El presidente Santos se refirió a sí mismo, en medio
de risas, como un “culipronto” con el propósito de pedir la comprensión de los
colombianos por haber hecho un anuncio precoz e imprudente con eventuales
efectos dañinos para todos; pero parece que no se trata de un lapsus o “metida
de pata” ocasional, sino que él es así, sobre todo en los últimos meses cuando
se juega su prestigio y el del proceso de paz.
Recordemos, por ejemplo, cuando el Presidente dijo que
280 mil hectáreas, equivalentes a más del doble de la superficie del área
metropolitana de Medellín, que estaban
en poder de la guerrilla, serían entregadas a campesinos pobres. Inmediatamente las redes sociales corrieron a
aplaudir semejante derroche de populismo
e ignoraron una investigación
periodística publicada en verdadabierta.com en la que se mostraba que “la mitad de esas tierras no pueden
utilizarse pues se trata de parques naturales, zonas de reserva campesina y
centro poblados”.
Asimismo, el pasado 23 de septiembre la paz ya había
llegado en las cuentas alegres del Presidente, de los enmermelados, de los
contratistas del Estado, de los mamertos y de las señoras bien que no dejan de
llorar cuando escuchan los noticieros de Caracol después de las
telenovelas. La semana pasada regresó la
paz, y el efecto emotivo de la estrategia del espectáculo se logró en los
abrazos y las lágrimas de quienes daban gracias al cielo, maldecían a Uribe y
hasta pensaban que “Iván Márquez” no era tan feo. Cuando se firme el acuerdo final, el
“culipronto” regresará a prometer otra vez la paz, mientras el ELN, las
milicias de la FARC y las bandas criminales no pararán de reír.
Mas el colmo de las imprudencias de nuestro Presidente
llegó esta semana en Tolemaida cuando les prometió a los militares presos que
podrían quedar libres con la justicia transicional. Hasta la Fiscalía, convertida en una
tenebrosa oficina más de la Presidencia desde los tiempos del peligroso
exmilitante de la Unión Patriótica y de la Springer, “examina la suspensión de
los procesos contra uniformados vinculados a investigaciones como los falsos
positivos”. Se va a comprar impunidad
con impunidad en nombre de la paz, así como los guerrilleros se creen
autorizados a todo tipo de bajezas por actuar en nombre del “pueblo”; como los
yihadistas asesinan niños en nombre de Alá y como las cruzadas cristianas
alababan a Dios masacrando judíos, herejes y musulmanes. Ah… ¡qué dicha … la paz!
Esta vez se les fueron las luces a nuestro obsesivo
Presidente porque desde 1987 la ONG de los jesuitas, el CINEP, al servicio del
socialismo, denunció como un fenómeno tradicional y de vieja data los falsos
positivos de nuestro “glorioso” ejército nacional. Se acaba de destapar otra vez la Caja de
Pandora. Los colombianos dudaremos de
aplaudir emocionados al Presidente cuando se demuestre que en el gobierno de
Uribe hubo menos falsos positivos que en muchos de los gobiernos anteriores. Y “Timochenko” mantendrá su risa cínica…
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