Si las ciencias cognitivas han descartado la existencia del
sujeto o del yo, ¿qué podemos hacer para salir del problema y reivindicar el
sentido de la vida o los logros de la democracia que se han fundamentado en tal
sujeto o en la persona humana? Para el filósofo Slavoj Zizek tendremos tres
opciones. 1. Como “las ciencias actuales hacen añicos los supuestos básicos de
nuestra vida y de nuestra concepción de la realidad”, tenemos que “aceptar la
ciencia cualquiera que sea su costo”.
2. Podemos optar por una “síntesis”, al estilo de la Nueva
Era o las tradiciones orientales, “entre la verdad científica y el mundo
premoderno del sentido”: abandonemos el materialismo y apuntemos hacia alguna
nueva “espiritualidad”. Algunos de los defensores de esta corriente distinguen
entre “mí” y yo (ego): “mí” es la “sustancia” del yo y representa toda la
riqueza de contenidos que me constituye como persona. Sin embargo, desde el
punto de vista de la ciencia este paso del yo al mí es muy discutible o
problemático. Para Zizek, esta visión es la peor de las ideologías.
3. Se trata, mejor, de realizar una síntesis entre las
ciencias cognitivas y el viejo humanismo. Esta alternativa surge del miedo a
una nueva dimensión de lo humano o a que las investigaciones científicas puedan
llevarnos demasiado lejos y se ponga en peligro el núcleo mismo de nuestra
humanidad. Es la posición asumida por J. Habermas, angustiado porque la vieja
ética y la religión pierdan su valor. Otras salidas son intentadas, por
ejemplo, presentando al “individuo” como soporte de la dignidad humana (M.
Onfray) o elaborando el concepto de “acontecimiento”, que discutiré en otra
nota.
Esta tercera opción es la que generalmente asumimos en la
práctica. Seguimos creyendo en el humanismo democrático o de las religiones sin
darles mucha trascendencia a las conclusiones de las ciencias o al análisis de
los filósofos, porque la mayoría de nosotros no hemos comprendido o no
conocemos los progresos de la ciencia en cuanto a sus implicaciones para
nuestras vidas.
Hemos regresado al comienzo de la serie de artículos en que
he tratado de explicar el avance de la ciencia que niega toda realidad o toda
sustancia a la subjetividad. Ya hemos visto la forma como se cambian nuestros
conceptos de la muerte, Dios, la religión, la identidad de género y la
política, entre otros asuntos considerados. Y quedan otros para próximas
entregas sin la pretensión de ser exhaustivo.
Por desgracia, nuestros programas de estudios básicos y
universitarios han ignorado estos temas y no nos han dejado más que una opción,
a la que he llamado la estrategia del “como si”: vive como si Dios existiera,
como si nuestro sistema político fuese una democracia y como si la vida tuviese
sentido en alguna forma.
El texto de Zizek a que me he referido es Visión de paralaje,
segunda reimpresión, 2017.
No hay comentarios:
Publicar un comentario