sábado, 12 de diciembre de 2015

Desaparecidos



Muchos años antes de que empezara esta espantosa guerra entre las extremas derecha e izquierda, el número de colombianos desaparecidos cada año era enorme, pero nadie se preocupaba por ellos, supongo que a nadie le interesaba utilizarlos para hacer proselitismo o manipular los datos con el objeto de desprestigiar al enemigo o adversario político.  Al contrario, hoy la izquierda y los maestros, por un lado, y el gobierno, el ejército y la derecha, por otro, manejan a su antojo las estadísticas para aumentarlas o camuflarlas según sus intereses.

En el pasado, la gente se perdía para eludir a sus acreedores, para abandonar un hogar conflictivo o para esconderse por muchas otras razones.  Con seguridad, muchos jóvenes optaban por ingresar a la guerrilla y, más tarde, también a los grupos paramilitares o a las organizaciones de narcotraficantes, pero en estos últimos casos salían en silencio y ni siquiera a sus familiares les contaban sobre sus planes, por motivos obvios.

Cuando las guerrillas de las FARC decidieron fundar su brazo político con el nombre de Unión Patriótica y los miembros de ese partido fueron asesinados o desaparecidos por la extrema derecha, las cosas cambiaron y la manipulación de los datos empezó a usarse como arma política. Primero se contaron unas mil quinientos víctimas de la UP; luego, ese número se aumentó progresivamente y hace pocos meses la revista Semana, sin duda uno de los mejores voceros de la izquierda, habló de seis mil víctimas del genocidio de la UP.

“Desaparecidos”, “asesinados” y  “víctimas” son denominaciones distintas; pero cuando se trata de desfigurar la verdad se recurre a todo tipo de ambigüedades y eufemismos.  Quizás nunca sabremos la verdad sobre ese genocidio, por más interés que se tenga en las negociaciones de La Habana por aclararlo.  Entre las víctimas de la UP se incluyen a sus familiares, pero quien intenta engañar al público no lo precisa; tampoco se define hasta qué grado de consanguinidad se extiende la condición de las víctimas de un asesinato.

Otro caso de asesinatos y desapariciones tergiversadas es el de los maestros. Algunos estudios han mostrado que el riesgo que corre un educador en Colombia no es superior al de cualquier otro ciudadano; pero cuando Fecode quiere justificar un paro, saca algunas estadísticas impresionantes.  No se aclara si el homicidio ocurrió en una atraco, por motivos pasionales o porque el maestro colaboraba con la guerrilla. No, simplemente se presume que lo mataron por su condición de docente... 

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