Entre los cristianos de la Edad Media había surgido el
cuento de que los judíos sangraban por el recto el viernes santo como castigo
por haber sido los responsables de la muerte de Jesús, pues en ese entonces no
se sabía que los evangelios habían sido escritos muchos años después de la crucifixión
y que no eran más que una colección de leyendas sin soporte histórico o
real. También se decía en los púlpitos
cristianos que los hebreos habían contaminado las aguas que produjeron la peste
del año 1348. Esas fantasías y muchas otras buscaban
incrementar la envidia cristiana frente a los judíos que no solo se enriquecían
donde llegaban sino que gracias a su cultura y conocimientos de las matemáticas
servían a los monarcas cristianos y musulmanes en el manejo de sus rentas. Un principio de la época decía: “muerto el
judío, nada le debes”.
El dominio islámico sobre más de la mitad sur de
España se terminó en el siglo XIII
cuando quedó reducido a la ciudad de Granada.
El clero cristiano radicalizó el odio teológico contra los judíos el año
1391 en Sevilla gracias a los sermones incendiarios del sacerdote Ferrán Martínez, determinantes del asesinato de
judíos que se negaban a convertirse en los reinos de Andalucía, Castilla,
Aragón, Valencia y Cataluña. Hacia 1412 el monje fanático Vicente Ferrer
“incita a las muchedumbres cristianas a aniquilar a los judíos” y es tal la
presión de la Iglesia que el rey español Juan II promulga el Edicto de Valladolid
que crea el gueto judío y restringe sus libertades. Aunque muchas normas infames de ese edicto fueron
derogadas más tarde, recobrarán su vigencia a partir de 1480 cuando se nombra a
fray Tomás de Torquemada como Gran Inquisidor de España con el objetivo
primordial de perseguir a los judíos que se habían convertido al cristianismo
pero en secreto seguían siendo fieles a Yahvé, los llamados “marranos”. “¿Qué elemento del repertorio nazi falta en
toda esta lista?”, se pregunta el
historiador Simon Schama, de la
universidad de Columbia, al revisar la barbarie de los Reyes Católicos.
Cuando los cristianos acomodaron los evangelios para
responsabilizar injustamente a los judíos de la muerte de Jesús, iniciaron el
holocausto. Alá también quiere hacer “desaparecer
del mapa a Israel” aprovechando el antisemitismo nazi de Europa y la
colaboración de los socialistas, incluidos los latinoamericanos. Estado
Islámico aprovecha el caos para también atacar a los cristianos de Europa. Las
guerras de Dios no terminan; tampoco el Holocausto.
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