El triunfo de Claudia López en las pasadas elecciones por la
alcaldía de Bogotá dejó una cuestión sustancial en el tintero, dada la
importancia que algunos candidatos dieron a la lucha por los valores familiares,
aunque, valga la verdad, no quedó muy claro a qué se referían. Hasta los mismos
grupos políticos que tienen como proyecto la destrucción de la organización
familiar convencional proclamaron defenderla.
Hagamos un poco de historia. El primer escándalo en este
campo surgió cuando Gustavo Petro era alcalde de Bogotá y estableció una nueva
pedagogía en materia de educación sexual, orientada a suprimir la
heterosexualidad y dar oportunidad a los niños para que eligieran “libremente”
su identidad de género. Las cartillas venían de España y son similares a las
que se vienen usando en otros países como Argentina.
Esa pedagogía desconoce los avances científicos en materia de
identidad de género y se basan en propuestas filosóficas o ideológicas que
vienen impulsando en todo el mundo algunos sectores radicales del feminismo,
los partidos de izquierda, las Naciones Unidas, la comunidad LGBTI y algunas
empresas multinacionales que se beneficiarían con la legalización de la
pedofilia, el aborto y otros negocios.
El segundo episodio de esta discusión se dio en el primer
cuatrienio de Juan Manuel Santos. La mecha se prendió en Bucaramanga, cuando
una diputada con algunas organizaciones de padres de familia y de colegios
cristianos protestaron por unas cartillas que modificaban el manual de
convivencia de los colegios e implantaban la ideología de género.
Los colombianos no teníamos la menor idea de lo que eso
significaba. Solo supimos que esas cartillas habían sido avaladas por el
Ministerios de Educación bajo la dirección de la lesbiana Gina Parody y que
habían sido aprobadas por la comunidad LGBTI, a través de su ONG Colombia
Diversa, y la ONU. La confusión fue mayor cuando el mismo presidente de la
República dijo en todos los medios que “esa ideología de género no existe”.
El capítulo tres del debate se dio cuando se puso a
consideración del país el Acuerdo de paz con las Farc en el año 2016. La
discusión en el Congreso de la República fue muy acalorada. La senadora Claudia
López acusó a los colombianos que no apoyaban el “enfoque de género” (otro
nombre de la ideología de género) incluido en el Acuerdo como enemigos de la
Constitución Nacional y de los derechos humanos.
El núcleo del problema es muy sencillo. Para esa ideología o
enfoque de género, la identidad sexual se nos impone en la primera infancia por
medio de las locuciones performativas explicadas en esta columna, según la
lesbiana marxista Judith Butler y el transgénero marxista Paul Beatriz Preciado.
Esa asignación de identidades haría parte de la ideología capitalista y la
sociedad patriarcal. El neomarxismo busca, pues, acabar con todo vestigio de
heterosexualidad y de la familia tradicional para lograr su promesa de igualdad
social y libertad sexual plena.
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