El año pasado viajé a Europa en uno de esos programas que
ofrecen un recorrido en bus por distintos países a bajo costo y quedé bastante
frustrado. Acabo de repetir la experiencia con otra empresa, con ligeras
variaciones en las ciudades y países visitados, pero esta vez con un resultado
ampliamente satisfactorio. Atribuyo la novatada del año pasado al hecho de que
cuando los amigos y familiares narran sus experiencias solo cuentan lo positivo
y se guardan lo negativo o no son conscientes de esto último.
Mostraré algunos de los aspectos negativos para que a usted
no lo tomen por sorpresa cuando quiera ir a Europa. Es mejor viajar al final
del verano (por septiembre) que al comienzo de la primavera (en marzo, más
barato y frío con un paisaje sombrío); tenga en cuenta que el programa incluya
visitas guiadas a las principales ciudades; en ciudades importantes, como Roma
y París, las empresas ofrecen planes adicionales no incluidos en el proyecto
inicial que, si usted los toma, termina por no disfrutar esas ciudades; los
guías suelen ser muy ignorantes en aspectos históricos, pero no tienen el menor
escrúpulo en transmitir informaciones falsas.
Las empresas españolas favorecen las visitas a lugares
religiosos dada la tradición cristiana de Latinoamérica, como Lourdes, Padua o
Asís, aunque los guías parecen poco creyentes; los guías desconocen temas
cruciales como la Reforma protestante o la historia de la iglesia católica. No
faltan las visitas a los estadios de fútbol, algo sin sentido cuando se ignoran
los museos y otros sitios trascendentales. Es lamentable que poco se ofrezcan
los recorridos a pie, como se acostumbra para los turistas de otros países no
latinoamericanos, lo que, en Roma, por ejemplo, debería ser mandatorio.
Ahora, para referirme a casos concretos, es un engaño atravesar
Alemania y solo visitar ciudades como Rotemburgo y Heidelberg como simple
trámite para pasar a Italia, cuando es mucho mejor el paseo por Brujas,
Basilea, Lucerna y Zúrich, por ejemplo. ¿Cómo ir a Toledo y no visitar su
catedral? ¿Cómo llegar a Barcelona a dormir sin realizar una visita guiada a
los sitios más llamativos de la ciudad? El viaje en bus de una ciudad a otra
limita el tiempo de visita a las maravillas europeas. ¿Por qué entonces no usar
algunos medios rápidos de transporte, como el avión y o el tren, para ganar
tiempo?
Vale la pena contar algunas anécdotas. El año pasado sugerí a
la guía un comentario amplio sobre la Reforma con motivo de los 500 años de esa
revolución, cuando pasábamos por Alemania. “Ya lo hice”, me contestó. “Cierto
-le respondí- pero solo hablaste un minuto”. “Es suficiente”, me dijo. En
Venecia, la guía explicaba que en la iglesia de san Marcos está sepultado el
evangelista. Comenté que eso debía ser una leyenda porque no se sabe quiénes
escribieron los evangelios. Sin ocultar su ira me gritó: “Es la fe, señor”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario