miércoles, 29 de junio de 2016

DE FREUD A LAS CONSTELACIONES FAMILIARES



El psicoanálisis postula que en el inconsciente está la clave para entender las pasiones humanas o el deseo o los determinantes del sufrimiento; también, que la mejor forma de explorarlo es utilizando los vacíos del discurso, es decir, aquellos lapsus, olvidos, risas inexplicables y sueños, por lo que su método se conoce como el de la libre asociación.  El analizado o paciente se sienta en un diván a decir todo lo que se le ocurra pero que al analista no le interesa porque esa es la novela familiar, el cuento del yo; el analista está atento a lo que no se dice, a la que se disimula pero que intenta manifestarse en los lapsus o vacíos del relato.  Hay trastornos emocionales que hablando se curan.
Después del Psicoanálisis apareció otra terapia más curiosa todavía.  Se llamó Regresión y buscaba el determinante de la patología, no solo emocional sino también física, en las vidas pasadas o en las encarnaciones anteriores del alma.  Un dolor de garganta crónico, por ejemplo, se curaba si a través de la hipnosis el paciente lograba recordar una encarnación suya en la Edad Media cuando recibió un flechazo en la garganta enfrentando a los normandos o a los indios Quimbaya.  Claro que un escéptico podría preguntar: “si el alma no existe, ¿qué es lo que reencarna?”
Luego aparecieron los charlatanes de la Cienciología con una burda imitación del método freudiano, el rechazo total de la ciencia médica y la aplicación de unas terapias a base de vitaminas, gimnasio y otras cursilerías que no solo curan la farmacodependencia sino que también le garantizan un éxito similar al de Tom Cruise.  El negocio ha sido tan exitoso que en Bogotá ya inauguraron su sede en modernísimo edificio.  ¿Quién no sueña con el éxito fácil?  Finalmente, el último negocio terapéutico se conoce como el de las constelaciones familiares que intenta construir el mapa de todos sus antepasados, con sus problemas y conflictos, para buscar en ellos el flechazo que recibió un tatarabuelo cuando enfrentaba a los normandos o a los Quimbaya. 
Lo mejor del cuento es que los usuarios de todas esas terapias aseguran que funcionan y les ha curado el dolor de garganta, resistente a todos los otorrinos y neurólogos de la ciudad.  Hasta Dios sirve para curar el dolor de garganta o muchas otras “enfermedades” si usted asiste a las reuniones pentecostales.  Sin embargo, a San Pablo no le gustaban esas reuniones en que los fieles entran en trance y empiezan su discurso en lenguas extrañas, fenómeno llamado glosolalia y que también se presentaba entre los paganos.

Los médicos hablan del efecto placebo o las enfermedades sicosomáticas y  los psicoanalistas se refieren a las reacciones histéricas: allí está la explicación de muchos “milagros”.  Para explicar mejor la cuestión, tomo la definición de “sanación” que da el sacerdote John Dominic Crossan: es dar sentido a la enfermedad o al sufrimiento.  El médico cura, muchas otras terapias sanan; pero quedan casos extraordinarios no explicados todavía.

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