miércoles, 23 de octubre de 2019

La naturaleza humana




El mejor argumento contra la ideología de género o perspectiva de género me lo enseñó la mascota hace ya más de veinte años. Cuando mi esposa se sentaba a llorar, el pequeño “Pillín” se apresuraba a posar sus extremidades delanteras en las piernas de ella, con un movimiento continuo, que pretendían ser una caricia, y un gemido suave de identificación con el que parecía querer expresarse.

En términos científicos el comportamiento del perrito se considera instintivo o no consciente, codificado en sus genes y que corresponde a una conducta universal en todos los animales de su especie. De la misma forma, la biología y la genética explican el comportamiento humano con variaciones que dependen de la cultura, de la influencia de los otros o del medio social. Esto vale en el caso de la identidad de género, masculino, femenino o gay. La ideología de género niega la influencia biológica y genética, conocida hoy en los textos científicos como “naturaleza humana”.

Es muy importante distinguir este concepto del antiguo “derecho natural” de la filosofía estoica, retomado por la Escolástica y la doctrina de las iglesias cristianas. En este caso lo natural se refiere a una ley a la que debía someterse el hombre y que era planteada de diversas formas cuando no existían la biología, la genética y las ciencias cognitivas. Por fortuna, los grupos cristianos y de otros credos han acogido el concepto de naturaleza humana de los científicos para oponerse a la ética neomarxista que pretende acabar con la organización familiar.

Ahora bien, uno de los descubrimientos más importantes sobre la naturaleza humana se debe a Noam Chomsky sobre el carácter genético de la estructura básica de todo lenguaje humano. Enumero algunos otros comportamientos que son primordialmente genéticos: reconocimiento de expresiones faciales, el sentimiento de reciprocidad, la reacción de venganza, el amor a los hijos y a los padres, repulsión por el incesto y el canibalismo, algunas reacciones morales, etc.

En el caso de la influencia de la biología en la identidad sexual, conozco las investigaciones de la doctora Helen Fisher publicadas en dos textos: El contrato sexual y Por qué amamos. En el primero explica cómo la mujer en su proceso evolutivo dejó de tener período de celo para poder recibir al macho durante todo el período menstrual y así garantizar su protección y la del crío en una época de numerosos peligros. Hay allí una explicación de la monogamia, muchos miles de años antes de que llegara el capitalismo.

En “Por qué amamos” se investiga los factores hormonales y mediadores químicos que intervienen en cada fase del enamoramiento y las relaciones de pareja prolongadas. Dos sicólogos han profundizado en estos estudios científicos: Jordan Peterson y Steven Pinker. De este último recomiendo el libro La tabla rasa. En esta misma perspectiva, Francis Fukuyama publicó en 2003, El fin del hombre o Posthuman society, en la versión en inglés.

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