miércoles, 23 de diciembre de 2015

La religión como negocio



Algunos canales de televisión por cable dedican las fiestas religiosas cristianas para lanzar documentales que dramatizan la mitología  bíblica o se dedican a analizar las sagradas escrituras.  Se entrevista a profesores, escritores o teólogos para acomodar un libreto que tiene como función hacer sensacionalismo, lanzar algunos datos ligeramente escandalosos, pero que evitan una información seria.  A veces el libreto se parece tanto al utilizado cuando se habla del fenómeno Ovni que uno no puede menos que interpretar negativamente la intención de los productores: no educan; más bien entretienen para crear una expectativa muy lucrativa.

Para darles una nota de seriedad engañosa a los documentales, entrevistan a estudiosos como Bart D. Ehrman (Jesús no dijo eso), Reza Aslan (El zelote), Jonathan Kirsch (Dios contra los dioses), Israel Finkelstein (La Biblia desenterrada), John Dominic Crossan (Seminario Jesús histórico) y algunos teólogos menos conocidos.  Sin embargo, los libretos no reflejan los excelentes aportes de estos profesores sino las discutibles políticas empresariales de los canales.

Cualquier persona que tenga un poco de conocimientos sobre estos temas notará que los documentales son francamente incoherentes, confunden los histórico con lo mitológico, eluden mucha información clave para el televidente y todo lo matizan con unas conclusiones muy poéticas pero siempre confusas.  No hacen religión pero tampoco arqueología o historia;  mezclan todo para mantener la incertidumbre y usar la religión como anzuelo para pescar incautos y conservar la audiencia.  Es la religión como negocio.


Con un ejemplo me puedo explicar.  El canal History presentó en un programa, titulado Los secretos de la Biblia, un comentario sobre el libro de Daniel.  Ese texto es muy importante porque por primera vez se habla en la Biblia de la resurrección de los muertos y porque contiene las supuestas profecías de este personaje; pero el programa no explica que el libro de Daniel fue escrito en el siglo II antes de Cristo, unos 400 años después de ocurridos los hechos narrados, cuando el pueblo de Israel había recibido la influencia de otras culturas, como la persa y la griega, que habían elaborado los conceptos de “alma” y de “vida ultraterrena”.   En la mitología del Antiguo Testamento no se habla de alma o de una vida después de la muerte.  Esa religión giraba en torno a una tierra que todavía Israel no ha podido dominar a pesar de la “promesa” de Yahvé.  La televisión, como internet, hace más ignorantes a los incultos.

viernes, 18 de diciembre de 2015

La otra versión del cuento





Así como hay canciones pegajosas que todos aprendemos, algunas ideologías elementales o fáciles, demasiado ingenuas, se meten en nuestro cerebro y se convierten en paradigmas o prismas a través de los cuales interpretamos la realidad o las convertimos en nuestra manera habitual de pensar.

Tal es el caso de muchas doctrinas religiosas o del marxismo.   Cuando debo utilizar un taxi, si no es el mensajero de Dios que me dice “Jesús te ama”, me encuentro con un experto en la teoría de la lucha de clases quien en una carrera me resume el problema del país, me habla de la necesidad de cambiar de modelo de desarrollo y proclama que la única esperanza se encuentra en La Habana y en la toma de la presidencia de la República por el Movimiento Bolivariano.

Ese auge de las doctrinas simplistas explica la proliferación de artículos de prensa y de comentarios en las redes sociales desencadenados por un muchacho ebrio que amenazaba a los policías con “usted no sabe quién soy yo”, grito de guerra de un mediocre que soporta su valor personal en un familiar con capacidad de delinquir o dañar.  Resentidos e ignorantes de todos los pelambres encontraron en ese evento la mejor oportunidad para repetirnos las viejas consignas revolucionarias de la guerrilla y de la  izquierda que no hemos logrado superar.

Pues bien, ese cuento tiene otra cara ya olvidada porque se relaciona con los modelos de identificación que los muchachos ya no encuentran, razón por la cual se emocionan con las propuestas que llaman al odio. 

