“La razón por
la cual muestra sociedad está tan cargada de conflictos es por el ambiente de
culto que se ha formado en las redes sociales”
El programa
Efecto Naím presentó a la lingüista Amanda Montell, autora de uno de los libros
más exitosos publicados en 2021, “Culto: el lenguaje del fanatismo”. Trata uno
de los aspectos más interesantes y dañinos de nuestra sociedad y de las redes
sociales, en clara relación con emprendimiento, religión, política, capitalismo
y el negocio del coaching.
La profesora
Montell analiza un rango amplio de cultos o sectas que van desde los grupos
religiosos que pueden llevar al suicidio de sus seguidores, pasando por los
basados en esquemas piramidales o de marketing multinivel, hasta las
comunidades ecológicas, de superación personal o deportivas.
Tres son las
tácticas de reclutamiento de estos peligrosos cultos (no todos): Conversión,
condicionamiento y coerción. La conversión se presenta súbitamente cuando el
aspirante se encuentra en una reunión del grupo y algo extraño le dice que
simplemente debe unirse. El ingenuo queda convencido de que su vida ya no puede
seguir como antes y de que los otros participantes del ritual lo entienden como
nadie más podrá hacerlo.
Otra
estrategia de reclutamiento es el condicionamiento. El asimilado por el grupo
se acostumbra a responder con un libreto de clichés o frases de cajón: “has que
las cosas pasen”, “sé tú mismo”, “descubre lo mejor de ti”, “deja tus miedos”, “tu
familia, curas y maestros te han engañado”, “eres víctima de esta sociedad”.
La coerción:
mediante amenazas llevan a la víctima a dudar de su memoria o de su identidad y
a realizar acciones descabelladas, absurdas o criminales. Hace sentir a sus
víctimas parte de algo trascendental y único que les permitirá superar sus
miedos y dar sentido a sus vidas.
Si un
familiar o amigo ha caído en una secta o culto, estas son recomendaciones de
Montell: no lo acuse de haber sufrido un lavado de cerebro porque todos ellos,
como los fanáticos de las teorías de la conspiración o de las religiones,
piensan que somos los que no pertenecemos al culto quienes hemos sufrido ese
lavado.
Utilice el
método socrático: hágale preguntas de tal forma que no se sienta juzgado. O
exprésale tus comentarios al respecto y luego le dices: “puedes estar molesto
conmigo, pero siempre estaré dispuesto a colaborarte en el momento en que
quieras salir del grupo”. Es muy difícil ayudarlos y pueden necesitar la asesoría
de un experto.
Los líderes
de estos cultos saben que las frustraciones y miedos me llevan a renunciar a
las identidades (cristiano, demócrata, marxista, uribista) y me convencen de
que en su grupo voy a encontrar mi yo ideal o lo mejor de mí mismo, pero “es
una trampa”, dice Zizek. Nos fascina vincularnos a comunidades, partidos o
cultos virtuales en los que creo ser libre de asumir una nueva identidad sexual,
política, espiritual, ecológica, religiosa o empresarial. ¿Es la izquierda un
culto?