Entre las acusaciones planteadas en los medios por los
líderes indígenas y el senador Iván Cepeda contra el historiador y profesor
universitario Darío Acevedo Carmona, director del Centro Nacional de Memoria
Histórica, me llamó la atención una, por su gravedad, por el sofisma absurdo
que implica y porque es un engaño para la mayoría de los colombianos que no
tienen por qué saber de estas cosas.
Después del cuestionamiento que hubo durante el último mandato
de Juan Manuel Santos por la forma sectaria como se conformaron ese CNMH y la
Comisión de la Verdad, en el gobierno de Iván Duque se nombró al profesor
Acevedo a manera de contrapeso, supongo.
El profesor Acevedo es acusado por la izquierda y sus aliados
indígenas de haber cuestionado la existencia de un conflicto armado en Colombia
con las Farc. Como todos los colombianos deben saberlo, ese principio fue la
coartada utilizada por el gobierno anterior para imponer el Acuerdo de paz.
Me explico: al crearse la ficción de que las Farc conformaban
otro Estado, se podía desconocer nuestra Carta y aplicar las normas
internacionales que rigen los pactos de paz entre naciones para dar gusto a las
pretensiones de los guerrilleros y concederles otros privilegios no pedidos por
los narcotraficantes y violadores de niños.
Y como el Acuerdo de paz hace parte de nuestra Constitución, los
indígenas y la izquierda acusan al historiador Acevedo Carmona de estar
violando nuestra Carta y, léase bien, poniendo en peligro o desconociendo los
derechos de las víctimas consagrados en esos acuerdos.
A Cepeda y sus aliados se les olvida que la Constitución
Nacional es un mito de valor absoluto como parte del pacto social que es. Por
tanto, cualquier descubrimiento científico o histórico que sea contrario a esa
Constitución en nada la afecta, salvo contadas excepciones definidas por las
autoridades judiciales.
Con unos ejemplos me puedo explicar mejor. Las ciencias
cognitivas han demostrado que el yo, el sujeto o la persona no existe. Ello no
implica que nuestra Constitución queda abolida por el hecho de que la persona
humana es la base del reconocimiento de los derechos fundamentales. Otro ejemplo. La jurisprudencia de la Corte
Constitucional ha reiterado que cualquier ciudadano puede escoger el género
sexual como parte de su libre desarrollo de la personalidad. Aunque eso es un
error, contrario a la ciencia y al sentido común, tiene plena validez jurídica
y constitucional.
En conclusión, el hecho de que un historiador haya desconocido
alguna vez el carácter de Estado soberano de las Farc no tiene repercusión
alguna para las víctimas. Todo esto es parte de la guerra sucia de indígenas y
la izquierda contra Gobierno y nuestras instituciones. Sin tener el poder, los
mamertos quieren acabar con el derecho de opinión de sus opositores. Después
del absurdo debate en el Congreso, acusaron al profesor Acevedo Carmona ante la
Procuraduría de cometer faltas disciplinarias por sus opiniones. Ridículo.
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