Hubo una época en que la dignidad personal se fundamentaba en los valores heredados del abuelo, no en el dinero o en los títulos nobiliarios que no tenía.   El orgullo nacía de haber tenido como madre a la más noble y buena de las mujeres.  Eran los tiempos en que la palabra era sagrada, los magistrados no vendían sus fallos y no se necesitaban notarios para garantizar la honestidad de los espíritus.  Esos tiempos de almas limpias no conocían diferencias entre patricios y plebeyos porque en asuntos de dignidades y respetos no contaban las chequeras o los lujos.  Pobres y ricos caminaban con la frente en alto porque en el código genético de la familia no había motivos para la vergüenza.   Sí, usted no sabe quién soy yo: soy un hombre orgulloso de mis ancestros que juega limpio como ellos me enseñaron.  “Siquiera se murieron los abuelos

jueves, 17 de diciembre de 2015

El zelote o la verdad sobre Jesús





La tremenda crisis de la Iglesia Católica, el incremento de otras sectas cristianas en nuestro país, el fácil acceso a todo tipo de información virtual y la proliferación de grupos conformados por ateos militantes son, entre otros factores, señales del cambio planetario que se aproxima en materia religiosa, como si la profecía de la muerte de Dios, lanzada  por Nietzsche en el siglo XIX, se estuviera cumpliendo.

Esas circunstancias me llevaron hace dos lustros a iniciar una investigación sobre la historia de nuestra tradición judeocristiana que se ha reflejado en varios artículos, pioneros en la prensa colombiana, acerca del origen del monoteísmo y de ese personaje fascinante nacido hace  veinte siglos en la pobre Galilea.

Pues bien, acaba de publicarse en español un exitoso libro, merecedor de las mejores críticas de la prensa norteamericana, escrito por un iraní convertido al cristianismo.  Él se llama Reza Aslan y su libro, El zelote.  Debo anotar que todos y cada uno de los datos presentados en mi columna de LA TARDE sobre Jesús histórico aparecen ratificados y mejorados en ese texto.

Leamos algunas de las sorprendentes afirmaciones de Aslan, sin comillas:  Solo dos hechos conocemos de la vida de Jesús: era un líder judío y por eso fue crucificado. El cuadro que Pablo hizo de Jesús era inaceptable para los judíos y para los discípulos del galileo. El Cristo inventado por Pablo absorbió o borró al Jesús histórico, pues los evangelios se escribieron para ratificar o legitimar al vendedor de tiendas.   

Como los evangelios fueron escritos después del fracaso de la rebelión judía del año 66, era lógico que sus autores se distanciaran de los movimientos independentistas, suprimiendo cualquier indicio revolucionario o sedicioso que tuviese el verdadero Jesús, quien fue transformado en un manso predicador, autor buenas obras y cuyo reino no era de este mundo.  Jesús fracasó y por eso la Iglesia primitiva cambió el modelo de mesías.  Más aún, Jesús ni siquiera cumplía con una sola de las condiciones que se podían esperar del mesías.  El reino de Dios  que había prometido nunca se realizó.  Después de la destrucción de Jerusalén, el cristianismo fue casi exclusivamente una religión de gentiles, necesitaba una religión de gentiles.   Y eso fue precisamente lo que le proporcionó Pablo.  El verdadero Jesús no era Dios; tampoco era el mesías y no resucitó, aunque la fe diga otra cosa.  ¿Cómo pudo Saulo de Tarso engañar a tantos y durante tantos siglos?

sábado, 12 de diciembre de 2015

Desaparecidos



Muchos años antes de que empezara esta espantosa guerra entre las extremas derecha e izquierda, el número de colombianos desaparecidos cada año era enorme, pero nadie se preocupaba por ellos, supongo que a nadie le interesaba utilizarlos para hacer proselitismo o manipular los datos con el objeto de desprestigiar al enemigo o adversario político.  Al contrario, hoy la izquierda y los maestros, por un lado, y el gobierno, el ejército y la derecha, por otro, manejan a su antojo las estadísticas para aumentarlas o camuflarlas según sus intereses.

En el pasado, la gente se perdía para eludir a sus acreedores, para abandonar un hogar conflictivo o para esconderse por muchas otras razones.  Con seguridad, muchos jóvenes optaban por ingresar a la guerrilla y, más tarde, también a los grupos paramilitares o a las organizaciones de narcotraficantes, pero en estos últimos casos salían en silencio y ni siquiera a sus familiares les contaban sobre sus planes, por motivos obvios.

Cuando las guerrillas de las FARC decidieron fundar su brazo político con el nombre de Unión Patriótica y los miembros de ese partido fueron asesinados o desaparecidos por la extrema derecha, las cosas cambiaron y la manipulación de los datos empezó a usarse como arma política. Primero se contaron unas mil quinientos víctimas de la UP; luego, ese número se aumentó progresivamente y hace pocos meses la revista Semana, sin duda uno de los mejores voceros de la izquierda, habló de seis mil víctimas del genocidio de la UP.

“Desaparecidos”, “asesinados” y  “víctimas” son denominaciones distintas; pero cuando se trata de desfigurar la verdad se recurre a todo tipo de ambigüedades y eufemismos.  Quizás nunca sabremos la verdad sobre ese genocidio, por más interés que se tenga en las negociaciones de La Habana por aclararlo.  Entre las víctimas de la UP se incluyen a sus familiares, pero quien intenta engañar al público no lo precisa; tampoco se define hasta qué grado de consanguinidad se extiende la condición de las víctimas de un asesinato.

Otro caso de asesinatos y desapariciones tergiversadas es el de los maestros. Algunos estudios han mostrado que el riesgo que corre un educador en Colombia no es superior al de cualquier otro ciudadano; pero cuando Fecode quiere justificar un paro, saca algunas estadísticas impresionantes.  No se aclara si el homicidio ocurrió en una atraco, por motivos pasionales o porque el maestro colaboraba con la guerrilla. No, simplemente se presume que lo mataron por su condición de docente... 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Los terroristas van al cielo





Para responder a la crítica que hizo un columnista de prensa a quienes optaron por vincularse a la guerrilla, el sacerdote jesuita Francisco de Roux intentó el pasado 14 de octubre, en sus notas de El Tiempo, mostrar una justificación de quienes así actuaron, para concluir que “la guerra no soluciona nada, ahonda la tragedia y el dolor y termina en un infierno”.  Ese elegante discurso del sacerdote para legitimar a los guerrilleros se parece mucho al que utilizan los defensores del terrorismo islámico: la lucha por los pobres o contra las injusticias hace valederos los métodos de unos y otros.

Esa nota me llevó al pasado, por allá al comienzo de la última década del siglo XX, cuando el CINEP, Centro de Investigación y Educación Popular, la ONG de la Compañía de Jesús, publicaba con El Espectador un folleto de circulación mensual que difundía la ideología comunista o de izquierda.  También recordé el bárbaro asesinato del exsacerdote jesuita Mario Calderón y su esposa Elsa Alvarado el 19 de mayo de 1997 por un comando paramilitar.  La pareja estaba vinculada al CINEP.  También recordé que para la época en que aparecieron las guerrillas comunistas en Colombia, después de 1964, ya el marxismo y sus estrategias habían fracasado en todo el mundo, lo que hace infundado cualquier intento de legitimación actual.

Seguí recordando.  Cuando nació la Compañía de Jesús en el año 1540, toda Europa estaba involucrada en una guerra fratricida entre católicos y protestantes que continuaría hasta el año 1648.  Aunque los jesuitas pretendían ser los continuadores del pobre Nazareno, se dedicaron, mejor, a educar a los hijos de los ricos y a tratar de convertir a los príncipes y reyes.  “Los jesuitas no solo defendieron la guerra como instrumento legítimo contra la herejía sino que apoyaron el asesinato selectivo de protestantes, sobre todo si ocupaban posiciones importantes.  Era una prolongación de las técnicas educacionales: si no era posible convertir a un gobernante, había que matarlo”.  Es una cita del libro Historia del cristianismo, de Paul Johnson, publicado en 2004.

