martes, 10 de enero de 2023

NO ES UN GOBIERNO DE IZQUIERDA

 

Al comienzo de los años noventa recibí una invitación de excomandantes del M-19 para que aceptara la jefatura del Servicio Seccional de Salud de departamento de Risaralda, ya que por aquellos días Antonio Navarro Wolff era el ministro de Salud del Gobierno del presidente César Gaviria Trujillo. “Por sus escritos sabemos que usted es un demócrata”, me dijeron; pero no acepté por razones obvias.

 

Me llamó la atención su actitud adversa al Partido Comunista y al movimiento sindical, lo cual no era extraño pues ese grupo guerrillero había nacido del movimiento del dictador Gustavo Rojas Pinilla. “Su reclutamiento se hizo primero entre antiguos miembros de la ANAPO, (…) después continuó ante todo entre miembros de capas medias: estudiantes médicos, intelectuales, empleados”, cuenta Daniel Pécaut.

 

Los métodos del M-19 “evocaban la guerrilla urbana del Uruguay, los Tupamaros. Como estos, cultivaban una imagen de Robin Hood, y robaban alimentos y otro tipo de mercancías para distribuir en los barrios pobres”, dice David Bushnell. La mejor prueba de que el M-19 no era una organización de izquierda es la confesión de Gustavo Petro en su biografía: “El M-19 no había sido capaz de construir una visión alternativa para el país (…) y se volvió una fuerza política que evadía completamente la posibilidad de ser un agente de ruptura política o económica”.

 

Para cualquier colombiano medianamente informado es un hecho que la democracia solo ha crecido en países desarrollados y que, en los subdesarrollados, un intento de democratización precoz siempre lleva al populismo, la crisis económica y a la dictadura.

 

A eso nos llevan las improvisaciones del Gobierno de un solo hombre secundado por funcionarios “aparecidos” que hacen esfuerzos enormes para justificar sus iniciativas orientadas a repartir cada año billones de pesos en subsidios, sin considerar los efectos inflacionarios de esa medida, porque solo les interesa comprar votos para mantenerse en el poder.

 

Aunque la nueva izquierda (o posmarxismo o Foro de Sao Paulo) reconoce que el sindicalismo y la clase obrera no son sujetos revolucionarios, varios ministros siguen viviendo en la fantasía del marxismo clásico. Otros solo gobiernan para las organizaciones que les dieron el poder y se olvidan de la clase media, soporte de la democracia. La pobreza es esencial para sostener una dictadura.

 

Los problemas del calentamiento global, el feminismo radical, las drogas ilícitas y la convivencia con las comunidades indígenas son problemas globales cuya solución se encontrará después de varias generaciones con la colaboración de todo el mundo, no en uno o tres gobiernos de Petro.

 

En el sancocho ideológico del Gobierno, los problemas básicos de la mayoría de los colombianos como salud, pensiones, impuestos, reforma laboral, educación y reforma penitenciaria no encontrarán soluciones sensatas y respetuosas de los derechos humanos o que al menos hayan tenido éxito en otros países con condiciones similares a las nuestras. Es el síndrome de Adán que padece el presidente, secundado por un grupo de mediocres “comprados” con los altos salarios que reciben.

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