Un abogado explicó la semana pasada para un periódico
nacional que en estricto sentido legal o jurídico no hubo homicidio porque la
Corte no puso límite a la interrupción del embarazo en los tres casos que la
misma Corte autorizó. Eso es completamente cierto en la técnica jurídica: una
conducta es delito porque así lo determinó la ley. En el caso del aborto, el
Congreso no ha querido legislar en representación del pueblo, y nos queda la
duda sobre si un fallo de la Corte Constitucional es ley cuando es aprobado por
dos o tres votos más de los magistrados que suscribieron positivamente la
sentencia.
Eso significa que, si los médicos interrumpen el embarazo en
las semanas 32, 34 o 36, cuando el niño prematuro es perfectamente viable,
tampoco es un asesinato, y la destrucción del no nato con pinzas es un procedimiento
perfectamente legal y constitucional. Además, otro punto que deja numerosas
dudas es una de las causales que autorizan el procedimiento médico: la
enfermedad de la madre que implique un grave riesgo para su vida. En esa causal
se incluyen los trastornos psíquicos o emocionales de tan variada
interpretación y no exigen especialización del psicólogo o médico que los
certifique. ¡Horror!
Para la ciencia médica, es de mucho riesgo para la madre la
realización del procedimiento en los últimos meses de embarazo, algo que no
tuvieron en cuenta los magistrados. El embrión tiene una composición genética
distinta a la de la madre. Este hecho tampoco importó a los magistrados cuando
consideraron que la madre tiene pleno derecho a decidir el aborto sin la intromisión
de terceros, incluido el padre. Algunos
colectivos sostienen que es un derecho humano exclusivo de las mujeres tal
decisión. Ridículo. Ningún derecho humano puede estar definido por el hecho de
tener vagina.
Se conocen como “feminazis” a las mujeres, generalmente
lesbianas y marxistas, que conforman los movimientos que apoyan el enfoque de
género y el aborto sin restricciones. Se les llama así porque dicen representar
menos del 10 por ciento de la población, la comunidad LGBTI, y aspiran a
imponer su ideología al 90 por ciento de la población heterosexual restante,
destruir toda forma de heterosexualidad y legalizar el incesto. La nueva raza
aria.
Las feminazis mezclan los códigos para hacer política
marxista; hablan como demócratas al defender su torcida interpretación de los
derechos. Como la condición de “humano” se logra con el lenguaje, tal como lo
sostiene la filosofía estructural, el niño antes de aprender a hablar es un
“animalito” y, antes de nacer, es “un pedazo de carne desechable” de la madre.
La naturaleza humana, dicen ellas, es un mito de la sociedad patriarcal. Para
el mismo estructuralismo, el ser humano es una creación mental, un algoritmo,
no una persona, como lo he repetido muchas veces; pero esto lo callan las
feminazis porque deja sin piso sus mentiras y su juego de palabras.
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