La ministra
de la Igualdad de España, Irene Montero, causó un gran escándalo al declarar
que los niños tienen derecho a disfrutar de las relaciones sexuales “cuando les
dé la gana” siempre y cuando expresen su consentimiento.
Irene es
esposa del dirigente del Partido Podemos, Pablo Iglesias, amigo personal de
Gustavo Petro. Unidas Podemos envió hace cuatro años una comisión a Bogotá para
celebrar el eventual triunfo de Petro y este año mandó delegados a participar
en la transmisión del poder.
Irene Montero
tiene 34 años, es psicóloga y ha sido una de las principales impulsoras del
enfoque de género marxista que las FARC incluyeron en nuestra Constitución
Nacional por el Acuerdo de paz. Gustavo Petro estableció ese enfoque en las
clases de educación sexual en los colegios públicos de Bogotá con la
utilización de cartillas españolas.
La izquierda
usa el concepto de “derecho” para darle una connotación democrática a perversiones
como la pedofilia. Es obvio que un niño de ocho o diez años no tiene la
suficiente madurez cerebral para consentir las relaciones sexuales. Por otro
lado, el mito de la existencia de un sujeto o una persona en el niño, como si
hubiera un fantasmita en su cerebro que toma decisiones, ha sido desvirtuando
por la ciencia, pero sigue siendo la base del engaño de la izquierda.
La izquierda
vive obsesionada con la legalización de la violación de los menores, el más
repugnante de sus objetivos, junto con el aborto sin restricciones y el
incesto. En otra columna me referí a la solicitud formal que hicieron en 1977
un grupo de intelectuales marxistas para que la Asamblea Nacional francesa
legalizara le pedofilia con el consentimiento del menor.
Para
comprender que la izquierda es un monstruo internacional, recordemos el
artículo 10 de la rechazada Constitución chilena que consagraba el enfoque de
género marxista para legalizar la pedofilia y el incesto: “El Estado reconoce y
protege a las familias en su diversas formas, expresiones y modos de vida, sin
restringirlas a vínculos exclusivamente filiativos (sic) o consanguíneos”. Un
adulto y un niño o una niña podrían formar familia, aunque sean consanguíneos,
y eso es incesto.
El fundamento
del enfoque de género es una falacia, según la cual, la determinación del
género sexual es exclusivamente cultural, es decir, definido por la familia y
la sociedad según los genitales del niño. La importancia decisiva de la
biología, negada por la izquierda en la determinación del género, la vemos en
el niño transgénero quien hacia los cuatro años les cuenta a sus padres que su
cuerpo o sus genitales no corresponden a su género.
Claudia López,
alcaldesa de Bogotá, acaba de recibir el Premio LGBTI Andalucía. Ella fue la
más aguerrida defensora del enfoque de género en el Congreso cuando Gina Parody
intentó establecerlo en los manuales de convivencia de los colegios y escuelas
con la complicidad de las Naciones Unidas. Y se autodenominan “decentes” y
“progresistas” estos bárbaros.
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