda económica a los pobres porque, a la larga, resultan
perjudicados. La polémica es de mucho
interés para todos nosotros cuando los últimos dos gobiernos –de Uribe y
Santos, para no hablar de los mandatos comunistas de la Capital- se han
dedicado a repartir dinero a montones con el fin de garantizar una reelección u
obtener más votos, con el aplauso general de la tribuna y la satisfacción de
los congresistas, hartos de “mermelada”.
Abhijit V. Banerjee, del MIT, Instituto Tecnológico de
Massachesetts, simplifica un poco el asunto para aclararlo. La posición a favor de los subsidios la
defienden algunos economistas con el respaldo de los sectores de
izquierda. Quienes no están de
acuerdo, la mayoría de los economistas,
pueden catalogarse como de derecha, a pesar de lo equívoca que puede ser esta
denominación. Estos últimos “sostienen
que la ayuda hace más mal que bien, al disuadir a la gente de buscar soluciones
propias, al corromper y socavar las instituciones locales y al crear un lobby
formado por las ONG que tiende a
perpetuarse. La mejor opción para los
países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son
libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus
problemas sin necesidad de limosnas (…)”
El Nobel de Economía 2015, Angus Deaton, también ha cuestionado la
industria de la ayuda en términos muy parecidos.
A pesar de los serios planteamiento de los economistas,
los gobiernos siguen jugando a la política fácil de los subsidios, entre otras
razones porque es tanta la miseria y la inequidad que todos aceptamos sin
protestar, mientras los políticos obtienen beneficios secundarios como el
enriquecimiento de familiares y amigos o su propia reelección. Esa es una de las claves para entender la
reelección de gobiernos populistas de derecha o izquierda en América Latina y
las crisis repetidas en algunos países europeos como Grecia, España y Portugal
entre otros.
Insisto. Los
subsidios bloquean el incentivo de los pobres para luchar y superarse;
benefician a muchos ciudadanos que no los necesitan; generan más daños que
beneficios entre quienes los reciben; favorecen la corrupción de los
gobernantes; son injustos con quienes pagan los impuestos y con las clases
medias que no pueden lograr tales subsidios; llevan a los países a la quiebra
pues llega un momento en que son insostenibles.
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