martes, 1 de noviembre de 2022

Legalizar la pedofilia

 

La ministra de la Igualdad de España, Irene Montero, causó un gran escándalo al declarar que los niños tienen derecho a disfrutar de las relaciones sexuales “cuando les dé la gana” siempre y cuando expresen su consentimiento.

Irene es esposa del dirigente del Partido Podemos, Pablo Iglesias, amigo personal de Gustavo Petro. Unidas Podemos envió hace cuatro años una comisión a Bogotá para celebrar el eventual triunfo de Petro y este año mandó delegados a participar en la transmisión del poder.

Irene Montero tiene 34 años, es psicóloga y ha sido una de las principales impulsoras del enfoque de género marxista que las FARC incluyeron en nuestra Constitución Nacional por el Acuerdo de paz. Gustavo Petro estableció ese enfoque en las clases de educación sexual en los colegios públicos de Bogotá con la utilización de cartillas españolas.

La izquierda usa el concepto de “derecho” para darle una connotación democrática a perversiones como la pedofilia. Es obvio que un niño de ocho o diez años no tiene la suficiente madurez cerebral para consentir las relaciones sexuales. Por otro lado, el mito de la existencia de un sujeto o una persona en el niño, como si hubiera un fantasmita en su cerebro que toma decisiones, ha sido desvirtuando por la ciencia, pero sigue siendo la base del engaño de la izquierda.

La izquierda vive obsesionada con la legalización de la violación de los menores, el más repugnante de sus objetivos, junto con el aborto sin restricciones y el incesto. En otra columna me referí a la solicitud formal que hicieron en 1977 un grupo de intelectuales marxistas para que la Asamblea Nacional francesa legalizara le pedofilia con el consentimiento del menor.

Para comprender que la izquierda es un monstruo internacional, recordemos el artículo 10 de la rechazada Constitución chilena que consagraba el enfoque de género marxista para legalizar la pedofilia y el incesto: “El Estado reconoce y protege a las familias en su diversas formas, expresiones y modos de vida, sin restringirlas a vínculos exclusivamente filiativos (sic) o consanguíneos”. Un adulto y un niño o una niña podrían formar familia, aunque sean consanguíneos, y eso es incesto.

El fundamento del enfoque de género es una falacia, según la cual, la determinación del género sexual es exclusivamente cultural, es decir, definido por la familia y la sociedad según los genitales del niño. La importancia decisiva de la biología, negada por la izquierda en la determinación del género, la vemos en el niño transgénero quien hacia los cuatro años les cuenta a sus padres que su cuerpo o sus genitales no corresponden a su género.

Claudia López, alcaldesa de Bogotá, acaba de recibir el Premio LGBTI Andalucía. Ella fue la más aguerrida defensora del enfoque de género en el Congreso cuando Gina Parody intentó establecerlo en los manuales de convivencia de los colegios y escuelas con la complicidad de las Naciones Unidas. Y se autodenominan “decentes” y “progresistas” estos bárbaros.

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