jueves, 24 de marzo de 2016

SIGUE EL HOLOCAUSTO




Entre los cristianos de la Edad Media había surgido el cuento de que los judíos sangraban por el recto el viernes santo como castigo por haber sido los responsables de la muerte de Jesús, pues en ese entonces no se sabía que los evangelios habían sido escritos muchos años después de la crucifixión y que no eran más que una colección de leyendas sin soporte histórico o real.  También se decía en los púlpitos cristianos que los hebreos habían contaminado las aguas que produjeron la peste  del año 1348.  Esas fantasías y muchas otras buscaban incrementar la envidia cristiana frente a los judíos que no solo se enriquecían donde llegaban sino que gracias a su cultura y conocimientos de las matemáticas servían a los monarcas cristianos y musulmanes en el manejo de sus rentas.  Un principio de la época decía: “muerto el judío, nada le debes”.

El dominio islámico sobre más de la mitad sur de España se terminó en el siglo  XIII cuando quedó reducido a la ciudad de Granada.  El clero cristiano radicalizó el odio teológico contra los judíos el año 1391 en Sevilla gracias a los sermones incendiarios del sacerdote Ferrán  Martínez, determinantes del asesinato de judíos que se negaban a convertirse en los reinos de Andalucía, Castilla, Aragón, Valencia y Cataluña. Hacia 1412 el monje fanático Vicente Ferrer “incita a las muchedumbres cristianas a aniquilar a los judíos” y es tal la presión de la Iglesia que el rey español Juan II promulga el Edicto de Valladolid que crea el gueto judío y restringe sus libertades.   Aunque muchas normas infames de ese edicto fueron derogadas más tarde, recobrarán su vigencia a partir de 1480 cuando se nombra a fray Tomás de Torquemada como Gran Inquisidor de España con el objetivo primordial de perseguir a los judíos que se habían convertido al cristianismo pero en secreto seguían siendo fieles a Yahvé, los  llamados “marranos”.   “¿Qué elemento del repertorio nazi falta en toda esta lista?”,  se pregunta el historiador  Simon Schama, de la universidad de Columbia, al revisar la barbarie de los Reyes Católicos.

Cuando los cristianos acomodaron los evangelios para responsabilizar injustamente a los judíos de la muerte de Jesús, iniciaron el holocausto.  Alá también quiere hacer “desaparecer del mapa a Israel” aprovechando el antisemitismo nazi de Europa y la colaboración de los socialistas, incluidos los latinoamericanos. Estado Islámico aprovecha el caos para también atacar a los cristianos de Europa. Las guerras de Dios no terminan; tampoco el Holocausto.


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