viernes, 27 de diciembre de 2019

LOS HIJOS DE HITLER




Se califica como los hijos de Hitler a la generación de jóvenes posterior a la segunda guerra mundial que se levantó contra la sociedad democrática y giró a la izquierda como alternativa.

Nuestra visión eurocentrista nos ha impedido entender los fenómenos sociales latinoamericanos en buena medida porque nos hemos dedicado a imitar las modas que nos vienen de esas tierras. Nuestro esquema mental religioso, político y social lo hemos copiado de Europa desde 1492 hasta hoy, cuando un español contratado por los guerrilleros de las FARC vino a imponernos una extravagante metodología para hacer la paz y para que el presidente Santos se ganara el premio Nobel.

La situación en la muy culta Europa devastada por la guerra era muy parecida a la nuestra de hoy. Con el desarrollo económico de entonces, el campo se tecnificó, los campesinos migraron a las ciudades y buscaron educación. Alemania empezó a divulgar las atrocidades del Holocausto que hasta entonces se desconocían. Los jóvenes empezaron a ver a sus padres como los cómplices del Hitler. Si a eso agregamos que la extrema derecha fascista y nazi derrotada se vio como la peor desgracia de la humanidad, muchos jóvenes vieron en el otro extremo de espectro político, el marxismo, una esperanza de paz y desarrollo.

Cuando las condiciones económicas mejoran, los servicios públicos benefician a las mayorías y el acceso a la universidad es más fácil, los estudiantes descubren que el mundo puede ser mejor y reaccionan contra el orden establecido motivados por sus maestros de izquierda. Es toda una paradoja.

Loos muchachos parisinos organizaban marchas de protesta para que se les autorizara ingresar las novias a las residencias universitarias, algo que no cuentan los emocionados con mayo del 68.  El psicoanálisis se anexó al marxismo y surgieron muchos teóricos que relacionaban la lucha contra el capitalismo con la libertad sexual y el deseo adolescente de liberarse del padre simbólico. El marxismo, el deseo de llevar la novia a la cama y la crisis de la adolescencia crearon la generación de los hijos de Hitler.

 ¿Nuestra nueva generación es la de los hijos de las FARC? Esta pregunta es valedera porque cuando las coberturas en educación y salud son altas y nuestra economía muestra índices positivos, los estudiantes se rebelan como nunca lo hicieron. Pero sobre todo cuando se acaba de firmar un acuerdo de paz con una guerrilla fracasada y vemos los nuevos desastres del Movimiento Bolivariano y la “nueva” izquierda. Algo análogo y mucho más difícil de entender en Chile, el país mas desarrollado de América latina. Sí, son los hijos de las FARC.

martes, 24 de diciembre de 2019

BUSCANDO A DIOS



Dediqué tres años a investigar el fenómeno religioso sin darme cuenta de que en realidad estaba buscándome a mí mismo, como lo explicó el sacerdote John Dominic Crossan: no hay un Jesús histórico, sino que cada uno elabora la figura de Cristo como un reflejo o ratificación de lo que cada uno es.

La primera sorpresa de mi estudio fue constatar que el pueblo hebreo era politeísta al salir exiliado a Babilonia en el año 587 antes de Cristo y que la Torá o biblia judía se elaboró en el siglo siguiente en la misma Babilonia (en el Irak de hoy) y Persia o Irán.  Eso significa que la creencia en un solo Dios nació como la mitología sacerdotal para darle una esperanza o un sentido de la historia a un pueblo que había sido subyugado siempre por potencias extranjeras. Las promesas de Yahvé en la alianza con su pueblo elegido nunca se cumplieron.

Para confirmar el carácter mitológico de la Biblia se publicó a finales del siglo pasado un estudio elaborado en una universidad de Israel, titulado La biblia desenterrada, que nunca llegó a nuestras librerías, pero pude encontrar en internet. Se trata de un estudio arqueológico con conclusiones como estas: no hubo éxodo de Egipto, tampoco una toma violenta de la tierra prometida; la historia de Moisés y de los reinos de David y Salomón es producto de la imaginación.

