Cuando inicié este ciclo de columnas sobre el pensamiento
actual, no faltaron las bromas de mis amigos: “Ahora sí se enloqueció del todo…”
Esos comentarios me parecen graciosos porque en los 25 años de columnista en mi
ciudad los he escuchado varias veces. Lo importante es el camino recorrido en
ese mundo de conclusiones científicas y filosóficas que nunca nos enseñaron en
el colegio o en la universidad y que conforman una clave para comprender el
mundo de hoy.
Resumo el motivo de estos escritos: nos cambiaron el libreto,
no somos lo que creíamos y toda nuestra cultura es otra; millones de libros
quedaron obsoletos, los términos en que se plantea la religión son distintos,
la vida ya no se sostiene en los motivos que le daban sentido, se ha puesto en
evidencia nuestra Constitución Nacional y no conocemos el camino que nos
espera.
El cuestionamiento de la existencia del sujeto o ser humano
como una entidad se inició con el idealismo alemán a finales del siglo XVIII,
pero el renovador de esa temática fue un sacerdote del siglo XIX; su nombre era
Franz Brentano y sus planteamientos generaron el movimiento fenomenológico que reelaboraron
otros dos filósofos del siglo pasado, Husserl y Heidegger, como relaté en la
nota sobre los existencialistas. Aunque todos ellos estaban muy orgullosos de
su trabajo, en realidad destaparon la caja de Pandora y soltaron todos los
males de nuestro tiempo.
En varios escritos he insistido en la dificultad que conlleva
entender que no soy una esencia, sustancia, entidad o persona, como creíamos,
sino una idea, un algoritmo o un software cerebral que los científicos esperan
descifrar en los próximos años; pero más difícil es asimilar esa realidad y
actuar en consecuencia. Se necesitan para ello muchas lecturas, mucha reflexión
y la suficiente humildad para aceptarlo. Somos los títeres de un libreto
escrito por la sociedad en nuestro cerebro desde cuando aprendimos a hablar,
entendimos a nuestras madres, fuimos a la escuela y nos metimos en ese mundo
virtual, maravilloso y perverso, de las redes sociales.
Los asuntos que hemos revisado son muchos: la ideología de
género, el existencialismo, el neomarxismo, la fenomenología, el Acuerdo de
paz, el adoctrinamiento en colegios y universidades, la revolución molecular
que inspira el paro nacional; la visión de Hegel en La fenomenología del
espíritu como relato de la sociedad democrática; la mística, la Reforma
protestante, el concepto de “persona” aplicado a Dios y otros más que, sin el
enfoque que he presentado, no se entenderían.
La ignorancia no es solo de los colombianos que no van a la
universidad; es de todos, incluida nuestra clase dirigente. El enredo en que está el presidente Duque con
el paro y la ignorancia del expresidente Santos sobre ideología de género así
lo prueban. Nuestro sistema educativo ha sido un gran fraude y sus resultados
están ahora en la calle.
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