sábado, 23 de septiembre de 2017

EL DESEO DE MAMÁ



Si la consciencia de mí mismo o mi condición de sujeto, persona o yo no es el resultado de la evolución natural del cerebro, sino que tiene que ir acompañado de la presencia de los otros, en particular de la madre o de quien cumple su función, miremos ahora cómo se produce este evento.

La madre que ama o desea a su hijo logrará que en él se despierte la consciencia y sea una persona normal. En otros términos, para ser persona o para ser o para darse cuenta de que existe, el bebé lo logra a través del deseo de la madre y esto, en último término, hace la diferencia con los animales.  Para existir como persona necesitamos ser deseados por otra.  Yo deseo ser deseado por otro como condición para existir como ser humano. Esa es la clave de la condición humana.

Ese maravilloso momento de ingreso al mundo de los otros, de poder comunicarnos y ser comprendido por ellos, conocido también como el ingreso al mundo simbólico o del lenguaje, es la experiencia más satisfactoria que vive todo niño con sus padres y marcará su vida amorosa futura, su relación con los otros, con Dios y con la muerte.

Saber que existo significa, también, que puedo no estar, desaparecer o morir. De allí que el niño establece una relación entre existir y ser objeto del deseo de otro. “No puedo vivir sin ti”, dirá más tarde a la persona que ama porque fue el deseo de otro, de la madre, la que no solo le dio un cuerpo sino también la fantasía de ser una persona. Digamos, de paso, que en este fenómeno se puede hallar el origen de la creencia en el alma, una de las ideas más importantes en la historia de la cultura, como si fuera algo distinto a nuestro cuerpo, aunque no es más que algo imaginario.

Ese yo imaginario se acomoda al instinto de conservación inscrito en los genes y rechaza la posibilidad de dejar de ser o de morir.  Por eso inventa otras personas o espíritus que le reconocerán después de la muerte y lo desearán. Para sobrevivir después de la muerte, un Dios personal me estará esperando. He ahí la explicación de la función religiosa del cerebro y de que todas las religiones consideraran inicialmente a sus dioses como personas.  Por eso, Cornelius Castoriadis decía que el peor error del cristianismo es creer que podemos amar a Dios. Y por eso también desde el siglo VI antes de cristo algunos filósofos griegos criticaban la imagen humanoide que las religiones atribuían a los dioses, crítica que se revivió en Europa en la época Romántica y que llevó a muchos al panteísmo (Dios es todo) o al ateísmo.

La tragedia de la soledad es la sensación de no ser deseado por otro. Es la muerte.

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