Las condiciones propicias para que apareciera el monoteísmo en Israel fueron políticas, facilitadas por Ciro el Grande, rey de Persia, quien permitió el regreso del “pueblo elegido” a Jerusalén. Ese regreso se efectuó por oleadas de migrantes y solo se consolidó hacia el año 450 a. C. cuando se construyeron las murallas de la ciudad, según nos cuentan los libros de Esdras y Nehemías, los más históricos de la Biblia. Los rabinos y escribas que venían de Persia enseñaron el libro sagrado a esa pequeña comunidad de colonos ignorantes y allí nació la creencia en Yahvé bajo la teocracia o poder sacerdotal que representaba los intereses del imperio.

Luego se inicia la época oscura de la historia de Israel. Consolidado el poder del clero, los profetas “callaron”, Yahvé no volvió a “hablar” y “su” pueblo mimado siguió colonizado por los griegos de Alejandro Magno desde el año 330 a. C. y por los romanos de Pompeyo desde el año 63 a. C. La dinastía griega de Ptolomeo en Egipto había mantenido el dominio sobre la cercana Israel y facilitado las influencias culturales mutuas en lo que he llamado la conexión alejandrina porque Alejandría era la sede del faraón.

Durante el imperio romano de Augusto nació un predicador rural judío que fue crucificado en tiempos de Poncio Pilatos y del emperador Tiberio. Otro judío, nacido en Tarso, al sur de la Turquía de hoy, creó una nueva mitología sobre las sublimes enseñanzas de Jesús, y apareció el cristianismo. Feliz Navidad.




martes, 17 de diciembre de 2019

EL MITO DE LA NAVIDAD





En el año 70 de nuestra era, unos cuarenta años después de la muerte de Jesús, la rebelión de los judíos ocasionó la destrucción del Templo de Jerusalén por las legiones romanas comandadas por Tito. Ese evento desencadenó un cambio trascendental en la religión de los judíos pues desapareció también la clase sacerdotal, el poder político pasó al partido de los fariseos y no se volvieron a ofrecer sacrificios de animales a Yahvé; en lugar de tales sacrificios nació el culto a la palabra o a los libros sagrados comentados por los rabinos en la sinagoga.

En los años siguientes comenzaron a escribirse los cuatro evangelios aprobados por la mayoría de las iglesias cristianas: Marcos, en esos años setenta; Lucas y Mateo, hacia los años 85 y 90, y Juan, cerca al año 100. Es imposible comprender los evangelios si ignoramos las circunstancias en que se escribieron, en particular las luchas entre los fariseos y el cristianismo naciente.

La clase sacerdotal se había comprometido con los intereses del imperio dominante desde cuando surgió la religión judía como tal y desde que se redactó la Torá o biblia israelita hacia el siglo V antes de Cristo. Tanto los persas (iraníes) como los griegos y finalmente los romanos habían dado a los sacerdotes de Israel el poder de gobernar en algunos aspectos a su pueblo y recolectar los impuestos para la metrópoli.

Eso convirtió a los sacerdotes en la oligarquía de Israel desde el siglo V a. C. hasta el I de nuestra era. En cambio, los fariseos luchaban contra el poder sacerdotal y se identificaban con los intereses del pueblo impulsando una forma distinta de judaísmo que aceptaba la doctrina de la vida después de la muerte y proponía el mandamiento del amor como el más importante, doctrina atribuida a Hilel, un rabino nacido en Babilonia, y que predicó también Jesús.

Entonces parece contradictorio que Jesús ataque a los fariseos. A los evangelistas les interesaba desacreditar y derrotar a los fariseos, aunque ese no fuese el deseo de Jesús mismo. De esta forma podemos entender que muchas palabras atribuidas a Jesús no fueron expresadas por él y que, según algunas investigaciones de finales del siglo pasado, apenas un 32 por ciento de los mensajes de Jesús son auténticos, en particular, las bellas parábolas relacionadas con el reino de los cielos, el amor y la compasión. En esas investigaciones fue trascendental el descubrimiento en 1945 del evangelio apócrifo de Tomás, en una tumba cerca de Nat Hammadi, Egipto.

