La isla de Cuba tiene once millones de habitantes, el mismo número de 1959 cuando triunfó la revolución comunista. Saque usted las conclusiones.
Visité a Cuba en 1993, en medio de una crisis
debida a la pérdida de la ayuda económica de la URSS, pues la mayoría de los gobiernos
comunistas se habían derrumbado. Pocos años después llegaría la ayuda del
régimen chavista. La Habana, como hoy, parecía una ciudad bombardeada, y la
miseria de sus habitantes era manifiesta. Después de 34 años, la revolución
cubana era un fracaso y sigue siéndolo porque, a diferencia de la URSS y China,
continúa apegada al modelo marxista y nunca entendió que el socialismo no es
mejor que el capitalismo.
Los atracos a turistas eran frecuentes; mujeres y
niños pedían “un one dólar”, toallas sanitarias, jabón y cepillos de
dientes. Los establecimientos comerciales estatales eran muy pocos y no había cafeterías,
farmacias, restaurantes o librerías; los hoteles, casi todos en manos
extranjeras, vendían algunos textos producidos en Colombia.
En esos días, el dictador Fidel Castro autorizó
restaurantes caseros llamados “paladares” que no contaban con aceite de cocina
y servían un almuerzo insípido y pobre. Las prostitutas, llamadas “jineteras”, tenían
que atender muchas veces a sus clientes en su casa mientras la familia esperaba
afuera. Era el comienzo de la apertura económica porque hasta entonces se había
mantenido el dogma marxista de la abolición de los negocios privados, y el
Estado era dueño de los medios de producción y de los servicios públicos.
El sistema de salud estatal apenas se sostenía, con
tan mala dotación que un médico, el Dr. Valdez, quien vino a trabajar al
hospital de la ciudadela Cuba de Pereira, se sorprendió por la excelente
dotación de nuestros hospitales comparados con los de la Isla. En una reunión de
médicos colombianos y cubanos fui testigo de las pésimas condiciones de los
hospitales de La Habana y del fanatismo ideológico de sus profesionales de la
medicina.
Meseros, cocineros y botones de los hoteles eran profesionales
de distintas áreas (muchos de ellos especialistas) que continuamente pedían
ayuda a los turistas para salir del país. Esos puestos eran dados exclusivamente
a afiliados al Partido Comunista. Cuba siguió preparando médicos para convertirlos
en esclavos o mercancías del sistema mediante su préstamo a distintos regímenes
de izquierda. La mayor parte de lo que se paga por sus servicios es apropiado por
el régimen. Con los médicos, Cuba envía espías, terroristas y agentes secretos.
Hace pocos días, en una entrevista para el canal
alemán DW, Pía Castro le pidió a Francia Márquez una ampliación de sus
declaraciones a favor del sistema de salud cubano como modelo para Colombia.
Como en otros casos, respondió agresiva: “yo no dije eso”. No solo trató de
mentirosa a la periodista, sino que modificó sus declaraciones originales. La vicepresidenta
es tan infantil, sin autocrítica, que solo repite la cartilla ideológica de la
izquierda y luego se retracta.
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