martes, 28 de febrero de 2023

Cuba

 

La isla de Cuba tiene once millones de habitantes, el mismo número de 1959 cuando triunfó la revolución comunista. Saque usted las conclusiones.

 

Visité a Cuba en 1993, en medio de una crisis debida a la pérdida de la ayuda económica de la URSS, pues la mayoría de los gobiernos comunistas se habían derrumbado. Pocos años después llegaría la ayuda del régimen chavista. La Habana, como hoy, parecía una ciudad bombardeada, y la miseria de sus habitantes era manifiesta. Después de 34 años, la revolución cubana era un fracaso y sigue siéndolo porque, a diferencia de la URSS y China, continúa apegada al modelo marxista y nunca entendió que el socialismo no es mejor que el capitalismo.

 

Los atracos a turistas eran frecuentes; mujeres y niños pedían “un one dólar”, toallas sanitarias, jabón y cepillos de dientes. Los establecimientos comerciales estatales eran muy pocos y no había cafeterías, farmacias, restaurantes o librerías; los hoteles, casi todos en manos extranjeras, vendían algunos textos producidos en Colombia.

 

En esos días, el dictador Fidel Castro autorizó restaurantes caseros llamados “paladares” que no contaban con aceite de cocina y servían un almuerzo insípido y pobre. Las prostitutas, llamadas “jineteras”, tenían que atender muchas veces a sus clientes en su casa mientras la familia esperaba afuera. Era el comienzo de la apertura económica porque hasta entonces se había mantenido el dogma marxista de la abolición de los negocios privados, y el Estado era dueño de los medios de producción y de los servicios públicos.

 

El sistema de salud estatal apenas se sostenía, con tan mala dotación que un médico, el Dr. Valdez, quien vino a trabajar al hospital de la ciudadela Cuba de Pereira, se sorprendió por la excelente dotación de nuestros hospitales comparados con los de la Isla. En una reunión de médicos colombianos y cubanos fui testigo de las pésimas condiciones de los hospitales de La Habana y del fanatismo ideológico de sus profesionales de la medicina.

 

Meseros, cocineros y botones de los hoteles eran profesionales de distintas áreas (muchos de ellos especialistas) que continuamente pedían ayuda a los turistas para salir del país. Esos puestos eran dados exclusivamente a afiliados al Partido Comunista. Cuba siguió preparando médicos para convertirlos en esclavos o mercancías del sistema mediante su préstamo a distintos regímenes de izquierda. La mayor parte de lo que se paga por sus servicios es apropiado por el régimen. Con los médicos, Cuba envía espías, terroristas y agentes secretos.

 

Hace pocos días, en una entrevista para el canal alemán DW, Pía Castro le pidió a Francia Márquez una ampliación de sus declaraciones a favor del sistema de salud cubano como modelo para Colombia. Como en otros casos, respondió agresiva: “yo no dije eso”. No solo trató de mentirosa a la periodista, sino que modificó sus declaraciones originales. La vicepresidenta es tan infantil, sin autocrítica, que solo repite la cartilla ideológica de la izquierda y luego se retracta.

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