Son tantas
las falacias y errores incluidos en el proyecto de ley 229 de 2021, aprobado en
primer debate en la comisión sexta de la Cámara de Representantes, “por medio
del cual se promueve y fortalece la educación integral de la sexualidad”, que
estoy seguro de que quienes aprobaron ese adefesio no lo analizaron o no tienen
la preparación académica para hacerlo, a no ser que alguno de ellos sea doctor
en filosofía; tampoco la tienen los opositores.
El enfoque de
género, base del proyecto 229, tiene como último objetivo la destrucción de la
organización familiar, soporte de la sociedad democrática y capitalista o de
cualquiera otra. Además, la izquierda busca legalizar la pedofilia y el incesto,
objetivos planteados por Judith Butler en su texto El género en disputa. El artículo
10 de la rechazada Constitución chilena, que cité en otra columna, daba las
bases para esa legalización.
Como todo lo
que hace la izquierda hipócrita, el proyecto se adorna con palabras
rimbombantes que tienen múltiples interpretaciones como “derechos”,
“humanismo”, “ética”, etc. ¿De cuál ética hablan? ¿La de Guanumen e Isabel
Cristina Zuleta o la de alias Tornillo? Además, el proyecto se adorna con
principios en los que todos estaríamos de acuerdo en una perspectiva
democrática y respetuosa de las tradiciones religiosas culturales de nuestra
nación; pero el diablo está en los detalles.
El proyecto
es antitécnico y tiene varios “micos”. Establece en todo el sistema educativo
el proyecto de Petro alcalde de Bogotá, el mismo que en España legalizó el
partido Podemos de Pablo Iglesias y su esposa Irene Montero. Irene vino a
Colombia hace pocos días a repetir que los niños tienen derecho a relaciones
sexuales consentidas “cuando les dé la gana”.
“Los hijos no
pertenecen a los padres”, pregonaba ella misma cuando el enfoque de género se
estableció en España para legitimar la intervención del Estado en la educación
sexual. EL proyecto también revive el intento de Gina Parody, exministra de
Educación del gobierno Santos, de modificar los manuales de convivencia de los
colegios.
Repito las
falacias del enfoque de género mamerto: el carácter exclusivamente cultural o
social de las identidades de género, sin ningún condicionante biológico; el
mito del sujeto o del fantasma en la máquina cerebral del niño que puede elegir
el género y consentir las relaciones sexuales.
No es
necesario ser un experto para entender que los niños adquieren de forma
inconsciente su rol de género en la identificación con sus padres y que la
intromisión del Estado y los maestros en ese proceso generará muchos conflictos
emocionales, perversiones y suicidios.
Los padres no
dicen a los hijos que deben ser heterosexuales. Estos actúan como tales por su
identificación inconsciente con los padres. Los niños transgénero por lo
general reclaman a sus padres hacia los cuatro años que sus genitales no
corresponden a su género; los homosexuales expresan su tendencia
progresivamente. La familia debe asumir con amor esas esas diferencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario