martes, 3 de enero de 2023

RELIGIÓN Y POLÍTICA

 


Cuando escribo de religión no lo hago para molestar a los creyentes. Lo hago para mostrar otras formas de ver la religión después de varios años dedicados a estudiarla en la perspectiva de las investigaciones científicas iniciadas en Europa hace cuatro siglos y que apenas se empezaron a publicar hace 40 años en Colombia.

He planteado el problema del ateísmo en una forma muy distinta a la tradicional. No se discute si Dios existe; quienes no existen son los ateos y los creyentes porque para la ciencia y la filosofía actuales el sujeto o la persona humana no es una entidad o una presencia sino un algoritmo o una creación virtual. Es obvio que esta visión crea dificultades que la iglesia romana debe enfrentar, pero que prefiere ignorar.

También expongo argumentos novedosos para respaldar la posición moral del cristianismo en asuntos tan delicados como el aborto o el enfoque de género de izquierda que inspira a la Corte Constitucional en sus fallos discutibles. Se discute un proyecto de ley sobre educación sexual en el Congreso para iniciar la destrucción de la organización familiar en Colombia.

Cuento los cambios doctrinarios y que no son explicados a los feligreses. Por ejemplo, la resurrección de Jesús es un mito, y ahora los teólogos prefieren hablar de “exaltación” de Jesús; el carácter mitológico de los evangelios y el hecho de que solamente el 32 por ciento de las palabras atribuidas a Jesús son auténticas según investigaciones de sacerdotes católicos.

He estudiado a teólogos como Hans Kung que cuestionaron la iglesia romana por no haber discutido las válidas propuestas de Martín Lutero y otros reformadores en el siglo XVI. Desde ese momento Roma se aisló de las discusiones que se dieron en la Europa protestante y nos quedamos con “la fe del carbonero”.

Muestro la historia de la cultura occidental desde la revolución francesa y el movimiento romántico europeo para explicar cómo el protestantismo evolucionó hacia el “desencanto” o “muerte de Dios” mientras seguíamos con una religión fetichista, mágica, milagrera y enemiga de la modernidad.

Finalmente, he discutido la relación entre política y religión. El cristianismo es una estructura mental o ideología que da identidad a los latinoamericanos. “Yo” no tomo decisiones, sino que las doctrinas o ideologías que controlan mi mente las toman. El marxismo es otra versión de la religión cuyo cielo es la mítica “paz total” o la sociedad sin clases y que se tomó nuestra cultura mediante el adoctrinamiento de los muchachos. La transición de cristianismo a marxismo llevó a los cristianos a elegir un dictador.

Pasamos de creernos el pueblo elegido de Dios al pueblo con un nuevo “salvador” que solo defiende los intereses del feminismo radical, la delincuencia organizada, los indígenas, los ecologistas ideológicos y la Primera Línea terrorista de jóvenes adoctrinados.

Hay riesgo de que el Año Nuevo sea el peor de nuestra historia. Ojalá me equivoque. Del cinismo y el odio del Gobierno no puede resultar nada bueno.

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