Marcos no habló del nacimiento e infancia de Jesús; eso lo hicieron Lucas y Mateo a finales de ese siglo, cuando ya ningún contemporáneo de Jesús existía para dar su testimonio. La fiesta de Navidad que celebramos es un mito con un simbolismo maravilloso que no pierde mérito alguno por el hecho de haber sido una creación de los evangelistas. Feliz Navidad.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

LA LÓGICA DEL NEGOCIO




“Una época que desea que los adultos puedan imponer su sexualidad a los niños con el pretexto de la liberalización del sexo no expresa más que su propio nihilismo”.

Esa sentencia de Michel Onfray no solo es una condena contra la ideología de género, el neomarxismo y los intelectuales franceses que piden la legalización de la pedofilia con ciertas organizaciones de homosexuales, sino también una denuncia de la situación actual a que nos ha llevado las ciencias cognitivas con la negación de la existencia del sujeto o el ser humano como una entidad o fenómeno real. Nihilismo es el mundo de la nada, sin sentido, sin valores y sin dignidades. Para profundizar en esta “edad de la nada”, como la llama Peter Watson, podemos mirar la evolución de nuestro cristianismo y meternos en las tremendas implicaciones del desafío que esta nueva corriente de pensamiento nos plantea.

Vamos al siglo XVI, al año 1517, 25 años después de que Colón saliera con sus carabelas en búsqueda de las Indias. Un monje católico que vivía obsesionado con el pecado y el infierno enfrentó a su iglesia romana por la venta de indulgencias. Hizo un análisis del cristianismo como negocio ya que la Redención significaba que Cristo encarnó para “pagar” la deuda que todos los humanos teníamos con Dios-Padre. Además, por unas pocas monedas la Iglesia garantizaba el ingreso a los cielos del “comprador” o de un familiar que estuviese en el Purgatorio.

Martín Lutero meditó sobre los textos sagrados, en particular sobre la carta de Pablo a los romanos, y concluyó, conforme a sus obsesiones, que no importa cómo nos comportemos ya que siempre nos sentimos culpables y que hasta las buenas acciones tienen un objetivo egoísta o sucio de “comprar” la salvación eterna. Por tanto, como enseña Pablo, solo la fe nos puede salvar y nada importa lo que hagamos para recibir el favor de Dios. Dios no está vendiendo nada. Y si la redención no es un negocio, no necesitamos al clero que “vende” parcelas del cielo.

Fuera de la fe, de la relación con Dios, el hombre no es nada, “una identidad excremental”, como la llama Slovej Zizek, según la visión de Lutero, algo parecido al hombre actual que no es sujeto libre, sino una simple creación mental. Como consecuencia de esa perspectiva protestante, solo nos quedan dos posibilidades: una, la completa naturalización científico-tecnológica del hombre, es decir, un ser deshumanizado, sin dimensión simbólica, como si fuera más que un producto de la evolución animal.

La otra opción sería la búsqueda desenfrenada del placer. “El excremento que somos está privado de toda vocación superior”, como apunta el mismo filósofo. Y así como el virtuoso cristiano cree que sus virtudes le garantizarán la plenitud del amor en el Cielo, el entregado al goce y a la depravación buscará el placer total que es un vacío, la nada.

martes, 10 de diciembre de 2019

LO QUE NUNCA ME ENSEÑARON




Cuando inicié este ciclo de columnas sobre el pensamiento actual, no faltaron las bromas de mis amigos: “Ahora sí se enloqueció del todo…” Esos comentarios me parecen graciosos porque en los 25 años de columnista en mi ciudad los he escuchado varias veces. Lo importante es el camino recorrido en ese mundo de conclusiones científicas y filosóficas que nunca nos enseñaron en el colegio o en la universidad y que conforman una clave para comprender el mundo de hoy.

Resumo el motivo de estos escritos: nos cambiaron el libreto, no somos lo que creíamos y toda nuestra cultura es otra; millones de libros quedaron obsoletos, los términos en que se plantea la religión son distintos, la vida ya no se sostiene en los motivos que le daban sentido, se ha puesto en evidencia nuestra Constitución Nacional y no conocemos el camino que nos espera.

