miércoles, 12 de febrero de 2020

EL VERBO "DESPUBLICAR"




“Di la orden de despublicar (sic) una noticia de Univisión sobre un supuesto pago del cartel de Sinaloa a un expresidente de Colombia”, escribió Daniel Coronell en su cuenta de Twitter. Ese verbo “despublicar” no existe, como tampoco el verbo “desdecir” que pudo utilizar la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, la semana pasada cuando debió retractarse, por enésima vez, de una de sus calumnias contra un político.

Ambos eventos se relacionan con asuntos discutidos en esta columna. Uno de ellos es el de las locuciones o expresiones performativas, aquellas que se caracterizan por efectuar cambios en la realidad por el simple hecho de pronunciarse. Explicaba la teoría de Judith Butler sobre la asignación del género sexual al niño o niña en el momento de nacer. La expresión “es una niña” condiciona toda la vida de esa pequeña que, en realidad, podría ser un varón atrapado en un cuerpo de niña, por ejemplo.

Miles o tal vez millones de publicaciones en todo el mundo se apresuraron a repetir ese escándalo que relacionaba a uno de los más grandes narcotraficantes del mundo con el expresidente Uribe Vélez. Los militantes de la izquierda y todos aquellos jóvenes colombianos que, según las pruebas Pisa, no son capaces de diferenciar una opinión de un hecho, repitieron la calumnia. La función performativa del lenguaje o de la palabra produjo el daño. Muchos otros actuaron de mala fe porque ya sabían que la denuncia era falsa, pero se trataba de crear confusión y hacer política de la sucia.

En otra columna traté de explicar que el marxismo ya no es una “ciencia” materialista, como todavía creen algunos devotos fanáticos de esa religión sin Dios; por el contrario, es una ideología fundamentada en otra ideología que ya no busca tomar el poder por la fuerza de las guerrillas o por la revolución de la clase obrera que en ninguna parte funcionó.

El marxismo internacional entendió que los más de 160 millones de muertos producidos por la “dictadura del proletariado” en la URSS y en China no eran personas, sino simples construcciones mentales y que quienes quedaron vivos tenían en su cerebro la misma ideología o estructura mental capitalista de los muertos, es decir, que habrían tenido que asesinar a todos los habitantes para que el marxismo hubiese triunfado.  

Por eso, la revolución es cultural ahora. Se trata de cambiar significado de las palabras, la estructura simbólica de los cerebros, para que la gente mal informada vote por la izquierda convencida que lucha por los derechos de las mujeres cuando lo que pretenden es destruir la heterosexualidad y la familia, como también legalizar el aborto, la pedofilia y el incesto. La mentira y la calumnia remplazaron los fusiles, las bombas y el narcotráfico en la estrategia. Y se ríen de los jueces y de los calumniados cuando tienen que “desdecir”, porque el daño está hecho.

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