jueves, 30 de junio de 2016

NO PUEDO...




 No puedo pertenecer al mismo partido de quien apoya el régimen de Nicolás Maduro y, mucho menos al de quienes, a pesar de su contundente fracaso, prefieren guardar un silencio cobarde, no toman distancia y no tienen el valor de confesar públicamente que estaban equivocados.

No puedo estar en el mismo bando de quienes defienden uno acuerdos de paz con las guerrillas de las FARC cuyo contenido se desconoce en su totalidad y apenas hemos sido informados de la claudicación absoluta del Gobierno pusilánime y de que no consta contraprestación alguna de los terroristas.

No puedo compartir la ideología de un grupo de muchachos que atemorizaron al pueblo camboyano, humillaron a quienes no pensaban como ellos y masacraron a toda una comunidad,  como tampoco puedo aceptar las doctrinas que provocaron, hace apenas cincuenta años, la revolución cultural de Mao Zedong, proceso demencial que avergüenza a la humanidad, como los campos de concentración soviéticos, nazis y guerrilleros.

No puedo sentarme en misma mesa con quienes desprecian los avances de nuestra débil democracia en función de una doctrina que se inspira en el odio de clases, la sospecha, la conspiración y la paranoia.   En un mundo tan complejo, una ideología absolutamente indefinida, disfrazada de ciencia y buena voluntad, sometida al capricho de cada uno de sus seguidores, no puede ser la solución, especialmente cuando se ufana, con desconcertante candidez, de ignorar la ciencia, la historia y los mejores logros del espíritu humano.

No puedo pertenecer a la camarilla de quienes tienen una justificación  o guardan silencio ante las hambrunas soviéticas y de muchos otros territorios que mataron y siguen matando a millones de seres humanos con unos planes económicos improvisados, sin soporte técnico y con la absurda pretensión de que algún día, después de mil fracasos, se encontrará la interpretación correcta que nos llevará a la utopía.

No puedo aceptar una ideología de adolescentes que tolera como normal o necesario el reclutamiento de niños, la prostitución de las mujeres, el terrorismo como estrategia legítima y la improvisación como regla.  No puedo incluirme entre los resentidos, los acomplejados, los que no han podido llegar a la madurez y hacen de la ignorancia una virtud. 

No puedo compartir el criterio de quienes prefieren defender los privilegios de cien sindicalistas o cien votos mejor que los intereses de una nación o de las mayorías.  No puedo aceptar la defensa de lo público como dogma ni ningún otro dogma

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