El psicoanálisis postula que en el
inconsciente está la clave para entender las pasiones humanas o el deseo o los
determinantes del sufrimiento; también, que la mejor forma de explorarlo es
utilizando los vacíos del discurso, es decir, aquellos lapsus, olvidos, risas
inexplicables y sueños, por lo que su método se conoce como el de la libre
asociación. El analizado o paciente se
sienta en un diván a decir todo lo que se le ocurra pero que al analista no le
interesa porque esa es la novela familiar, el cuento del yo; el analista está
atento a lo que no se dice, a la que se disimula pero que intenta manifestarse
en los lapsus o vacíos del relato. Hay
trastornos emocionales que hablando se curan.
Después del Psicoanálisis apareció
otra terapia más curiosa todavía. Se
llamó Regresión y buscaba el determinante de la patología, no solo emocional
sino también física, en las vidas pasadas o en las encarnaciones anteriores del
alma. Un dolor de garganta crónico, por
ejemplo, se curaba si a través de la hipnosis el paciente lograba recordar una
encarnación suya en la Edad Media cuando recibió un flechazo en la garganta
enfrentando a los normandos o a los indios Quimbaya. Claro que un escéptico podría preguntar: “si
el alma no existe, ¿qué es lo que reencarna?”
Luego aparecieron los charlatanes de
la Cienciología con una burda imitación del método freudiano, el rechazo total
de la ciencia médica y la aplicación de unas terapias a base de vitaminas,
gimnasio y otras cursilerías que no solo curan la farmacodependencia sino que
también le garantizan un éxito similar al de Tom Cruise. El negocio ha sido tan exitoso que en Bogotá
ya inauguraron su sede en modernísimo edificio.
¿Quién no sueña con el éxito fácil?
Finalmente, el último negocio terapéutico se conoce como el de las
constelaciones familiares que intenta construir el mapa de todos sus
antepasados, con sus problemas y conflictos, para buscar en ellos el flechazo
que recibió un tatarabuelo cuando enfrentaba a los normandos o a los Quimbaya.
Lo mejor del cuento es que los
usuarios de todas esas terapias aseguran que funcionan y les ha curado el dolor
de garganta, resistente a todos los otorrinos y neurólogos de la ciudad. Hasta Dios sirve para curar el dolor de
garganta o muchas otras “enfermedades” si usted asiste a las reuniones
pentecostales. Sin embargo, a San Pablo
no le gustaban esas reuniones en que los fieles entran en trance y empiezan su
discurso en lenguas extrañas, fenómeno llamado glosolalia y que también se
presentaba entre los paganos.
Los médicos hablan del efecto placebo
o las enfermedades sicosomáticas y los
psicoanalistas se refieren a las reacciones histéricas: allí está la
explicación de muchos “milagros”. Para
explicar mejor la cuestión, tomo la definición de “sanación” que da el sacerdote
John Dominic Crossan: es dar sentido a la enfermedad o al sufrimiento. El médico cura, muchas otras terapias sanan;
pero quedan casos extraordinarios no explicados todavía.
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