Aceptar como legítimos el terrorismo de las guerrillas y de la yihad islámica es aceptar como justos el asesinato de Mario Calderón, las cruzadas, el Holocausto judío o las masacres planeadas por las dictaduras latinoamericanas, incluida la locura de Nicolás Maduro.  No, la pobreza, las injusticias sociales o Alá no justifican el terror, aunque los jesuitas y nuestro Presidente crean que los terroristas merecen el cielo.





 


martes, 8 de diciembre de 2015

El afán de reconocimiento





Con motivo de los diálogos de La Habana me propongo escribir una reflexiones sobre  los fundamentos ideológicos o doctrinales que nos diferencian de la guerrilla, siempre con el temor de ser un poco académico, pero con la convicción de que a un buen grupo de lectores les interesa este tipo de análisis o al menos así me lo han expresado en sus mensajes virtuales.

Debido a la infiltración del marxismo en todos los estamentos de nuestra sociedad, nos quedamos con la visión economicista que define a cada ser humano en función de su relación los medios de producción.  Así, el terrateniente, el campesino, esclavo o siervo se determinan por la condición de propietario, del primero, mientras que los otros solo son dueños de su fuerza de trabajo.  Sin embargo, existe una condición anterior que es el afán de reconocimiento de todo ser humano y que ocasionó las luchas del hombre primitivo por el dominio de la tierra.  El hombre es el único animal capaz de exponer su vida, de superar su instinto de conservación, para lograr ser reconocido por los otros y para demostrar que tiene una dignidad específicamente humana.

De la misma forma como el amo es reconocido como tal por el esclavo, en la historia de todas las rebeliones y luchas sociales de las minorías, las mujeres, las religiones, los diversos grupos sexuales, las razas o los discapacitados, es el deseo de ser aceptados con todos sus derechos lo que prima y no la mera reivindicación económica.   Hasta el grito desesperado que dirigimos a la persona que amamos no tiene otro sentido que lograr su mirada hacia aquellos elementos de nuestra personalidad que nos hacen distinto a los otros, únicos, libres…  El motor fundamental de nuestras vidas individual y colectiva es la lucha por el reconocimiento, pues si nadie nos mira, la vida no vale nada.

En este contexto,  el cristianismo, como ideología de esclavos que es, bloqueó la posibilidad de los sometidos a rebelarse contra los señores pues postuló que la libertad y la dignidad están en el cielo.  Entonces los explotados de todo el mundo cristiano se convirtieron en esclavos del Dios que el hombre había creado.  La democracia liberal nació para trasladar el cielo cristiano a la tierra; para señalar el camino en el que todos los oprimidos del mundo podían lograr el reconocimiento que su naturaleza más profunda reclamaba. El comunismo, a pesar de sus propuestas de liberación e igualdad, terminó convertido en otra variante de la esclavitud, como se demostró con su fracaso universal y aunque Maduro, Ortega y Evo intentan revivirlo en América. 



domingo, 6 de diciembre de 2015

El mito de la Navidad




En las publicaciones de los sectores conservadores se intentan mantener las fábulas evangélicas con la disculpa de que es mejor que los niños no sepan la verdad, como si los muchachos de hoy no tuvieran otro medio de información o  como si ellos fueran tan ingenuos como las generaciones anteriores.  Parece como si la verdad, esa verdad cruel que los curas y organizaciones como el Opus Dei conocen, pudiese ser motivo de escándalo para los chicos.

Es mejor que sigan pensando que un dios vino a la tierra a copular con un virgen para concebir a un humilde habitante de Galilea en el siglo I; que ignoren las violaciones de niños por parte de numerosos obispos y sacerdotes en todo el mundo; que nunca conozcan esa historia de terror, violencia y corrupción que ha sido la historia de la Iglesia católica; que no sepan que las mejores realizaciones de la humanidad, como la ciencia o la democracia,  fueron condenadas por el clero como creaciones del demonio y, en fin, para los curas es mejor que los fieles no sepan de las dudas o nuevas interpretaciones de los teólogos sobre el cuento ese de la resurrección de Jesús y de la forma como se gestó esa farsa.

A diferencia de la Iglesia Católica, las iglesias luteranas o protestantes se apresuraron a comunicar a sus fieles, desde los siglos XVII y XVIII, que los evangelios y la Biblia en general no son historia sino, más bien, una colección de fábulas o mitos que no podían ser el soporte de la fe.  Roma prefirió jugar al engaño y al fraude dándoles a esos escritos el carácter de históricos, dictados por el mismo Dios a sus escribas, y evitando que las investigaciones científicas sobre los mismos textos fueran conocidas en sus dominios.  Con toda razón el sacerdote Alfonso Llano Escobar protesta en sus escritos por el empeño de la Iglesia de mantener a sus seguidores en la ignorancia.

Solo dos hechos son históricos, según los avances de las investigaciones arqueológicas y lingüísticas sobre los evangelios: que Jesús era un líder político de Galilea y que por eso fue crucificado.  El resto de los hechos narrados son producto de la imaginación de los primeros cristianos, escritos con el propósito de ganar el favor de los pobres del Imperio Romano.  En cuanto a las palabras de Jesús, las más modernas investigaciones apuntan a señalara que un 32 por ciento de las atribuidas a Jesús son auténticas.  Y esta es la buena noticia para los cristianos.

En cuanto a las fábulas navideñas, no tienen ningún valor histórico.  Los evangelios de Lucas y Mateo, los únicos que las contienen, fueron inventados hacia los años 85 o 90, es decir, casi un siglo después del nacimiento de Jesús, cuando nadie sabía nada de lo que realmente había pasado.


  

sábado, 5 de diciembre de 2015

Los antecedentes de Alá (segunda parte)




Después de una aproximación a la época en que surgió la creencia en un solo Dios, es necesario identificar las condiciones o circunstancias que hicieron posible ese cambio tan fundamental en la historia de la humanidad.

En la mitad del siglo XX, las Naciones Unidas autorizaron el regreso de los judíos a territorio palestino, de donde habían sido desplazados por el Imperio Romano después de las rebeliones de los años 66 y 130 de nuestra era.  Debieron usar las armas y el terrorismo para derrotar al pueblo palestino.  Eso exactamente fue lo que ocurrió después del  539 a.C. cuando el rey persa Ciro el Grande autorizó su regreso a Jerusalén: debieron enfrentar a sangre y fuego a quienes habían tomado esas tierras después del año 586 a. C.

Pequeñas oleadas de judíos regresaron a Jerusalén en los siglos siguientes, probablemente los más pobres, porque quienes ya habían organizado algún negocio prefirieron quedarse.  Apenas hacia el año 450 a. C. lograron construir las murallas del pueblito y desplazar por la fuerza a quienes allí vivían.  La organización social giraba en torno a los sacerdotes, representantes directos del imperio persa, encargados de recolectar los impuestos y de resolver los conflictos entre los habitantes; se creó una teocracia y una falocracia sin ninguna participación de gobiernos civiles;  no hubo otra cultura ni otras instituciones que las establecidas por el clero de Yahvé. 

Fundar  una nación sobre un mito era el objetivo de los sacerdotes para generar el ánimo o la mística suficiente entre sus seguidores que les permitiera superar los traumas sufridos.  En el año 721 a. C., la mayor parte de las tribus de Israel habían desaparecido y habían sido asimiladas por otros pueblos cuando los asirios invadieron sus ricas tierras del norte de la Palestina.  Quienes lograron huir hacia el sur, a Judea, con un pequeño pueblito miserable como capital, Jerusalén, habían logrado, con la colaboración de la misma Asiria, vivir un poco más de un siglo de progreso adorando a muchos dioses hasta cuando los babilonios los invadieron.

Es en el exilio donde los sacerdotes escriben sus libros sagrados, tomando algunas tradiciones o leyendas y agregando algunos mitos que conocieron en su destierro.  En la versión católica de la Biblia se sitúa el viaje del sacerdote Nehemías a Jerusalén en el año 398 a. C. para leer la Torá a los incultos y pobres habitantes.  Así se inventó el monoteísmo: los sacerdotes convencieron a esa pequeña comunidad de que esas tierras se las había regalado Yahvé muchos siglos atrás.

Los antecedentes de Alá





Como he encontrado poco interés en los temas religiosos había decidido evitarlos; sin embargo, el análisis de la guerra santa o Yihad islámica me autoriza para tocar este aspecto olvidado en la mayor parte de los comentarios, generalmente económicos o políticos, de la prensa nacional o internacional. 

La pregunta que me llevó a incursionar en la historia de las religiones fue muy sencilla pero valedera: ¿en qué condiciones se encontraba el pueblo de Israel cuando decidió dejar atrás el politeísmo y aceptar la adoración de un solo dios?  Aunque algunos estudiosos creen  que en muchos casos el politeísmo de diversos pueblos era aparente, pues sus dioses no eran más que manifestaciones del Único, nuestra tradición arranca con  Yahvé o Dios de los judíos y de allí se derivó el cristianismo y el Islam.

Un punto clave para entender el proceso es este: la primera declaración bíblica de monoteísmo puro aparece en la segunda parte del libro del profeta Isaías, escrita en tiempos del exilio babilónico, esto es después del año 586 a.C.  Hasta ese año, como lo corroboran algunos descubrimientos arqueológicos, Israel adoraba muchos dioses, entre ellos a Yahvé o Jehová. Esos hechos cambian completamente el  panorama que conocimos en las clases de Religión.  De haber existido personajes como Abraham, Moisés,  David o Salomón, todos habrían adorado a muchos dioses. 

Los investigadores intentan definir las primeras manifestaciones del monoteísmo y sus determinantes.  Matthew Kneale, de la universidad de Oxford, cree que fue el profeta Oseas, entre los años 750 y 722 a.C., en Samaria, el  primero en enseñar que no hay otro Dios que Jehová.  Por lo anotado antes y por muchas otras razones no comparto las apreciaciones de este autor.   Mejor me parecen las conclusiones de Israel Finkelstein en La Biblia desenterrada.  Este arqueólogo sitúa en un siglo más tarde, concretamente a finales del siglo VII, durante el reinado de Josías, en Jerusalén, los primeros intentos por elaborar el monoteísmo.  Recordemos que Josías era un niño de ocho años impuesto como rey de Judá por los sacerdotes y que durante su reinado “apareció” o fue escrito el Deuteronomio, uno de los textos básicos del Antiguo Testamento.

Una comunidad no acepta que de buenas a primeras sus dioses sean anulados u olvidados.  Introducir una religión conlleva varias generaciones para que sea aceptada.  Por ello, creo que el monoteísmo se impuso después del regreso judío del Exilio a Jerusalén, quizás entre los siglos V y IV antes de Cristo.(Continuará)









jueves, 3 de diciembre de 2015

Miedo a la verdad




En una entrevista que concedí a Ángela María Villegas para un canal local de televisión en Pereira, prometí la publicación de un libro basado en la historia de las religiones, en particular sobre el judeocristianismo, impresionado como estaba por los tremendos avances de la Arqueología en la segunda mitad del siglo XX.  Sin embargo, la publicación del libro ha sido suspendida ante el desinterés de la comunidad en estos asuntos.   En algunas personas, creyentes, existe un verdadero terror para enfrentar nuevas propuestas que pongan en peligro su frágil esquema mental;  para otros, los indiferentes, la cuestión religiosa es tema superado, aunque por lo general no tienen mejor información que la recibida en el templo de su congregación o en las clases de un maestro comunista.

Recuerdo la conversación con un teólogo con motivo de una conferencia titulada “El oscuro Jesús de Nazaret” que presenté hace unos años en la Cámara de Comercio.  El hombre me llamó para insultarme antes de la conferencia, convencido de que un ciudadano del común no tiene autoridad para tratar de esos temas si no ha pasado, como él, por una facultad de Teología y de que, sin duda, mi conferencia sería otra estupidez como El Código Da Vinci.  No me dio tiempo de contarle que mi campo no era el teológico porque colgó el teléfono.  Recibí luego la amable llamada de un sacerdote, encantado de que un laico, profesional, estuviese interesado en investigar sobre ese maravilloso personaje judío. 

Entendí la grosería del teólogo como expresión del miedo de los líderes de todas las religiones por la publicación de las nuevas investigaciones en estos temas, que ellos conocen pero maliciosamente ocultan a sus seguidores, o al menos eso es lo que dice el Padre Alfonso Llano Escobar en su honesto libro Confesiones de Fe Crítica, publicado en el 2008.  En particular los asusta textos como La Biblia Desenterrada del arqueólogo israelí Israel Finkelstein, una denuncia muy bien fundamentada del carácter mitológico o imaginario del Éxodo judío y de la mayor parte del Antiguo Testamento.   No soportan que los colombianos conozcan los estudios realizados desde el siglo XVII en Europa, especialmente en Alemania, sobre los mitos contenidos en los evangelios.

Para los protestantes o luteranos desde esos tiempos la fe es una relación directa con Dios, no necesariamente mediada por las sagradas escrituras.  Los pastores, sacerdotes y teólogos temen que sus intereses se vean afectados cuando los feligreses se enteren de que los misterios, como los llaman ellos, que celebramos en Navidad son meras ficciones inventadas por los primeros cristianos unos sesenta años después de la muerte de Cristo en los evangelios de Lucas y Mateo: Jesús no nació en Belén; no hubo estrella, pastores ni reyes magos.

Tendré que esperar otros tiempos para lanzar mi libro, cuando los ciudadanos no teman a la verdad y decidan que nada es más importante que el sentido de la vida, asunto que hemos entregado con marcada ingenuidad a la religión que conocimos en la infancia.  No hay otro problema importante que el suicidio, decía Albert Camus, para significar que la vida hay que tomarla en serio.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

La mirada del otro




Nos recordaba Umberto Eco, el profesor de Semiología y escritor italiano, la costumbre de nuestras abuelas de invocar a Dios cada vez que necesitaban un buen testigo.  “Solo Dios sabe”, decían, cuando trataban de probar sus desvelos, dedicación o sacrificios, como si el Altísimo siempre estuviese pendiente de sus acciones o como si toda su vida fuese una puesta en escena para ese excepcional espectador.  Las reflexiones de Eco apuntaban al cambio que estaban experimentando muchas personas en los últimos años, para las cuales ya no era la mirada del Creador el objeto de su montaje sino, mejor, la de los televidentes: quien no aparezca en la televisión es un don nadie y su vida carece de todo significado.  Cualquiera de nosotros puede seguir esta línea de pensamiento y proponer que, en los próximos días, quien no sea referido en Google puede empezar a considerar la posibilidad del suicidio, a no ser que se resigne con sus fotos en Facebook o sus comentarios en las redes sociales que nadie lee. De todas maneras siempre será la mirada del otro la razón para vivir.

Los seres humanos siempre actuamos en función de una mirada, ya sea la de la persona o las personas que amamos y, a veces –quién lo creyera— de las que odiamos; en cada acto de nuestras vidas es en la mirada del hijo, del cónyuge, del padre o la madre, del amigo, del amante o de Dios donde hayamos el sentido.  Si usted quiere resumir la experiencia de la soledad o la vejez, no hay mejor definición de esos estados  que la ausencia de mirada;  es preferible convivir con unos ojos cargados de reproches y rabia a carecer por completo de ellos.  He ahí la explicación de la situación de tantas parejas que se soportan por no atreverse a dar el paso hacia un mundo en que lo que realmente temen es no encontrar al menos la mirada de Dios que hacía felices a las abuelas. En casos extremos, cuando la mirada del Otro se vuelve un tormento, llegamos a la paranoia, enloquecemos o nos convertimos en un Nicolás Maduro delirante frente a la mirada del Tío Sam.

Para que no quede la sensación de que estas reflexiones son el fruto de un despistado semiólogo italiano y de un no menos loco filósofo pereirano, recordemos que variadas disciplinas se han basado en ellas desde que la Lingüística y la Semiología afectaron todas las ciencias humanas en el siglo pasado.  Por ejemplo, en el campo de la Sociología, una teoría conocida como Interaccionismo Simbólico marcó los estudios de la Criminología en la segunda mitad del siglo con lo que se conoció como “la aplicación de una etiqueta” (Labeling Approach, en inglés).  Cuando el juez penal profiere una sentencia, pone como una marca (label, en inglés) en la frente del condenado, la misma que determinará la mirada de los otros.  El hombre ya no será Pedro Pérez sino “el delincuente”; su esposa lo abandonará, sus hijos lo evitarán y nadie querrá darle trabajo; la mirada de los otros, condicionada por la sentencia de un juez, marcará su destino.

El campo en el que más se ha profundizado este aspecto de las relaciones humanas es, sin duda, el Psicoanálisis, pero no en la versión de Sigmund Freud, quien veía penes y vaginas por todas partes, sino en la de sus seguidores modernos.  Allí encontramos la mirada de la madre y del padre como la responsable de ingresar a su crío a ese mundo de la mirada, que es el registro simbólico, donde el Dios imaginario de las abuelas sigue en su función de fisgón. 




martes, 1 de diciembre de 2015

Ateos y agnósticos



En plena campaña electoral para la presidencia de la República, un periodista le preguntó al entonces candidato del Polo Democrático Alternativo, el Dr. Carlos Gaviria, si creía en Dios.  “Soy agnóstico”, respondió.  Como el reportero parecía no entender el concepto, el muy ilustre exmagistrado de la Corte Constitucional pasó a explicar que ser agnóstico significaba suspender toda opinión sobre Dios pues no es posible para el ser humano tener un conocimiento (gnosis) sobre Él.  La respuesta era muy oportuna no solo porque la izquierda tradicional se había declarado atea desde Marx y Engels en el siglo XIX y porque declararse ateo significaba en un país mojigato perder muchísimos votos.  Además, esa respuesta coincidía con las religiones orientales que no tienen teología, por la misma razón dada por los agnósticos.  Hasta la misma Biblia enfatiza este aspecto cuando Dios se define ante Moisés: “Soy el que Soy”, traducción de la palabra “Yahvé”.  Dios es el innombrable. Según los agnósticos, no podemos afirmar o negar la existencia de Dios.

Pero en materia religiosa también existe una tercera vía que podemos llamar Deísmo.  Se trata de una corriente de pensamiento que acepta la existencia de Dios como soporte de la Ética y la convivencia de los seres humanos, pero rechaza la Teología, los rituales y las jerarquías clericales.  En otras palabras, es reducir la religión a su mínima expresión, en forma tal que todas las culturales la acepten para acabar así con los conflictos surgidos con motivo del monoteísmo.  Judíos, cristianos y musulmanes llevamos veinte siglos de peleas continuas porque cada religión cree que su esquema es el verdadero.  Si Occidente hubiese entendido y aceptado la propuesta de la tercera vía presentada por Erasmo de Róterdam y otros en el siglo XVI, nos habríamos evitado las guerras religiosas, la masacre de los judíos en los campos de concentración nazis, el conflicto árabe-israelí, el ataque a las Torres Gemelas, a Francia, Nigeria… y también al padre Chucho.

En cuanto a los ateos, todos fuimos sorprendidos cuando una encuesta nos mostró que, después de los cristianos (incluidos católicos, evangélicos o protestantes y ortodoxos) y musulmanes, el grupo más numeroso en cuanto su posición frente a Dios era el de los ateos en todo el mundo.  Lo que la estadística no cuenta es el cambio de actitud de muchos ateos en los últimos años.  En el pasado los ateos eran pasivos y simplemente renunciaban a la religión y no les importaba que otros siguiesen participando en la semana santa católica o en los rituales musulmanes o judíos.  Ahora la cosa es distinta: han aparecido los ateos militantes y agresivos que toman como una cruzada (y valga la expresión) su lucha contra toda forma de religión. “Dios no es Bueno”, dice Christopher Hitchens, fallecido hace pocos años; del “Espejismo de Dios” habla Richard Dawkins y suscribe una opinión del Steven Weinberg, premio Nobel: “La  religión es un insulto a la dignidad humana”.  Matthew Alper asegura que “Dios está en el cerebro” y sostiene que a más religión, más pobreza y subdesarrollo.