Octubre viene
cargado de efemérides. El 31 de este mes conmemoramos los 500 años de una de
las revoluciones más importantes de occidente como fue la Reforma protestante,
a pesar de que algunos intelectuales intenten resaltar los errores de Martín
Lutero para ocultar la verdadera trascendencia de su osadía, tal como lo hace
la revista Arcadia de octubre.
Con la
revolución bolchevique de octubre de 1917, Lenin tomó el poder en Rusia al
final de una guerra civil. Contrariando
todos los pronósticos de Carlos Marx, según los cuales el socialismo marcaba el
fin de la historia después del fracaso del capitalismo, los revolucionarios
rusos intentaron el cambio en una economía campesina o feudal, en un país sin
proletariado o con pocas las fábricas.
Fue algo parecido y tan aberrante como el intento de las FARC, con la
colaboración del presidente Santos, de iniciar la revolución colombiana en el
campo, en territorios de minería ilegal, minifundio, narcotráfico y las
“bacrim”.
Octubre es
también el mes de la Gran Depresión, iniciada el 29 de octubre de 1929, el día
en que las acciones en la Bolsa de Nueva York perdieron el 12 % de su valor y
todos corrieron a vender movidos por el pánico. Esa tragedia económica que
afectó a todo el mundo se convirtió para los comunistas y para los ingenuos
intelectuales, que de economía nada entienden, en la prueba reina del carácter
científico del marxismo. Era el fin del capitalismo y la confirmación de las
profecías de Marx. Hasta un grupo de colombianos despistados, encabezados por
María Cano, fundaron el partido Comunista el año siguiente.
Los rusos
montaron un escenario engañoso para presentar un sainete de desarrollo y
justicia social al que invitaban a todos aquellos intelectuales y artistas que
habían expresado su inconformidad con la cultura burguesa o capitalista.
Eminentes surrealistas como el camarada André Breton o escritores como George
Bernard Shaw cayeron en la trampa y regresaron a occidente a contar las
maravillas que habían visto.
Una comedia
similar montaron los chinos de Mao Zedong en la segunda mitad del siglo XX. Una
comisión oficial del gobierno francés fue engañada y plasmó su “oso” en un
informe que se tituló “Cuando China despierte el mundo temblará”. Hace tres o cuatro lustros el expresidente
Samper expresó sus simpatías por la izquierda en un artículo de prensa en el
que hacía mención de ese texto. Muchos colombianos también fueron engañados y organizaron
el MOIR, el movimiento del senador Robledo.
Cuenta la
leyenda que el conde Potiomkin, favorito de la emperatriz Catalina la Grande,
había querido impresionar a su amada construyendo una serie de poblados
fantasmas hechos solo de fachadas. Ese cuento “parecía describir un rasgo de la
cultura rusa: la combinación de una incompetencia absoluta con el don de mantener
las apariencias”.
Mi libro recomendado es Fractura, de Philipp
Blom, Anagrama, 2016.