martes, 5 de noviembre de 2019

LOS VALORES FAMILIARES



El triunfo de Claudia López en las pasadas elecciones por la alcaldía de Bogotá dejó una cuestión sustancial en el tintero, dada la importancia que algunos candidatos dieron a la lucha por los valores familiares, aunque, valga la verdad, no quedó muy claro a qué se referían. Hasta los mismos grupos políticos que tienen como proyecto la destrucción de la organización familiar convencional proclamaron defenderla.

Hagamos un poco de historia. El primer escándalo en este campo surgió cuando Gustavo Petro era alcalde de Bogotá y estableció una nueva pedagogía en materia de educación sexual, orientada a suprimir la heterosexualidad y dar oportunidad a los niños para que eligieran “libremente” su identidad de género. Las cartillas venían de España y son similares a las que se vienen usando en otros países como Argentina.

Esa pedagogía desconoce los avances científicos en materia de identidad de género y se basan en propuestas filosóficas o ideológicas que vienen impulsando en todo el mundo algunos sectores radicales del feminismo, los partidos de izquierda, las Naciones Unidas, la comunidad LGBTI y algunas empresas multinacionales que se beneficiarían con la legalización de la pedofilia, el aborto y otros negocios.

El segundo episodio de esta discusión se dio en el primer cuatrienio de Juan Manuel Santos. La mecha se prendió en Bucaramanga, cuando una diputada con algunas organizaciones de padres de familia y de colegios cristianos protestaron por unas cartillas que modificaban el manual de convivencia de los colegios e implantaban la ideología de género.

Los colombianos no teníamos la menor idea de lo que eso significaba. Solo supimos que esas cartillas habían sido avaladas por el Ministerios de Educación bajo la dirección de la lesbiana Gina Parody y que habían sido aprobadas por la comunidad LGBTI, a través de su ONG Colombia Diversa, y la ONU. La confusión fue mayor cuando el mismo presidente de la República dijo en todos los medios que “esa ideología de género no existe”.

El capítulo tres del debate se dio cuando se puso a consideración del país el Acuerdo de paz con las Farc en el año 2016. La discusión en el Congreso de la República fue muy acalorada. La senadora Claudia López acusó a los colombianos que no apoyaban el “enfoque de género” (otro nombre de la ideología de género) incluido en el Acuerdo como enemigos de la Constitución Nacional y de los derechos humanos.

El núcleo del problema es muy sencillo. Para esa ideología o enfoque de género, la identidad sexual se nos impone en la primera infancia por medio de las locuciones performativas explicadas en esta columna, según la lesbiana marxista Judith Butler y el transgénero marxista Paul Beatriz Preciado. Esa asignación de identidades haría parte de la ideología capitalista y la sociedad patriarcal. El neomarxismo busca, pues, acabar con todo vestigio de heterosexualidad y de la familia tradicional para lograr su promesa de igualdad social y libertad sexual plena.

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