El cuestionamiento de la existencia del sujeto o ser humano como una entidad se inició con el idealismo alemán a finales del siglo XVIII, pero el renovador de esa temática fue un sacerdote del siglo XIX; su nombre era Franz Brentano y sus planteamientos generaron el movimiento fenomenológico que reelaboraron otros dos filósofos del siglo pasado, Husserl y Heidegger, como relaté en la nota sobre los existencialistas. Aunque todos ellos estaban muy orgullosos de su trabajo, en realidad destaparon la caja de Pandora y soltaron todos los males de nuestro tiempo.

En varios escritos he insistido en la dificultad que conlleva entender que no soy una esencia, sustancia, entidad o persona, como creíamos, sino una idea, un algoritmo o un software cerebral que los científicos esperan descifrar en los próximos años; pero más difícil es asimilar esa realidad y actuar en consecuencia. Se necesitan para ello muchas lecturas, mucha reflexión y la suficiente humildad para aceptarlo. Somos los títeres de un libreto escrito por la sociedad en nuestro cerebro desde cuando aprendimos a hablar, entendimos a nuestras madres, fuimos a la escuela y nos metimos en ese mundo virtual, maravilloso y perverso, de las redes sociales.

Los asuntos que hemos revisado son muchos: la ideología de género, el existencialismo, el neomarxismo, la fenomenología, el Acuerdo de paz, el adoctrinamiento en colegios y universidades, la revolución molecular que inspira el paro nacional; la visión de Hegel en La fenomenología del espíritu como relato de la sociedad democrática; la mística, la Reforma protestante, el concepto de “persona” aplicado a Dios y otros más que, sin el enfoque que he presentado, no se entenderían.

La ignorancia no es solo de los colombianos que no van a la universidad; es de todos, incluida nuestra clase dirigente.  El enredo en que está el presidente Duque con el paro y la ignorancia del expresidente Santos sobre ideología de género así lo prueban. Nuestro sistema educativo ha sido un gran fraude y sus resultados están ahora en la calle.

domingo, 8 de diciembre de 2019

¿Y LUEGO QUÉ?




Cuando el siglo XX descubrió que la subjetividad no es una entidad o una presencia, sino simplemente una creación mental impuesta por los otros, como lo son también las identidades o maneras de ser (cristiano, pobre, colombiano, macho, conservador, etc.) la izquierda encontró una veta muy fecunda para criticar nuestra sociedad democrática, tratar de remplazar su propio discurso obsoleto por otro, en el que el proletariado ya no es el “sujeto” revolucionario, y crear espacio para que otros grupos sociales (moléculas) tomen las armas de la inconformidad.

Allí llegaron los románticos estudiantes de la Sorbona de mayo del 68, las feministas con su ideología de género, los intelectuales (ya habían orientado las revoluciones que nunca fueron proletarias), los ecologistas (mamertos reciclados), los migrantes, los enfermos mentales, los criminales, el lumpenproletariado y todo aquel, asalariado o no, que quisiera expresar su inconformidad o colaborar con la lucha que ahora es también la revolución del deseo o de la libertad absoluta. El marxismo siempre tuvo mucho de anarquista y hoy toma el camino de Bakunin con su terrorismo renovado. 

Todos los países democráticos del mundo saben que su Constitución Nacional es, en efecto, una mitología, como la de cualquier religión o movimiento político y, sin embargo, no se inmutan ante los avances de la ciencia y la filosofía que muestran una visión distinta del ser humano a la que está plasmada en sus instituciones. Todos sabemos también que los intentos desesperados de pensadores libertinos como Michel Foucault, Judith Butler o Félix Guattari no hacen más que crear nuevos mitos o juegos de metáforas para respaldar su psicopatología y desprecio por la familia.

Cualquier ciudadano con ánimo desprevenido que se meta en el pensamiento de estos nuevos profetas del caos, va a encontrar muchas falencias, vacíos o aspectos inconscientes que ameritan un psicoanálisis. Imaginemos, por ejemplo, su intento de suprimir la influencia de la familia en el recién nacido porque su lenguaje está envenado con la ideología del poder o del capitalismo perverso.

