martes, 4 de febrero de 2020

EL ACUERDO DE PAZ FALLIDO



Si los colombianos entendieran el significado y las perversas implicaciones del “enfoque de género”, consagrado en el Acuerdo de paz, con absoluta seguridad la Alianza Verde no habría logrado elegir a los alcaldes de Bogotá, Cali y Manizales, como tampoco la izquierda al de Medellín.

Si supieran que uno de sus objetivos es abolir la norma que prohíbe el incesto, es decir, que los padres podrán tener relaciones con sus hijos y los hermanos entre ellos, una vez se generalice el adoctrinamiento neomarxista en jardines, escuelas, colegios y universidades, casi nadie habría votado por esos alcaldes.

Si supieran que en Argentina, Perú y España el proyecto infame de la izquierda internacional es una realidad, que hace parte de nuestra Constitución y que “deberá ser entendido y aplicado de manera transversal en la implementación de la totalidad del Acuerdo”, todos los colombianos se levantarían a protestar hasta cuando esos alcaldes renuncien a sus cargos y se revise el Acuerdo fallido.

La Alianza Verde y la izquierda se salieron con la suya porque ocultaron sus intenciones y porque hay una ignorancia total entre todos los colombianos cultos e incultos en esta campo, tal como se vio los debates que se dieron cuando Gustavo Petro estableció unas cartillas de enfoque de género en todos los colegios oficiales de Bogotá; cuando la ONG de la comunidad LGBTI, Colombia diversa, con la aprobación de la ministra lesbiana Gina Parody y el aval de las Naciones Unidas, intentaron modificar el manual de convivencia de los colegios públicos, y cuando algunos sectores, que tampoco entendían el asunto, se opusieron a incluir la perspectiva de género en el Acuerdo.

La principal o más citada representante del movimiento feminista radical, Judith Butler, lesbiana y marxista como casi todas las teóricas de ese movimiento, sentó las mejores bases de la perspectiva de género en su libro Género en disputa, primera edición de 1990, el libro que muchos leen y casi nadie entiende.

El principio básico de ese pensamiento lo expresa Butler así: “Si la sexualidad se construye culturalmente dentro de las relaciones de poder existentes, entonces la pretensión de una sexualidad normativa que esté “antes”, “fuera” o “más allá” del poder es una imposibilidad cultural (…)”. En términos sencillos, significa que el género o la identidad de género es cultural, impuesta por los otros, el poder, el lenguaje, y que no puede haber una sexualidad normativa “antes”, “fuera” o “más allá” del poder, es decir, en la naturaleza humana, la biología, las ciencias cognitivas o la epigenética, que establezca la heterosexualidad como obligatoria para todos.

Acabo de estudiar por segunda vez el manual usado en Argentina para preparar a los maestros que adoctrinan a los niños y niñas, titulado Para una didáctica con perspectiva de género, 2015, y atérrense, las expertas seis profesoras universitarias marxistas, autoras de las ponencias, no entienden bien de lo que se trata o lo ocultan. Ciegos guiando ciegos.

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