miércoles, 16 de marzo de 2016

LOS JUEGOS DEL HAMBRE




Cuando apenas era un adolescente –y de eso hace muchos años- me llevé una sorpresa con un libro del Nobel de Economía Milton Friedman (1912 – 2006) en el que se criticaba los programas de subsidios para los pobres creados por el Estado.  Para quien había sido educado en la ética caritativa del Catolicismo eso era una herejía: no se debe dar ayuda económica a los pobres porque, a la larga, resultan perjudicados.  La polémica es de mucho interés para todos nosotros cuando los últimos dos gobiernos –de Uribe y Santos, para no hablar de los mandatos comunistas de la Capital- se han dedicado a repartir dinero a montones con el fin de garantizar una reelección u obtener más votos, con el aplauso general de la tribuna y la satisfacción de los congresistas, hartos de “mermelada”.

Abhijit V. Banerjee, del MIT, Instituto Tecnológico de Massachesetts, simplifica un poco el asunto para aclararlo.  La posición a favor de los subsidios la defienden algunos economistas con el respaldo de los sectores de izquierda.  Quienes no están de acuerdo,  la mayoría de los economistas, pueden catalogarse como de derecha, a pesar de lo equívoca que puede ser esta denominación.  Estos últimos “sostienen que la ayuda hace más mal que bien, al disuadir a la gente de buscar soluciones propias, al corromper y socavar las instituciones locales y al crear un lobby formado por las ONG  que tiende a perpetuarse.  La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas (…)”  El Nobel de Economía 2015, Angus Deaton, también ha cuestionado la industria de la ayuda en términos muy parecidos.

A pesar de los serios planteamiento de los economistas, los gobiernos siguen jugando a la política fácil de los subsidios, entre otras razones porque es tanta la miseria y la inequidad que todos aceptamos sin protestar, mientras los políticos obtienen beneficios secundarios como el enriquecimiento de familiares y amigos o su propia reelección.   Esa es una de las claves para entender la reelección de gobiernos populistas de derecha o izquierda en América Latina y las crisis repetidas en algunos países europeos como Grecia, España y Portugal entre otros. 
Insisto.  Los subsidios bloquean el incentivo de los pobres para luchar y superarse; benefician a muchos ciudadanos que no los necesitan; generan más daños que beneficios entre quienes los reciben; favorecen la corrupción de los gobernantes; son injustos con quienes pagan los impuestos y con las clases medias que no pueden lograr tales subsidios; llevan a los países a la quiebra pues llega un momento en que son insostenibles.


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