Cuando
propuse a los lectores en enero de 2019 discutir la definición dada por Yuval
Noah Harari en el exitoso libro que había publicado el año anterior, 21
Lecciones para el siglo XXI, según la cual “soy un algoritmo”, nunca me imaginé
las implicaciones del proyecto. Puedo afirmar que allí está la clave del mundo
de hoy, el peligro de las redes sociales, la crisis mundial, la dictadura de
Gustavo Petro, la Nueva Izquierda, el incremento de los suicidios, el éxito del
Marketing Multinivel y la crisis de las religiones.
El texto que
cerró mi investigación fue el libro de la norteamericana Amanda Montell,
“Cultos: el lenguaje del fanatismo”; pero pasé por el psicoanálisis lacaniano,
la Reforma protestante, el Romanticismo; estudios científicos como “El mito del
yo” del Dr. Llinás y los textos de los filósofos de izquierda Slavoj Zizek y
Ernesto Laclau o los de Byung-Chul Han y Michel Onfray, el enfoque de género
marxista y el posestructuralismo.
Harari pone
como ejemplo de algoritmo una receta de cocina. También son algoritmos las
empresas virtuales de internet como Amazon, Apple, Google o Meta, el proyecto
oculto de la ministra Corcho para derogar la Ley 100 de 1993, las ideologías
que nos dan las identidades de cristiano, demócrata, izquierdista, colombiano y
demás. Nuestra dignidad quedó reducida a la condición de una receta de cocina,
y nuestra “realidad” es virtual o conformada solo por símbolos o palabras como el
mundo virtual de internet.
Soy una
compilación de datos que las multinacionales de internet roban para venderlos;
no soy una presencia, ser, entidad o sujeto; no soy una persona que toma
decisiones, sino un simple algoritmo manipulado y negociado online y offline
por otros algoritmos o ideologías. Entender esto es la tragedia de nuestro
tiempo.
No somos
hijos de Dios Persona; la democracia y el capitalismo se fundamentan en un
simple esquema mental, algoritmo o mito que soy; no muero porque no existo;
muere mi cuerpo y se borra mi algoritmo grabado en el cerebro. He aquí el
descubrimiento más importante de la humanidad: la consciencia es solo
pensamiento, lenguaje, datos o algoritmos. Las ideologías religiosas y
políticas que daban sentido a nuestras vidas quedaron obsoletas. No existe el “espíritu”
como una presencia o entidad que los charlatanes del yo confunden con las
energías de la mecánica cuántica o con la “consciencia”.
Entre estos Charlatanes,
que engañan a su auditorio para ganar millones de dólares, sobresalen Joe
Dispenza, los fundadores de Amway, Jay van Andel y Rich DeVos, los creadores de
QAnon y de todas las pirámides o empresas de mercadeo multinivel, Bentinho
Massaro, Tony Robbins y los aspirantes a dictadores como Vladimir Putin y Gustavo
Petro. Sus negocios se fundamentan en la mentira del yo, la “radicalización” de
la democracia, teorías de la conspiración y la Nueva Era y en un nuevo lenguaje;
el odio a la familia, la medicina, el capitalismo y a los medios. La izquierda
es un culto fraudulento como cualquier pirámide.
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