martes, 29 de octubre de 2019

Tenemos un problema



Si las ciencias cognitivas han descartado la existencia del sujeto o del yo, ¿qué podemos hacer para salir del problema y reivindicar el sentido de la vida o los logros de la democracia que se han fundamentado en tal sujeto o en la persona humana? Para el filósofo Slavoj Zizek tendremos tres opciones. 1. Como “las ciencias actuales hacen añicos los supuestos básicos de nuestra vida y de nuestra concepción de la realidad”, tenemos que “aceptar la ciencia cualquiera que sea su costo”.

2. Podemos optar por una “síntesis”, al estilo de la Nueva Era o las tradiciones orientales, “entre la verdad científica y el mundo premoderno del sentido”: abandonemos el materialismo y apuntemos hacia alguna nueva “espiritualidad”. Algunos de los defensores de esta corriente distinguen entre “mí” y yo (ego): “mí” es la “sustancia” del yo y representa toda la riqueza de contenidos que me constituye como persona. Sin embargo, desde el punto de vista de la ciencia este paso del yo al mí es muy discutible o problemático. Para Zizek, esta visión es la peor de las ideologías.

3. Se trata, mejor, de realizar una síntesis entre las ciencias cognitivas y el viejo humanismo. Esta alternativa surge del miedo a una nueva dimensión de lo humano o a que las investigaciones científicas puedan llevarnos demasiado lejos y se ponga en peligro el núcleo mismo de nuestra humanidad. Es la posición asumida por J. Habermas, angustiado porque la vieja ética y la religión pierdan su valor. Otras salidas son intentadas, por ejemplo, presentando al “individuo” como soporte de la dignidad humana (M. Onfray) o elaborando el concepto de “acontecimiento”, que discutiré en otra nota.

Esta tercera opción es la que generalmente asumimos en la práctica. Seguimos creyendo en el humanismo democrático o de las religiones sin darles mucha trascendencia a las conclusiones de las ciencias o al análisis de los filósofos, porque la mayoría de nosotros no hemos comprendido o no conocemos los progresos de la ciencia en cuanto a sus implicaciones para nuestras vidas.

Hemos regresado al comienzo de la serie de artículos en que he tratado de explicar el avance de la ciencia que niega toda realidad o toda sustancia a la subjetividad. Ya hemos visto la forma como se cambian nuestros conceptos de la muerte, Dios, la religión, la identidad de género y la política, entre otros asuntos considerados. Y quedan otros para próximas entregas sin la pretensión de ser exhaustivo.

Por desgracia, nuestros programas de estudios básicos y universitarios han ignorado estos temas y no nos han dejado más que una opción, a la que he llamado la estrategia del “como si”: vive como si Dios existiera, como si nuestro sistema político fuese una democracia y como si la vida tuviese sentido en alguna forma.

El texto de Zizek a que me he referido es Visión de paralaje, segunda reimpresión, 2017.

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