sábado, 5 de diciembre de 2015

Los antecedentes de Alá (segunda parte)




Después de una aproximación a la época en que surgió la creencia en un solo Dios, es necesario identificar las condiciones o circunstancias que hicieron posible ese cambio tan fundamental en la historia de la humanidad.

En la mitad del siglo XX, las Naciones Unidas autorizaron el regreso de los judíos a territorio palestino, de donde habían sido desplazados por el Imperio Romano después de las rebeliones de los años 66 y 130 de nuestra era.  Debieron usar las armas y el terrorismo para derrotar al pueblo palestino.  Eso exactamente fue lo que ocurrió después del  539 a.C. cuando el rey persa Ciro el Grande autorizó su regreso a Jerusalén: debieron enfrentar a sangre y fuego a quienes habían tomado esas tierras después del año 586 a. C.

Pequeñas oleadas de judíos regresaron a Jerusalén en los siglos siguientes, probablemente los más pobres, porque quienes ya habían organizado algún negocio prefirieron quedarse.  Apenas hacia el año 450 a. C. lograron construir las murallas del pueblito y desplazar por la fuerza a quienes allí vivían.  La organización social giraba en torno a los sacerdotes, representantes directos del imperio persa, encargados de recolectar los impuestos y de resolver los conflictos entre los habitantes; se creó una teocracia y una falocracia sin ninguna participación de gobiernos civiles;  no hubo otra cultura ni otras instituciones que las establecidas por el clero de Yahvé. 

Fundar  una nación sobre un mito era el objetivo de los sacerdotes para generar el ánimo o la mística suficiente entre sus seguidores que les permitiera superar los traumas sufridos.  En el año 721 a. C., la mayor parte de las tribus de Israel habían desaparecido y habían sido asimiladas por otros pueblos cuando los asirios invadieron sus ricas tierras del norte de la Palestina.  Quienes lograron huir hacia el sur, a Judea, con un pequeño pueblito miserable como capital, Jerusalén, habían logrado, con la colaboración de la misma Asiria, vivir un poco más de un siglo de progreso adorando a muchos dioses hasta cuando los babilonios los invadieron.

Es en el exilio donde los sacerdotes escriben sus libros sagrados, tomando algunas tradiciones o leyendas y agregando algunos mitos que conocieron en su destierro.  En la versión católica de la Biblia se sitúa el viaje del sacerdote Nehemías a Jerusalén en el año 398 a. C. para leer la Torá a los incultos y pobres habitantes.  Así se inventó el monoteísmo: los sacerdotes convencieron a esa pequeña comunidad de que esas tierras se las había regalado Yahvé muchos siglos atrás.

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