Hice la
carrera de Derecho en la U. Libre de Pereira en la década de 1980. Tuve la
oportunidad de conocer varios textos de Hans Kelsen (1881 – 1973), sin duda el
más influyente jurista del siglo XX. De él aprendí que una conducta es punible porque
así lo manda el Estado a través del Congreso elegido por el pueblo, y no porque
esa conducta vaya contra la moral, aunque con frecuencia lo inmoral coincide
con el delito.
Desde finales
del siglo XVIII nació la cárcel como castigo de muchos delitos y se ha
mantenido hasta hoy a pesar de que no logra los objetivos que busca y de que es
infame. En los países subdesarrollados como el nuestro tenemos varias
desventajas con relación a los del primer mundo con altos índices de cultura y con
al menos veinte siglos de religión que han favorecido el respeto de los
ciudadanos por las leyes y un tratamiento más humano para el delincuente.
En la facultad
de Derecho conocí un proyecto de la izquierda europea conocido como el Código
Penal Alternativo, que buscaba suprimir las cárceles o al menos hacerlas más
respetuosas con el delincuente que demuestre su deseo de resocializarse. La
teoría marxista que justificaba ese proyecto era lucha de clases que no hoy
tiene ningún valor ni siquiera para la misma izquierda, como nos enseñó Ernesto
Laclau; pero nuestro Gobierno se fundamenta en una ideología que he llamado un
“sancocho” indescifrable e incoherente.
Los párrafos
anteriores resumen el contexto en el que se debe analizar el proyecto del
dictador para suprimir algunos delitos del Código Penal. En primer lugar, es
bueno saber que ese proyecto aparentemente humanista ya se ha intentado con
pobres resultados como lo demuestran la reincidencia y los fracasos de la
detención domiciliaria. Segundo, es evidente que por ahora no podemos imitar al
Japón o a los países del norte de Europa con un grado de moralidad, disciplina
y civismo muy superiores al nuestro.
Tercero, muchos
de los planes de Petro obedecen a intereses partidistas, ideológicos o
electoreros, sin ninguna consideración de los avances de nuestras instituciones
democrática y los intentos de otros países subdesarrollados por humanizar el
sistema carcelario. Cuarto, así como la mejor herramienta contra la corrupción
es el desarrollo económico, la lucha contra el delito debe partir de este, pero
el objetivo del dictador es destruir la economía para que los pobres no
progresen y sigan votando por él, y así se incrementará la criminalidad. Quinto,
la mayoría de los delitos quedan en la impunidad.
Si se aprueba
el proyecto de ley del ministerio de Justicia que modifica el Código Penal, los
padres podrán tener relaciones sexuales con sus hijos como también los hermanos
entre ellos sin ninguna consecuencia penal. El tabú del incesto se fundamenta
en una norma no escrita aceptada en todas las culturas. Si no se respeta esa
norma, la organización familiar y la convivencia social no son posibles por
razones obvias.
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