Algunos
canales de televisión por cable dedican las fiestas religiosas cristianas para
lanzar documentales que dramatizan la mitología
bíblica o se dedican a analizar las sagradas escrituras. Se entrevista a profesores, escritores o
teólogos para acomodar un libreto que tiene como función hacer sensacionalismo,
lanzar algunos datos ligeramente escandalosos, pero que evitan una información
seria. A veces el libreto se parece
tanto al utilizado cuando se habla del fenómeno Ovni que uno no puede menos que
interpretar negativamente la intención de los productores: no educan; más bien
entretienen para crear una expectativa muy lucrativa.
Para
darles una nota de seriedad engañosa a los documentales, entrevistan a
estudiosos como Bart D. Ehrman (Jesús no dijo eso), Reza Aslan (El zelote),
Jonathan Kirsch (Dios contra los dioses), Israel Finkelstein (La Biblia
desenterrada), John Dominic Crossan (Seminario Jesús histórico) y algunos
teólogos menos conocidos. Sin embargo,
los libretos no reflejan los excelentes aportes de estos profesores sino las
discutibles políticas empresariales de los canales.
Cualquier
persona que tenga un poco de conocimientos sobre estos temas notará que los
documentales son francamente incoherentes, confunden los histórico con lo
mitológico, eluden mucha información clave para el televidente y todo lo
matizan con unas conclusiones muy poéticas pero siempre confusas. No hacen religión pero tampoco arqueología o
historia; mezclan todo para mantener la
incertidumbre y usar la religión como anzuelo para pescar incautos y conservar
la audiencia. Es la religión como
negocio.
Con
un ejemplo me puedo explicar. El canal History presentó en un programa,
titulado Los secretos de la Biblia, un comentario sobre el libro de
Daniel. Ese texto es muy importante
porque por primera vez se habla en la Biblia de la resurrección de los muertos
y porque contiene las supuestas profecías de este personaje; pero el programa
no explica que el libro de Daniel fue escrito en el siglo II antes de Cristo,
unos 400 años después de ocurridos los hechos narrados, cuando el pueblo de
Israel había recibido la influencia de otras culturas, como la persa y la
griega, que habían elaborado los conceptos de “alma” y de “vida ultraterrena”. En la mitología del Antiguo Testamento no se
habla de alma o de una vida después de la muerte. Esa religión giraba en torno a una tierra que
todavía Israel no ha podido dominar a pesar de la “promesa” de Yahvé. La televisión, como internet, hace más
ignorantes a los incultos.