Una buena forma de medir el nivel cultural o académico de una
persona consiste en determinar la variedad de “modos” en que puede usar su
cerebro, lo que equivale a decir que la ilustración se califica por el número
de códigos en que usted se pueda expresar o la cantidad de disciplinas de las
que puede dar razón.
Muchas de nuestras abuelas manejaban con idoneidad el modo
religioso e interpretaban el mundo y todos los sucesos en función de la Divina
Providencia. No conocían otro modo. Todavía hoy, en redes sociales, aparecen
muchos ciudadanos se expresan en ese código, en el que un simple “amén” permite
ratificar las creencias más absurdas, el fetichismo, expresiones mágicas y no
pocas supersticiones.
Otro modo elemental en que usted puede poner su cerebro
cuando habla es el marxista. Es un
lenguaje tan sencillo que cualquier chofer de bus venezolano y cualquier
indígena boliviano que nunca ha leído un libro se pueden comportar como
expertos. Todo en nuestra sociedad
funciona así: unos señores poderosos, llamados burgueses, tratan por todos los
medios de explotar a unos pobres, llamados proletarios o campesinos, para que
se mueran de hambre con la colaboración del Fondo Monetario Internacional y los
pelucones gringos. La tragedia humana se
acabará cuando los pobres acaben con los ricos o, al menos, les quiten los
medios de producción: es el socialismo. Los comunistas viven en la primera
revolución industrial cuando ya estamos en la cuarta.
Cuando una persona va a la universidad, al menos aprende una
nueva clave o una nueva semántica para expresarse y que corresponde a la
disciplina en que se especializa. Un
abogado, por ejemplo, usa un lenguaje que, aunque extraño para la ciencia, es
el convencional para poner a funcionar el Estado. En otros campos, el código o el modo para
programar el cerebro es el científico. Quienes tienen el lujo de hablar y escribir en
clave científica aprenden que el lenguaje de las abuelas y de los marxistas,
por más simpáticos que parezcan, son formas groseras de distorsionar la
realidad y la sociedad. Existe un
experto en muchos lenguajes, el filósofo.
Este personaje da una conferencia en modo hegeliano, freudiano,
sartreano o en la clave de Wittgenstein y de Habermas.
Gracias a internet, los dialectos o los modos en
que cada uno puede programar su cerebro se mezclan como en una especie de Babel
moderna en la que no se entiende nada, aunque eso ya no importa.
Gracias a Internet y al tío Google, podemos discutir de todo lo divino y humano, mecánica cuántica, agujeros negros, macro economía, ingeniería genética...., sin entender absolutamente nada.
ResponderEliminarGracias a Internet y al tío Google, podemos discutir de todo lo divino y humano, mecánica cuántica, agujeros negros, macro economía, ingeniería genética...., sin entender absolutamente nada.
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