Desde 1955, cerca de la pequeña ciudad de Blois, al sur de
París, trabajaba en el sanatorio mental La Borde el joven Félix Guattari (1930
– 1992). Aunque no era psiquiatra ni sicólogo, se dedicaba a la investigación
sobre las aplicaciones de la psicoterapia para humanizar el manejo de las
enfermedades mentales. Al mismo tiempo, asistía a los seminarios que dictaba en
París el médico y filósofo Jacques Lacan, quien había modernizado el
psicoanálisis en términos lingüísticos y fue su analista.
El joven siempre simpatizó con el marxismo en la corriente
trotskista. La clínica era utilizada como sitio de reunión o pasantías por los estudiantes
de izquierda. Después de la revolución de mayo de 1968, Guattari conoce a
Gilles Deleuze y con él escribe el libro El Anti-Edipo, una mordaz crítica al
psicoanálisis y al estructuralismo; más tarde escriben Mil Mesetas, la segunda
parte del anterior, bajo el título Capitalismo y esquizofrenia.
Si el niño ingresa a la familia cuando aprende a hablar, ese
mismo lenguaje es el medio de dominación usado por la sociedad capitalista. Los
marxistas Deleuze y Guattari inventan un nuevo lenguaje, surgido de la biología
(de allí “molecular”) para proponer una rebelión de las “máquinas”, nombre dado
al ser humano antes de aprender a hablar y ser controlado por la familia.
La fracasada revolución de lucha de clases requiere una
revisión desde la perspectiva del deseo que estudió el psicoanálisis, pero
modificado en la perspectiva de las “máquinas deseantes”. Se busca una visión
distinta del inconsciente para ponerla al servicio de la revolución. Esto
permite que el nuevo sujeto de la revolución no sea solo el proletariado y
pueda incluir a otros grupos como los estudiantes (los héroes de mayo del 68),
las mujeres, la comunidad LGBTI, los indígenas, los inmigrantes, los
desempleados, etc.
La primera aplicación de la revolución molecular se dio en
Italia en 1977, donde la participación de Guattari y su banda que fue
determinante. La función que cumplen hoy las redes sociales fue asumida por
varias emisoras de radio en manos de movimientos contraculturales. La represión
de la policía provocó algunas muertes de estudiantes e inmediatamente las
emisoras movilizaban muchos miles de jóvenes. La tensión entre un movimiento
incontrolable y un poder acorralado se incrementaba; el Gobierno debió declarar
el estado de sitio y penalizar la protesta (en el caso colombiano, el Gobierno
está maniatado por el Acuerdo de Paz, tal como lo señaló el general Mora)
Por aquellos mismos días Guattari hizo el primero de siete
viajes a Brasil para enseñar a Lula Da Silva la estrategia revolucionaria que
lo llevaría al poder. En 1991 viajó a Chile, donde su revolución es una
realidad hoy. Se trata de paralizar la economía y los medios de transporte para
crear el caos. Las reivindicaciones sociales y los diálogos son la coartada. En
nuestro caso, parece que el Gobierno ignora que es víctima de un engaño.
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