La familia siempre ha tenido unos rasgos comunes en todos los modos de producción desde el tiempo de los cazadores y recolectores que vagaban por las estepas africanas. Cualquier organización familiar humana no tiene otro medio de despertar la consciencia de sí en el niño que el lenguaje; si no le enseña a hablar y lo abandona en un bosque, será un “animalito”, un niño lobo criado por animales. El esquizoanálisis que inventaron Deleuze y Guattari es un torpe invento teórico que pretende crear un humano sin lenguaje.

Como no es posible escapar a la influencia de los otros, ¿qué tipo de familia silenciosa proponen los neomarxistas de la revolución molecular? Todos ellos olvidan que no hay un “fantasma en la máquina” y que el lenguaje moldea el cerebro sobre una base biológica y genética que aparece en cualquier organización al que llegue el niño o niña. ¿Y luego de la revolución marxista, qué?

lunes, 2 de diciembre de 2019

LA REVOLUCIÓN MOLECULAR




Desde 1955, cerca de la pequeña ciudad de Blois, al sur de París, trabajaba en el sanatorio mental La Borde el joven Félix Guattari (1930 – 1992). Aunque no era psiquiatra ni sicólogo, se dedicaba a la investigación sobre las aplicaciones de la psicoterapia para humanizar el manejo de las enfermedades mentales. Al mismo tiempo, asistía a los seminarios que dictaba en París el médico y filósofo Jacques Lacan, quien había modernizado el psicoanálisis en términos lingüísticos y fue su analista.

El joven siempre simpatizó con el marxismo en la corriente trotskista. La clínica era utilizada como sitio de reunión o pasantías por los estudiantes de izquierda. Después de la revolución de mayo de 1968, Guattari conoce a Gilles Deleuze y con él escribe el libro El Anti-Edipo, una mordaz crítica al psicoanálisis y al estructuralismo; más tarde escriben Mil Mesetas, la segunda parte del anterior, bajo el título Capitalismo y esquizofrenia.

Si el niño ingresa a la familia cuando aprende a hablar, ese mismo lenguaje es el medio de dominación usado por la sociedad capitalista. Los marxistas Deleuze y Guattari inventan un nuevo lenguaje, surgido de la biología (de allí “molecular”) para proponer una rebelión de las “máquinas”, nombre dado al ser humano antes de aprender a hablar y ser controlado por la familia.

La fracasada revolución de lucha de clases requiere una revisión desde la perspectiva del deseo que estudió el psicoanálisis, pero modificado en la perspectiva de las “máquinas deseantes”. Se busca una visión distinta del inconsciente para ponerla al servicio de la revolución. Esto permite que el nuevo sujeto de la revolución no sea solo el proletariado y pueda incluir a otros grupos como los estudiantes (los héroes de mayo del 68), las mujeres, la comunidad LGBTI, los indígenas, los inmigrantes, los desempleados, etc.

La primera aplicación de la revolución molecular se dio en Italia en 1977, donde la participación de Guattari y su banda que fue determinante. La función que cumplen hoy las redes sociales fue asumida por varias emisoras de radio en manos de movimientos contraculturales. La represión de la policía provocó algunas muertes de estudiantes e inmediatamente las emisoras movilizaban muchos miles de jóvenes. La tensión entre un movimiento incontrolable y un poder acorralado se incrementaba; el Gobierno debió declarar el estado de sitio y penalizar la protesta (en el caso colombiano, el Gobierno está maniatado por el Acuerdo de Paz, tal como lo señaló el general Mora)

Por aquellos mismos días Guattari hizo el primero de siete viajes a Brasil para enseñar a Lula Da Silva la estrategia revolucionaria que lo llevaría al poder. En 1991 viajó a Chile, donde su revolución es una realidad hoy. Se trata de paralizar la economía y los medios de transporte para crear el caos. Las reivindicaciones sociales y los diálogos son la coartada. En nuestro caso, parece que el Gobierno ignora que es víctima de un engaño.