Es función de las empresas promotoras de salud, EPS, servir de intermediarias en la relación del paciente con las instituciones prestadoras de servicios de salud, IPS (clínicas y hospitales). Corcho mintió cuando dijo que las EPS no van a desaparecer, pero que ahora tendrán funciones de prevención. Es obvio que, si se les quita su función esencial, la intermediación, ya no serán EPS y tampoco viables.
Las EPS no debían ser más de cuatro o seis al
principio de la implementación de la Ley en 1994 porque llegaban a su punto de
equilibrio económico con un millón 200 mil afiliados, pero se crearon más de
35. Deben ser más de seis ahora por el aumento de la población. La ministra
atribuye los problemas a la Ley 100 y no a ese hecho y al daño que le provocó la
no implementación del izquierdista Ernesto Samper Pizano.
También miente Corcho sobre la integración
vertical. La Ley 100 establecía que la EPS y la IPS deben ser entidades
independientes; pero como el ISS, por una decisión politiquera, siguió siendo
EPS con sus IPS y no se permitió que el expresidente Gaviria cerrara las
clínicas del Seguro Social mediante el decreto 2148, otras EPS construyeron sus
clínicas y se dañó la lógica del algoritmo. Uribe Vélez cerró las clínicas del
ISS en 2003.
La solución es volver a la aplicación estricta del
algoritmo, como propuso Simón Gaviria como director de Planeación Nacional,
pero no acabar con el sistema, uno de los nueve mejores del mundo y el sexto en
inclusión, según evaluación de la revista The Economist. La reforma
Petro aumenta la discriminación y afecta más a los pobres, como asegura el
exministro Fernando Ruiz.
El rico resolverá su problema con la medicina
prepagada. Muchas clínicas particulares irán a la quiebra porque Petro odia al
sector privado, y los médicos desempleados volverán a ser taxistas como antes
de la Ley 100. A la integración público-privada se debió el éxito en el control
de la pandemia; con el sistema público de Corcho, la mortalidad sería mucho
mayor en otra.
Está demostrado que nos enferma lo que comemos y la
vida sedentaria. Los delgados ricos se enferman menos que los obesos pobres. La
prevención depende del sistema educativo y del desarrollo económico que genere empleos.
Centrar el sistema de salud en la prevención es otro mito de la izquierda para
legitimar su incompetencia.
El proyecto surge de la obsoleta ideología marxista,
según la cual, todos los servicios públicos deben ser centralizados en el
Estado porque las utilidades son un robo. Ridícula teoría de lo que Michel
Foucault llamó “el humanismo fofo”. La Ley 100 estableció mecanismos para
controlar los abusos de los usuarios, como cuotas moderadoras y copagos, pero
el proyecto los acaba.
Revive el Seguro Social para crear burocracia
oficial y construir obras civiles, el mejor alimento de la corrupción. ¿La
ministra miente por ignorancia o por mala fe? ¿O por aferrarse a su puesto?
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