El discurso del político no pretende presentar una salida a
los problemas de la comunidad, sino seducir o engañar al elector y reivindicar
su propia ideología. Eso hace que la campaña para elegir alcalde, gobernador y
los inútiles concejos y asambleas adquiera un carácter circense, insoportable
para un ciudadano medianamente culto.
En nuestro caso, da grima ver a los candidatos posando para
la foto al lado de un perro callejero, en una expresión sensiblera, para
emocionar a los colombianos que han convertido su mascota en el centro de su
vida, su amor, su nuevo dios y su razón de ser; pero esos candidatos nunca
exponen proyectos específicos, bien fundamentados en estudios científicos para
la protección de nuestra fauna y evitar el maltrato animal o la contaminación
que producen las mascotas.
Más ridícula es la campaña para “recuperar los valores
familiares”, como si el problema estuviese en el pasado y no en futuro
inmediato con la amenaza de la ideología de género. Hasta los mismos partidos
que han defendido y tratado de imponer en los colegios públicos esa ideología
tienen el descaro de hablar en nombre de la familia. Debe ser que los
seguidores de la izquierda desconocen los estatutos de su partido y el proyecto
marxista para destruir la organización familiar y la heterosexualidad en todo
el mundo. Parece como si los candidatos, con muy pocas excepciones, no conocieran
el enfoque de género del Acuerdo de paz.
La ignorancia de la mayoría de los candidatos se aprecia en
el desconocimiento que tienen de las funciones del cargo a que aspiran y que
son bastante limitadas. Las asamblea y concejos son entes administrativos de
control que debieran abolirse; alcaldes y gobernadores tienen también un campo
de acción restringido, reducido en la práctica a prestar servicios públicos,
siempre sometidos a las condiciones establecidas en la ley y la Constitución
Nacional.
Todos prometen “salvar el hospital”, como lo han hecho hace
mucho tiempo, aunque los contratos de prestación de servicios, el abuso con los
trabajadores y las irregularidades en la contratación se mantengan allí. ¿Qué
puede hacer un pobre alcalde o un gobernador mientras el sistema de salud,
fundamentado en la Ley 100 y en su distorsión realizada por los partidos políticos,
mantenga un alto número de Empresas Promotoras de Salud quebradas?
Como siempre, los “limpios” son los novatos que nunca han
tenido un cargo público o la oportunidad de robar. La lucha contra la corrupción es a largo plazo
y su solución no está exclusivamente en el aumento de penas para los
responsables, ni en las manos de una sola persona. Mientras no haya desarrollo
económico y una buena educación a todo nivel, y mientras el Estado siga siendo
el principal proveedor de empleos, tendremos corrupción. Es contradictorio limitar
la empresa privada, como hicieron Venezuela y Cuba, y a la vez intentar sanear
la política. ¡Cómo nos equivocamos al votar! ¡Cómo estamos de mal informados!
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