La congresista de la Alianza Verde Katherine Miranda defendió
en W Radio el aborto o interrupción del embarazo sin restricción, con
argumentos “reales” que señalan el mismo número de abortos que se vienen dando
desde hace más de cuarenta años y que ninguna investigación ha corroborado. Por
su misma condición de clandestinos, los abortos realizados en malas condiciones
higiénicas no son registrados y ese número parece un comodín de los abortistas.
Según el Ministerio de Salud, citado por revista Semana, 72
mujeres murieron en 2016 por causas evitables, es decir, 0.018 % de las 400.000
mujeres que se practicaron abortos clandestinos. Cifra relativamente baja,
explicable porque quienes los practican han mejorado su técnica de asepsia y
antisepsia y porque muchos casos terminan en los servicios de salud sin
complicación. En Colombia mueren 80 motociclistas en solo diez días, casi todos
varones, que a nadie parece preocupar y son muchas más las mujeres que mueren
por otras causas evitables.
La insistencia de esta columna en la complejidad de la
condición humana, determinada por los avances de las ciencias y la filosofía en
los últimos cincuenta años, y que nuestra Corte Constitucional ignora, tiene
una aplicación privilegiada en el caso del aborto. Una simple estadística, una
deleznable consideración jurídica o ideológica, los intereses mezquinos y
políticos de la izquierda radical que buscan destruir la familia no pueden ser
el fundamento de tan grave decisión estatal.
Los elegidos para que cumplan la función de representantes de
la nación son los congresistas, no los magistrados de la Corte Constitucional
que quieren “pasar a la historia” legislando sobre el aborto porque el Congreso
no quiere. ¿En qué artículo de la Carta se da esa facultad de legislar a la
Corte cuando el Congreso “no quiere”? Además, la Corte utiliza una demanda que
pide mantener la prohibición del aborto en todos los casos, incluidas las tres
causales que la misma Corte había definido arbitrariamente, para legislar en
sentido contrario a la demanda.
La Corte no tiene en cuenta en su proyecto de fallo el
interés de algunas multinacionales que se lucran del negocio del tráfico de
órganos; que se es humano cuando se aprende a hablar, según la ciencia y el
argumento central del feminismo radical marxista; que el aborto sin
restricciones es la cuota inicial para que la ideología neonazi sea una
realidad en el futuro inmediato del país. Ignora también la Corte que el aborto
no puede ser un derecho de la mujer porque los derechos son de todos, con pene
o con vagina.
Se argumenta también que como otros países aprobaron el
aborto, es hora de que hagamos lo mismo. Sin embargo, las condiciones son otras
por la agresividad con que la izquierda impone su enfoque de género en países
como Argentina, Perú y España, y que en nuestra Carta se consagró gracias al
Acuerdo de Paz con las Farc.
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